se ríe de los adornos
Va cantando y bailando, bailando y cantando por sendas y veredas del mundo; y su voz, alegre, se percibe ya desde muy lejos.
--"Sobre la llanura, // mis negras grullas, // pesquen en las aguas, // después de las lluvias."canta con voz clara y rotunda.
Su belleza, que se ríe de los adornos, parece iluminar los caminos por donde va y... ¡qué hambre de negra danza tiene!
Cuando llega al mercado, además de no dejarse, se ríe de las que, sentadas, esperan, sin moverse, al futuro comprador.
Ella, que sabe que este mundo es un mercado para la carne fresca, no puede pararse y se pone a cantar y a bailar:
--"Sobre la llanura, // mis negras grullas, // pesquen en las aguas, // después de las lluvias." La vibrante voz suena en derredor.
--¡Venga, venga!: ¡qué yo vea redondas, frescas y sabrosas kolas sobre mis hombros! Anima a la generosidad de los mirones.
--¡Y, ese, el barquero: que prepare y traiga su barca! Provoca con sonrisa y mano extendida en dirección al marinero musculoso.
--¡Ah, mi corazón siempre está henchido y dichoso! ¡El gozo invade mi ser! ¡Venid todos y todas, mi capacidad de amor es infinita!
--Y... ¡vosotros!... ¡mezquinos!... ¡los que compráis amor a cambio de dinero!: ya os lo digo...: viviréis privados de paz toda la vida.
Su belleza, que se ríe de los adornos, de los mejunjes, deslumbra los caminos y además... ¡qué hambre de danza tan negra tiene!
--"Sobre las llanuras, // mis negras grullas, // pesquen en las aguas, // después de las lluvias." Todos la miran con asombrada alegría.
Ella prosigue ennegreciendo los caminos con su cante y con su baile. Y su voz se oye ya desde muy lejos en los poblados vecinos.
Pero tanta alegría derrocha, tanta rectitud desprende que da mal que pensar. Y no son muchos los que se le acercan confiados.
Cuando llega a su morada, después de día tan ajetreado, mira su cama vacía y fría. Se tumba en ella y… llora desconsoladamente.
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