miércoles, 20 de febrero de 2008


 El negro danzarín y cantor (II)


Adivinamos un trasfondo cultural más general detrás deese negro bailarín y cantante: es toda la búsqueda de la alegríanorteamericana, sistematizada e institucionalizada. La persecución de lafelicidad, con toda claridad, es mucho más que una garantía política abstracta;en términos de vida, es una querencia colectiva que se ensancha para abrazar,finalmente, todo aquello que persiguen los norteamericanos. Casi  por dondequiera, en las esferas ‘noutilitarias’, ‘desinteresadas’, de nuestra cultura, la imagen del negro brotacon la obstinación de una marioneta que obedece a sus hilos, brincando alegrementelas bardas de las castas.

Nuestras industrias del ocio determinaron siempre alnegro un lugar de prerrogativa, y casi siempre hicieron de él el icono mismo dela felicidad. Desde la época post-colonial hubo un gran componente negroide no soloen nuestras canciones y nuestra música de danza, sino también en nuestro teatropopular, nuestro ‘drama’, nuestros cartoons, el gracejo del vulgo. Y hoy se reflejaen el cine, los best-seller, los salones de baile y esas máquinas tocadiscos.Pero esa negrofilia cultural se extiende mucho más allá de las industriasrecreativas. Si los empresarios de esas industrias se sirven del motivo negro,ello se debe necesariamente a que existe en la masa una fuerte corriente deinterés por él, y ese interés debe también hacerse sentir en otros sectores.

Es lo que pasa. Aun prescindiendo de toda cuestión dejolgorio, los EE.UU. están inundados de cantidad de productos más palpables, alos que se asocia una estampa negroide tradicional. Una mirada a las tiendasnos permitirá traer en la retina un fardo grande de ellas: etiquetas deproductos alimenticios, papeles pintados, servilletas de mesa, medias de nylon,fragancias, pañuelos de cuello, brazaletes, aros, sweaters, shorts, veladores,ceniceros, figurines, afiches y paneles publicitarios de toda suerte de víveresy bebidas. Buena parte de la ornamentación ‘standard’ en que vivimos, la modernacomo la tradicional, está dominado, de hecho, por el asunto negroide. Todoello, naturalmente, no hace más que sumarse a la presencia atractiva del negroen los diversos best-sellers, libros para niños, muñecas, juguetes, máscaras,en tarjetas postales y tarjetas de felicitaciones.

 

(seguirá este pequeño ensayo)


Tags: Negros yanquis, Poder negro, Discriminación racial, Ensayo, Bernard Wolfe

Publicado por Senocri @ 22:39
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