El negro danzarín y cantor (II)
Adivinamos un trasfondo cultural más general detrás de ese negro bailarín y cantante: es toda la búsqueda de la alegría norteamericana, sistematizada e institucionalizada. La persecución de la felicidad, con toda claridad, es mucho más que una garantía política abstracta; en términos de vida, es una querencia colectiva que se ensancha para abrazar, finalmente, todo aquello que persiguen los norteamericanos. Casi por dondequiera, en las esferas ‘no utilitarias’, ‘desinteresadas’, de nuestra cultura, la imagen del negro brota con la obstinación de una marioneta que obedece a sus hilos, brincando alegremente las bardas de las castas.
Nuestras industrias del ocio determinaron siempre al negro un lugar de prerrogativa, y casi siempre hicieron de él el icono mismo de la felicidad. Desde la época post-colonial hubo un gran componente negroide no solo en nuestras canciones y nuestra música de danza, sino también en nuestro teatro popular, nuestro ‘drama’, nuestros cartoons, el gracejo del vulgo. Y hoy se refleja en el cine, los best-seller, los salones de baile y esas máquinas tocadiscos. Pero esa negrofilia cultural se extiende mucho más allá de las industrias recreativas. Si los empresarios de esas industrias se sirven del motivo negro, ello se debe necesariamente a que existe en la masa una fuerte corriente de interés por él, y ese interés debe también hacerse sentir en otros sectores.
Es lo que pasa. Aun prescindiendo de toda cuestión de jolgorio, los EE.UU. están inundados de cantidad de productos más palpables, a los que se asocia una estampa negroide tradicional. Una mirada a las tiendas nos permitirá traer en la retina un fardo grande de ellas: etiquetas de productos alimenticios, papeles pintados, servilletas de mesa, medias de nylon, fragancias, pañuelos de cuello, brazaletes, aros, sweaters, shorts, veladores, ceniceros, figurines, afiches y paneles publicitarios de toda suerte de víveres y bebidas. Buena parte de la ornamentación ‘standard’ en que vivimos, la moderna como la tradicional, está dominado, de hecho, por el asunto negroide. Todo ello, naturalmente, no hace más que sumarse a la presencia atractiva del negro en los diversos best-sellers, libros para niños, muñecas, juguetes, máscaras, en tarjetas postales y tarjetas de felicitaciones.
(seguirá este pequeño ensayo)
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