Una avecilla sin color y sin nombre ha replegado las alas y herido el único ojo del firmamento.
Se posa en un árbol sin tronco todo follaje que ningún viento hace temblar y del que no se toman los frutos, con los ojos abiertos.
¿Qué incuba? Cuando emprenda el vuelo, serán gallos los que saldrán, gallos de todas las aldehuelas que harán vencido y dispersado a los que cantan en los sueños y se alimentan de estrellas.