Lo que por prisas se nos olvidó en el homenaje a José María Sánchez Hernández
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. “López Aranguren”
Fecha: 25 de abril de 2008Hora. 19:30Ávila, 10 de abril de 2008
José Mª Sánchez Hernández: un hombre bueno, compañero sin tacha, camarada donde los haya.
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Cuando
José Luis, ese compañero de CCOO, nos comunicó, por teléfono, la
noticia de tu muerte, se nos puso un nudo en la garganta y no supimos
qué decirte. Ahora, sí, te las vamos a decir; para ser más exactos te
las vamos a leer, porque no somos de los que hablamos en público sin
inmutarnos, sino que necesitamos el apoyo de un papel, de estas
cuartillas; ya nos vas a perdonar si lo leemos entrecortadamente, si la
emoción nos agarrota, si las palabras se nos quiebran, si la lengua se
nos traba, pero tu comprenderás que no somos de piedra. Y más teniendo
aquí presentes a tu esposa Tere y a tu hijo Aitor.
Ahora,
si, como decíamos antes, queremos decirte unas cosas, José Mª Sánchez
Hernández, amigo, compañero, camarada (así nos llamabas, porque lo
éramos por encima de siglas, de partidos, de bandos, de banderías de
izquierdas vividoras de política), maestro de niños y de adultos, José
Mª Sánchez Hernández, sentías, sentíamos, como una bofetada en el
rostro las injusticias de este muladar hediondo que es este mundo
capitalista.
Decimos lo
de las injusticias del mundo porque, aunque habías nacido en Ávila y
habías dado clases a niños en Granada, todo ello dentro de España, era
tu espíritu... como decírtelo... un espíritu del Hombre; del Hombre sin
fronteras, ni razas; y, por lo tanto y como consecuencia, de la
liberación del Hombre; y, por lo tanto y como consecuencia, de la
miseria del Hombre; que quiere decir, sobre todo, de la clase obrera y
de los pueblos más oprimidos del mundo.
Intentaste
paliar el sufrimiento, poner un grano de arena en pos de la felicidad,
a tu manera, de esos pueblos. Te comprometiste con el pueblo saharaui.
Y por eso, en tu casa, disfrutaron, por ejemplo, algunos niños
saharauis, a los que acogías, durante años; eras un hombre solidario;
un hombre hospitalario; a nosotros también nos acogiste; nos diste
hospitalidad; y no solo eso, cuando llegamos, desde Euskadi, a
Castilla, hartos de estar allí, nos ayudaste.

Decimos
hartos no porque estuvièramos hartos del pueblo vasco y su lucha; nunca
se nos ocurriría hablar mal de ese pueblo, ni de sus 'borrokas'
(luchadores), de sus 'abertzales' (patriotas), no; hemos admirado
siempre su lucha, su resistencia; pero aun admirando su dignidad, su
combate, esa no era nuestra lucha, ese no era nuestro anhelo; nosotros
no éramos independentistas, ni 'abertzales', ni 'borrokas' en su
sentido de la palabra, no; éramos luchadores por la República; nunca
nos gustó esta monarquía, heredada del franquismo; hemos visto con
desconfianza que, el jefe del estado, el rey, coronado por el dictador
Franco, sea jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire; porque, es un
decir, si por una casualidad democrática ocurriera, como el 14 de abril
de 1931, que el pueblo se manifestara por una república, ¿qué haría el
jefe de los ejércitos de los ejércitos de tierra, mar y aire, que es
jefe de estado y rey?... ¿se estaría quieto?...
Sabemos que
esto, ahora, es una pregunta de ciencia ficción, pero ciencia en última
instancia; de esto hablamos en numerosas ocasiones, ¿te acuerdas?... y
por eso y por mas cosas éramos republicanos...
Pero nos hemos apartado, un poco, de nuestra llegada a Castilla donde tu nos acogiste...
Antes
de seguir, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández,
tenemos que decir que, cuando hemos declarado nuestra admiración por el
pueblo vasco y sus luchas, sus 'borrokas', sus 'abertzales', no nos
estamos refiriendo a las acciones de Eta, que nunca hemos aprobado, por
aquello que dice la Internacional de que 'ni en dios ni el reyes ni en
tribunos está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el
esfuerzo redentor', nosotros mismos, pero no solo por eso sino porque
sus atentados terroristas no hacen mas que fortalecer a la más negra
reacción derechista, al españolismo más rancio; cuando hablábamos de
esa admiración, nos estábamos refiriendo a sus tesón independentista,
sus empeño en conservar su lengua, sus costumbres, su idiosincrasia...
Decíamos
que, cuando nos acogiste, también nos aconsejaste, nos acompañaste para
que no camináramos como extraños; y cuando nos vimos solos ante la
represión del Director Provincial de Enseñanza, de cuyo nombre no
queremos acordarnos, por haber publicado un artículo de opiníón, solo
por eso, tú, con otros compañeros de CCOO, nos arropasteis; es más
estuviste a nuestro lado cuando los inspectores, de la alta inspección
del estado, se lanzaron como buitres a interrogarnos; y, por último,
cuando la depresión nos hundió, por un tiempo, en un pozo oscuro, nos
llamabas por teléfono, casi diariamente, animándonos a seguir, a no
dejarnos derrotar así como así, del mismo modo que Sancho le aconsejaba
a Don Quijote en el lecho de muerte, a no dejarse morir.
Y
ahora amigo, compañero, camarada... nosotros no hemos podido hacer nada
por ti... ya no vendrás nunca, jamás, a visitarnos como nos habías
prometido, no acudirás ya más a ayudarnos, a aconsejarnos, a
animarnos... porque la Muerte, la Gran Hija de los Dioses, vestida de
negro o de blanco, descorazonadora siempre, con su guadaña llegó y sin
ninguna piedad, te llevó.
¡Qué
pena, madre, qué pena! Porque la primavera venía cortando trozos de
hielo. Dejaba ya asomar tímidamente las flores. ¡Qué pena, madre, qué
pena! Porque el 14 de Abril se acercaba. Y el Primero de Mayo estaba,
con sus rojas banderas, a la vuelta del último recodo, con sus rojas
banderas de dignidad y de combate. ¡Qué pena, madre, qué pena!... que
antes de que todo estos acontecimientos primaverales llegaran a
ocurrir, te derramaste para siempre...
Pero
no te has ido, no, amigo, compañero, camarada, permanecerás en el
recuerdo para derrota de esa Gran Hija de los Dioses, de esa impía
guadañadora, porque este homenaje es un arma contra 'el olvido oxidado
que todo lo entierra'.
Ya
el 14 de Abril gritamos, en tu honor, un ¡Viva la República! Y este 1º
de Mayo, sus rojas banderas de dignidad y de combate, de la lucha
obrera y proletaria, flamearán en tu recuerdo.
Y ahora, amigo,
compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, permítenos que para
cerrar este recordatorio, nos dirijamos a tu compañera, a tu querida
esposa Tere y a tu querido hijo Aitor, para, con palabras de otro
camarada, del poeta Pablo Neruda, en su oda al 'Cactus de la Costa', os
haga desterrar el desconsuelo, la desesperanza, la tristeza, la
amargura, la soledad; decía así como moraleja el poeta:
Oda al cactus de la costa
...
Así es la historia,
y ésta
es la moral
de mí poema:
donde
estés, donde vivas,
en la última
soledad de este mundo,
en el azote
de la furia terrestre,
en el rincón
de las humillaciones,
hermano,
hermana,
espera,
trabaja
firme
con tu pequeño ser y tus raíces.
Un día
para tí,
para todos,
saldrá
desde tu corazón un rayo rojo,
florecerás también una mañana:
no te ha olvidado, hermano,
hermana,
no te ha olvidado,
no,
la primavera:
yo te lo digo,
yo te lo aseguro,
porque el cactus terrible,
el erizado
hijo de las arenas,
conversando
conmigo
me encargó este mensaje
para tu corazón desconsolado.
Y ahora
te lo digo
y me lo digo:
hermano, hermana,
espera,
estoy seguro:
No nos olvidará la primavera.-------
(
*) Nota:Este
texto es una ampliación de las palabras que pronunciamos en el homenaje
a José Mª Sánchez Hernández. Todo esto nos hubiera gustado decir. Y
aunque lo esencial lo leímos, hubo algunas cosillas que se nos quedaron
en la mente y aquí dejamos constancia escrita. Como tampoco leímos de la
oda, todo lo que ponemos ahora, sólo los 7 últimos versos, como hubiera sido nuestro deseo
de haber sabido, con más tiempo, que este homenaje se iba realizar.
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