miércoles, 30 de abril de 2008

04/27/2008

"To Become A Man", un Umbildungs Roman Masái

Tobecomeaman

Noes mucha la información que puede hallarse en estudios de literaturaafricana o en la propia Red sobre Henry R. ole Kulet (Kenya, 1946-), elautor de To Become a Man. La Web de Longhorn Publishers, sección Kenya (www.longhornbooks.co.ke/catalog/index.php), ofrece un listado de sus libros con una breve nota explicativa de cada uno de ellos y, en otro lugar (www.longhornbooks.co.ke/authors.php?authorid=1),algunos datos personales de Kulet. La suma de todo ello constituye lainformación más completa que he podido hallar, hoy por hoy, sobre esteautor maasai, o masái.

Desde que leí los deliciosos estudios de H. J. Jackson sobre el “arte” y género de las marginalia (Romantic Readers: The Evidence of Marginalia y Marginalia: Readers Writing in Books)he aprendido a estimar las anotaciones que lectores previos devolúmenes conseguidos en algún mercadillo (rancio o virtual) de librosde viejo dejaron a su paso por mi ejemplar. Mi copia de To Become a Man(obtenida hace poco a través de Amazon, después de que este títulobajase de los ciento y pico de dólares a los veinte y pocos en elmercadeo de libros usados) contiene una sola inscripción, en la páginadel título, en bolígrafo azul, en una caligrafía casi imposible... quereza: “Masai perspective. Story pits young Masai against morans —Theneventually joins. Weak on women. Good on Masai traditions & values.Writing weak. Recomended to use.”

OlekuletEn cierto modo, esta nota crítica tan breve como certera cubre mucho dela historia que nos cuenta Kulet en su obrita de 1972, la segunda desus novelas según el listado de Longhorn: Leshao contra los morans.El chico incircunciso, y por tanto un niño todavía según la costumbremasái, contra la élite guerrera de la tribu, contra la tradición querepresenta, y también contra su padre, que quiere (y hasta cierto puntologra) apartar al muchacho del colegio y anclarlo en unos hábitosancestrales cada vez más incompatibles con la vida en la Kenya delperiodo colonial.

Los masái creen que Dios, Engai, les hizo dueños de todos los ganadosde la Tierra, así que tomarlos por la fuerza de otras tribus y otrospueblos no es robarlos, sino recuperarlos por el ejercicio de underecho esencial y de universal aplicación. En la sociedad tradicional,por tanto, tal como se desprende de la obra de Kulet, las incursionesviolentas para la “recuperación” del ganado no sólo son, prácticamente,un deber religioso, sino que constituyen además la base de la economíay el contexto en el que el masái circunciso prueba y cultiva suvirilidad. La hombría es aquí, pues, un corolario bélico, para el quela arrogancia y la jactancia (inevitables mecanismos de autopropagandaen una colectividad que valora este tipo de heroísmo) tienen tanto pesocomo la fuerza y el arrojo verdaderos. El resultado es una sociedadpatriarcal poderosamente estratificada en la que el rico lo es por laosadía de sus incursiones y la altanería que le permite prevalecer enel reparto del ganado hurtado, en la que el fuerte oprime al débil pordeporte y en la que la autoridad del hombre sobre la mujer, el padresobre el hijo, el mayor sobre el más joven, el circuncidado sobre elincircunciso... es absoluta. Es también una sociedad solidaria, a sumodo, en la que la hospitalidad es un deber, el clan apoya a cada unode sus miembros y la tribu en su conjunto mitiga, en lo que puede, lamiseria del desafortunado. Es, por último, una sociedad con una vidaextremadamente protocolizada en la que hasta las conversaciones máselementales —y no digamos las oficiales— parecen seguir un patrónprefijado. Sirva como ejemplo el siguiente diálogo entre Kerea oleMerresho, padre de Leshao, y su hermano Meteurr, que llega de otraaldea, al saludarse:

«‘Entawuo’.
‘Entawuo’, his brother answered.
‘Are you all right?’
‘Yes.’
‘Hoo.’
‘Yes, we are all right. It is laughter in our village. Our cattle, goats, sheep and people laugh.’
‘Hoo.’
‘We have had no shortcomings.’
‘Hoo.’
‘It is only cold which caught the children, but they are not bad.’
‘Hoo.’
‘We had rain recently and the pastures are green.’
‘Hoo.’
‘And the cattle have calved.’
‘Hoo.’
‘So people are not hungry.’
‘Hoo.’
‘Yes, that is the news.’
‘Hoo.’
‘And this morning, I got your message.’
‘Hoo.’
‘So I came.’
‘Hoo.’
‘Yes, that is the news.’
‘So, that is the news.’
‘Yes, that is the news,’ Meteurr concluded.»

Y este otro diálogo de Merresho con los miembros del consejo tribal en una intervención asamblearia del primero:

«‘Elders, I will make three points. Say three.’
‘Three!’ the elders said at once.
‘One!’he said, hitting the ground and taking two quick steps ahead. ‘Didn’tthe founder say “Do not accuse someone deceitfully”?’
‘He did!, the roar came from the elders.
‘Isn’t that what ole Sembe did in front of our eyes?’
‘It is.’
‘Say one point I have stressed.’
‘One.’
‘You want the second?’
[...]
‘Shall I say the third and last before I sit down?’ Kerea asked the elders.
‘Go ahead.’»

Leshao no tiene especial problema ni con el protocolo ni con la jerarquía: como muchachoMaasai_jumping incircunciso recibe estoicamente las palizas gratuitas que los grupos de moransimparten a los chicos de la aldea cada vez que tropiezan con ellos enel bosque; pero como guerrero, despliega la misma arrogancia que elresto de los morans y es tan pronto a los golpes como elresto de ellos. Lo que sí perturba a Leshao hasta el punto de poner encuestión su identidad tribal es el hurto de ganado, ungido de espurioheroísmo y presentado como aguerrido espíritu conquistador. Una de lasdebilidades de la novela consiste, a mi modo de ver, en no mostrar dedónde y cómo le viene a Leshao esta predisposición tan “antisistema”.Sí, sabemos que ha estado dos años en un colegio colonial y que laeducación cristiana ha tenido cierto impacto superficial en él, peroeso es todo. En lo que hace al lector, la suya no es una actitudreflexionada, sino una inexplicable obcecación que empobrece laconstitución de este personaje. Más reflexionada, o cuando menos másargumentada, es la posición totalmente “pro-razzias” de su padre oleMerresho, que necesita convencer al hijo del valor de las incursionespara que le traiga ganado y poder emerger así de la miseria a la que loha reducido una rápida secuencia de infortunios. Tampoco ole Nkipida,el padre del mejor amigo de Leshao, Mbulung, es capaz de decir grancosa en contra de las razzias, a las que detesta. Invoca a menudo laidea de “progeso”, pero no se nos muestra cómo ha llegado a esteconcepto ni qué significa exactamente para él. Las discusiones de oleNkipida con ole Merresho y de Mbulung con Leshao (estructuradas de estemodo, quizá, porque en la sociedad masái un hijo incircunciso nopolemiza con su progenitor) muestran a unos padres a los que—ideológicamente hablando— les ha tocado el hijo equivocado, y a unosjóvenes que podrían ser más ellos mismos con el padre opuesto. A ojosde la mayor parte de la tribu, sin embargo, y medidos por el rasero delmachotismo masái, ole Nkipida y Leshao son unos medio-hombres, unoscobardes, y esta aura de mediohombría y pusilanimidad que pesa sobreellos vuelve sospechosos para todo el resto cualesquiera argumentos queaquéllos pudiesen avanzar.

Resulta extraño para nuestra mentalidad —pero debe de ser algo obvio ensu contexto tribal, puesto que para el autor no merece másexplicaciones— que Leshao, que no desea otra cosa que volver al colegioe integrarse en la cultura urbana colonial, aplace su huida de la aldeahasta después del doloroso rito de la circuncisión, por el que seconvertirá en un miembro de pleno derecho del pueblo masái. Paraentonces ya es demasiado tarde, sin embargo. Los morans, que sospechan su deserción, lo secuestran después del rito y se lo llevan a la manyatta —la comunidad moranen el bosque— para convertirlo en uno de ellos. Leshao se amolda a lanueva vida sin mayor resistencia e incluso muestra en ocasiones unvalor inusitado, como cuando mata al león que ha estado rondando laaldea. Por ello cuesta más de entender, desde la perspectiva dellector, su oposición a las razzias, hasta el punto de fugarse de la manyatta cuando se organiza una a la que no puede negarse.

Maasai1Leshao huye entonces a Narok, el pueblo donde fue al colegio, con laidea de obtener trabajo. Pushuka, otro miembro “desnaturalizado” de latribu, que ha logrado establecerse allí y que sin embargo se duele deque ninguna mujer masái quiera casarse con él por haberse circuncidadoen el hospital en lugar de hacerlo según los ritos ancestrales, leayuda en los primeros momentos. Le corta el pelo, le hace bañarse yquitarse el ocre de la piel, le da ropa convencional con la quevestirse y explora la posibilidad de conseguir empleo a su “hermano”tribal pero, careciendo éste de un certificado de estudios, todos susesfuerzos acaban resultando inútiles. Cuanto mayor el fracaso, másgrande la arrogancia de Leshao, y la relación entre ambos masái seagría rápidamente hasta romperse por completo. Narok es un mundo en elque Leshao no tiene lugar: su propia constitución anímica hace de él uncompleto alienígena en el ambiente de un pueblo en desarrollo.Humillado, retorna a la aldea, donde es tratado como un cobarde y undesertor y, cuando intenta curar su imagen participando en unaincursión con el resto de los morans,la tribu atacada tiende una trampa a los incursores en la que perecentodos los guerreros menos Leshao. Éste recobra la consciencia en unhospital, con una pierna amputada y un juicio por delante en el que laautoridad colonial penará su participación en la razzia con catorceaños de cárcel.

Ole Nkipida, que ha perdido a Mbulung en la misma correría,consuela a ole Merresho diciéndole que al menos él sí volverá a tener asu hijo dentro de catorce años. Pero éste, que en ningún momento sesiente responsable de la tragedia del vástago, preferiría que Leshaohubiese muerto con el resto de los morans antes que afrontaresta nueva humillación, que viene a sumarse a la de su propia miseria.El libro concluye en esta nota funesta. La historia no parecedecantarse ni por la tradición masái ni por los valores de la sociedadcolonial emergente, sino que presenta, con un distanciado dramatismo—ciertamente inesperado en un autor implicado en el conflicto—, elchoque de sus incompatibilidades. Suspendida en el aire, perdura lacuestión de qué queda del masái (sobre todo del hombre masái) cuandorenuncia o es despojado de una etnicidad tan intrínsecamente fundada enla guerra y el saqueo. ¿Ha de ser Pushuka, aquel masái“desnaturalizado” de Narok, el último sedimento “socializado” delaltivo moran?

Maasai2_2

 

 

TOMADO DE:

http://belatreides.typepad.com/africa_log/


Tags: Novela AFRICANA, Kenia, Henry R. ole Kulet

Publicado por Senocri @ 14:08
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