Recordamos aquí un poema de Aimé Césaire. Es un pretesto, una herramienta contra el olvido. Rememoramos, así, al poeta de la Negritud y, de paso, a un sindicalista, muerto recientemente también, el maestro abulense José María Sánchez Hernández, sindicalista de Comisiones Obreras, amigo, compañero, camarada...
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A la memoria de un sindicalista negro
Por Aimé Césaire
Que la tempestad no amaine que la roca no vacile
por aquel que fue puntal muy firme
y cuyo clarín de fuego en la sombra y el azar rústico no flaqueó
Oh pueblo avizorado desde el más alto mirador
desafiando con un bastón de ciego
el nombre nativo de la descomunal injusticia
Yo te inscribí una vez
al centro del paisaje sobre un fondo de cañaverales
de pie en medio de la gleba y de nuestros ojos
agrandados y semejante
al rostro de oro negro de un dios
haitiano
Mira en la selva insomne
han brotado pacientes los amigos
tú fruncías los párpados los frunces todavía
tú apenas hablabas apenas hablas ahora
te contentabas con sonreír tal como sonríes todavía
muy dulce
con un sonreír que nace fortalecido de los confusos haces de la
tierra y el mar antecesores
¿de qué salarios acabas de discutir de nuevo
en tu seno negro y tranquilo?
¿acabas aún de reanimar supremas
como un nudo sagrado de culebras en letargo
las iras del laboreo de invierno y el machete de las huelgas?
¿y en qué frescura te atreves a empapar
tu sonrisa de rocío?
¿cómo has protegido en medio del gran desastre
con tu maña
tu gran fuerza secreta
tu recia frente campesina
las tranquilas aguas prisioneras en la apenas risa de tus ojos?
mi duda se estremece
al oír en la selva unas flores
un sueño abriéndose camino
Maestro cimarrón de los resplandores
¿tendremos fuerza para izar esta primavera
nuestros miembros puros
hasta el regazo donde esperan durmiendo los climas
fecundos?
cielos nuestros impacientes
alisios o ábregos
despertad nuestras razas muertas
por un momento encantador de astros
un mal viento sopla desde los bagazos podridos
tu pueblo tiene hambre tiene sed tu pueblo da un traspié
es una carretilla que saca con maña siempre del barro
cargada de reniegos y azotada al paso sordo de la negra noche de los cañaverales
con pasión de machetes
tú el rechazo de la sombría derrota
jefe duro sostén de los bohíos
dios del curtido de pieles árbol de pan de las sendas de
atajo
en helecho imputrescible te he tallado
para venerarlo en la selva
cuando mayo dore como un musmón la gruesa cabeza crespa
de sus mangos más preciosos
el sueño se ha puesto en pie tú caminas tú el fervor de un
nombre
bajo la tenaz ciencia de un país de silencio
todos te ventean ningún perro se atreve a cerrarte el paso
tus muros se han desplomado los senderos están atascados
muchos corazones rojos se suicidan en los cañaverales
tú caminas peregrino tú caminas y sonríes
a los mirlos del último destello que picotean garrapatas al lomo
de los cebúes
Jefe instigador
todo el cielo desde hace mucho tiempo está apagado
el mar se inclina al pie de la caleta y trae de nuevo los
pájaros perdidos
el borneo de un tejado y la luz
la luz que tú otra vez repartes toda entera
a las restingas huérfanas a las hojas que la filtran
a las piedras del volcán aún tibias que renacen convertidas en
gemas
a los ojos de los acharolados camaradas vagamente
sanguinolenta
Tags: Negritud, Literatura caribeña, Poesía, Aimé Césaire, José Mª Sánchez Hernández