Un agujero de negr@s y blanc@s
Por Iswe Letu
(de : http://ever-enen10.blogspot.com/ )
Norman Mailer en sus 'Crónicas presidenciales' comenzó por definirlo así: "El orificio, el magnífico orificio". Aquí se paró el escritor yanqui, como titubeando de haber calificado de 'magnífico' a ese agujero, a ese orificio.
Aunque, bien mirado, los agujeros si son negros, para un negro, al que durante siglos se le machacó con que lo negro era asqueroso, inmundo, le parecerá 'magnífico' al tenerle cariño, un cariño intrínseco, a ese color. Alguno dirá que esa concepción es muy chovinista. Y tiene razón.
Otros agujeros pueden parecernos negativos; por ejemplo: los orificios negros del universo; negativos por aquello que nos dicen de que se engullen todo lo que está en su entorno, desapareciéndolo. Lo ponemos, pero somos conscientes de pisar terreno resbaladizo, dada nuestra ignorancia en estos asuntos celestiales. Pero, quién sabe, quizás son hoyos donde se deposita toda la basura del espacio. Una especie de orinales estelares... empero como no queremos parecer excesivamente escatológicos y dada nuestra desinformación casi superlativa, nos callamos.
Lo que si entendemos es cuando se nos dice 'dejó un agujero negro de 1.000.000 de euros'; sabemos que ese hoyo o agujero u orificio o pozo o cuneta o zanja, de color azabache, que para un chovinista negro, sería 'magnífico' por su mismo color, para el que lo dejó sin blanca es magnífico su contenido: 1.000.000 de euros. Y, en este caso, coinciden el chovinista y el sustractor: a ambos le parece magnífico el orificio negro.
Decíamos que Mailer se había parado en lo de 'magnífico' para, a continuación, justificarlo, entre paréntesis, con las siguientes palabras: "(permítaseme este donaire, en gracia a que no quisiera molestar a los fantasmas del Tiempo (sic), cuyo espíritu encarno en este escrito)" Para continuar insistiendo: "el orificio, repito, moreno". 'Moreno', como tumbas, cunetas, hoyos... adonde han ido a concurrir todos los que en el mundo han sido. Todo lo que la materia viva desprecia por caduco, inservible o viejo para, reciclándolo, volver a florecer.
Tal vez por eso el escritor lo magnificaba escatologizándolo, al ser él, como era, como somos nosotros, herederos de lo que los otros han ido dejando sus deposiciones en el camino como herencia. Con la intención de desacralizar los restos, intentando conocerse a si mismo, describiendo sus profundidades en la forma y el color de las de los demás: "de apariencia de púrpura -prosigue- en algunos casos, marchito verdosamente en otros".
'Verdosamente', escribe. Y es que, el paso del tiempo, va haciendo mella en el sujeto; y en una pirueta engañadora lo verdea, sin engañarlo del todo, con esa 'alegre otoñada', en palabras de Machado (D. Antonio), pero otoñada al fin, aunque parezca verdosamente primaveral.
Y no es un juego de palabras y si no lean, lean lo siguiente: "flor, cizaña, perfume y peste, catedral y cabaña". Efectivamente, como el sueño del esclavo negro (o de cualquier esclavo) lleno de luminosidades, verdeado de libertades engañosas, rotas por la cruda realidad del dolor. Es decir siempre lleno de "placer y carroña".
Ambivalencia del magnífico orificio, de este agujero de mala fama: "músculo, agujero, almorrana y sepulcro".
Que tiene mucha, mucha importancia: "Es el ejecutor final que existe en nuestro interior que valoriza cuanto pasa a través del cuerpo".
Al buen entendedor, con pocas palabras basta.
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