lunes, 19 de enero de 2009
En diciembre de 2008 publicó García Calvo (D. Agustín) el 'Cantar de las dos Torres'.Un librito de poesías compuesto de diecisiete poemas a modo decapítulos, ordenados con numeración romana y sin título. Versificadoscon lo que llaman versos de arte mayor; de una extensión, cada poema,aproximada a los treinta versos.

"Breve epopeya entre risueña y tremebunda" -se dice en la contraportada- aprovechando el hecho, cierto, que todos vimos, del derrumbe de las conocidas 'Torres Gemelas' de la Ciudad Imperial de Nueva York; desmoronamiento ocasionado por el choque, intencionado, de dos aviones contra ambas torres.

En la breve y tremebunda epopeya, El Maestro, ¿Agustín García Calvo?, (lo ponemos en interrogación porque así aparece en la portada) relata, imaginándolo, dónde se urdió el plan del derrumbe ("al pie de las lindes de los Edenes"), los jefes que se reunieron, los que hablaron, ("Rey de Rosas", "Nueve de Moras"...) las razones de su acción ("nuestro petróleo bebían y nos chupaban la sangre") y la Fe que los movía ("¡Bendito el que vuestras bocas por Él ha hecho que hablen"). Oraron, claro, a Dios para que los llevara triunfantes al objetivo.

Igualmente se imagina otra reunión de otros adalides, el lugar ("allende el vasto Océano"), los que se juntaron, aquellos que tomaron la palabra ("Uno de Gansos", "Cinco de Grajos"...) y como señores del orbe deciden realizar algunas acciones guerreras ("Nuestros contigentes dispuestos están por el mapa del Orbe") contra los que potencialmente pudieran enfrentárseles. Rezaron, naturalmente a Dios ("oración cotidiana con que al Señor del Espacio pedían ispiración"-'sic'*-) para que los salvara de cualquier asechanza . Es decir: dos bandos y una Fe.

García Calvo (D. Agustín), El Maestro,escoge, con la maestría de otras veces (abajo pondremos uno de los poemas del libro -1-), el tono, el timbre y laintensidad de la narración. Y como de epopeya se trata, la elección nossuena al oído a música de verso homérico; oigan: "Canta, diosa, la Fe de los hombres hijos de muerte, / Fe quealzaba a los cielos altivas torres a veces / y a veces las arrumbabapor tierra, y di de qué suerte, / siendo una y misma Fe, guerreabancomo si fuesen / una con otra".

En estos primeros cuatro versos, y tres palabras de otro, está el meollo del librito: la guerra contra la Fe de 'hombres hijos de muerte' que 'siendo una y misma la Fe' 'guerreaban como si fuesen una con otra'.

La guerra del Maestro contra esas Fes queson una y misma y que conducen a llenar de sangre y llanto, a regar decadáveres, calles y campos, como estamos viendo ahora mismo en lamartirizada Franja de Gaza.

Una guerra, una lucha, un empeño, que Agustín García Calvo, 'desde lo común',intenta abarcarnos, involucrándonos a nosotros, con su dedicatoria. Ylo logra. Con gusto nos metemos en esa guerra desde abajo. Desde elcomún de 'pobres comedores de manzanas' que decía el poeta chileno. Nosotros. Nosotros que no servimos ni a Alá, ni a Yavé, ni al dios de los cristianos. Nosotros que no obedecemos ni al 'Consejo de Imanes', ni al de Rabinos y tampoco al 'Sumo Conglomerado'. Pero que desde el común servimos y obedecemos, casi ciégamente (escribimos 'casi' porque sino sería muy exagerado) en esta guerra contra el Absurdo de rezar a Dios 'el mismo dos veces' para que les bendiga a ambos ejércitos enfrentados.

Curiosas y monstruosas cosas tiene la Fe que ya pusiera de manifiesto el famoso conde francés en 'Las ruinas de Palmira'. Lo que si tiene de novedoso ¿Agustín García Calvo?es mostrar en pentagrama moderno y de rabiosa actualidad eso que de muyantiguo grita el común de las gentes, del pueblo, y por debajo: ¡con su pan ensangrentado se lo coman!

Algunopodría pensar, y lo hará, que en estos momentos, precisamente en estos,es una postura muy equidistante, fríamente objetiva, excesivamenteneutral, ante la matanza, el desgarramiento de cuerpos, el llanto, laimpotencia, del común de las gentes que huye a una lluvia de bombas yavasallador avance del ejército mataniños de Israel.


Pero esa equidistancia no le impide mostrar las diferencias entre unos y otros en cuanto a fortaleza; y, si unos tienen Fe airada de razones, los otros tienen motivos de Fe ardientes; unos son pocos los mandamases, dado un desarrollo mas bien pequeño; los otros, en la enormidad de sus dominios, que es el Orbe, necesitan tener más jefes para controlarlo. Tantos, que incluso tienen un Nuncio de Tratos Interculturales (Ocho de Loros) y un Jefe de Ocio y Noticias (Cuatro de Buitres) que, unidos al Uno de Gansos, Uno de Ocas, Fusta de Ejércitos, Seis de Cornejas, Once de Cóndores y un Promotor Mayor (Cinco de Grajos), suman ocho  jerifaltes, por cuatro de los del bando de Mahoma. Sobran explicaciones.


No sabemos que opinará El Maestro al respecto, pero por los poemas finales de este 'Cantar de las dos Torres' dedicados al lamento de viudas de los conductores suicidas de los aviones ("¿Adóndete has ido, cruel, dejándome moribunda?", "¿Tan triste era ya la casa,tan dura la tierra te era?", "¿Qué he de llorar, si dentro las lágrimasse me pudren?"), nos atrevemos a decir que de lo que se trata es de mostrar y demostrar con claridad meridiana el resultado de esa Fe: muerte, dolor, odio, soledad, resentimiento...

Demodo que esa equidistancia, objetividad, neutralidad, distanciamiento,no es mas, creemos, que un repudio, una condena implícita, socavando,con mucha eficacia literaria, el origen del tinglado, que es la Fe. O tal vez una declaración de principios que suele formularse ordinariamente con una frase muy común 'Conmigo no contéis para eso'.

Nosotros lo percibimos como un corte de mangas, en el fondo algo así como el poeta donostiarra, Karmelo Iribarren, formulara de una forma más tosca, brutal acaso, pero que también sale muchas veces del común de las gentes; él lo tituló 'Momentos que no tienen precio': 'Llegaral fin / hasta la puerta / de tu casa, / entrar, / echar todas lascerraduras, / y, como quien saborea / el sabor de la venganza, /decirlo: "ahí / os quedáis, / hijosdeputa".

Pues eso: así os quedéis... tiesos de una muerte no querida... hijos de p...



Fdo: José Mª Amigo Zamorano
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(-1-) Poema X

(páginas 25 y 26 del poemario de Agustín García Calvo 'Cantar de las dos Torres')



Altas eran las torres, más altas que las más altas,

dos estructuras gigantes que al par al aire trepaban,

piso a piso y metro por metro elevando la carga

de hierro, aluminio, cristal, que a la tierra más le pesaban

cuanto más iban al cielo acercándose. Cábalas largas

de pesos y resistencias de vigas, bloques y escuadras,

a ochenta calculadoras trabajo dieron sin pausa,

hasta que fueron los planos tomando el temple y la traza

definitiva; y luego, lo que en papel y pantalla

era visión ideal de futura intrépida hazaña

fue con fiel obediencia repruduciéndose en masa

dura y real, cumpliendo lo proyectado a la escala

que la ambición exigía: millón y mitad de jornadas

dio trabajo la empresa a cientos de miles de almas:

vieras allí las grúas alzando bloques y barras,

oyeras la sierra aserrando metal, chirriando la grava

en la hormigonera; allí soladores lijando las lajas

de litopacto; allí forjadores trabando las chapas

con las tirantas de acero al azul de vívida llama;

allí pulidores de vidrio colgando al aire en amarras

de trémulo cable, pintores con su soplete en maraña

de andamios, electricistas llevando el hilo y la trama

de fuerza y de luz a las torres según crecían en talla;

hasta que al límite prefijado tocaron, y en ambas

las banderolas del Sumo Poder (sic) a lo alto ondeaban

en seña de logro y orgullo y sin nadie que sospechara

que tanto trabajo de tantos hubiera de ser para nada.



Autor: ¿Agustín García Calvo?
Del poemario: Cantar de las dos Torres



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Autor: ¿Agustín García Calvo?
Título: Cantar de las dos Torres
Editorial: Lucina
Año: diciembre del 2008

(*) Ortografía particular del autor

Tags: poesía, reseña, literatura castellana, Agustín García Calvo, José Mª Amigo Zamorano

Publicado por Senocri @ 16:24
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
martes, 03 de febrero de 2009 | 4:31
Leí la entrada por primer vez y entendí poco. Después de leer la entrada subsecuente releí y entendí ésta. Muy buena.