Mi?rcoles, 11 de febrero de 2009
(viene del post anterior)


El ídolo se cayó a tierra.

En fin...

Pasado un tiempo llegamos a pensar que el maestro, quizás, nos pudo examinar de latín. Encontramos en casa un libro de texto rotulado 'Viriate Vitae' que tenía su autoría. Si nos examinó, no lo recordamos.

Con esa aureola de raro, extravagante, rebelde... quisimos conocerle. Un día, estando con un amigo de Zamora, (Lorenzo Angoso Arribas se llamaba y suponemos que se seguirá llamando) lo vimos. Bueno, lo vio él. Nosotros no lo conocíamos más que de nombre. Nos acercamos y le habló. Creemos recordar que no nos hizo mucho caso, sin por ello ser descortés.

En un recoveco de nosotros nos quedó esta estampa: serio, patillas pronunciadas que se retorcían para unirse al bigote, tal como habíamos visto en el cine que llevaban los bandoleros de AndalucíaGui?o esos que, decían, robaban a los ricos para dárselo a los pobres; enmarañado cabello negro, despechugado, camisa floreada y, por fuera, llevaba una especie de tabardo o abrigo largo que nos pareció adornado con algunos lamparones. Lo que dio más morbo al encuentro. Lo poco que habló, unas veces lo hizo mirando al suelo y otras a un punto inconcreto, como si estuviera en otra onda su cerebro.

Y lo estaría.

Se alejó caminando recto, con lentitud.

Eso fue todo.


Su estatura se agigantaba cuando, en corrillos, se narraba su lucha por conseguir una plaza de catedrático de latín. Otra leyenda más. Leyenda que tiene también, cómo no, al Opus Dei de trasfondo. Su contrincante -seguimos acordándonos de lo que se hablaba- era un miembro del Opus Dei. Un obstáculo serio porque la influencia política de esta 'santa mafia' era innegable, y lo sigue siendo. Para salvar este pedrusco en el camino -proseguimos con la leyenda- se le ocurrió convocar a los embajadores de los paises llamados democráticos (Inglaterra, Francia, Alemania...) para que estuvieran presentes en el examen. Los que lo contaban añadían que, entre las pruebas que había que superar, una de ellas se llamaba 'El Autobombo' consistente en, como se deduce de la palabra, elogiarse a si mismo, darse pisto, al tiempo que se atacaba al contrincante ninguneándolo hasta extremos inauditos. Al parece D. Agustín García Calvo demostró que, el del Opus, su contrario, había publicado libros en los que páginas y páginas enteras estaban copiadas  de otros autores que, el maestro, señaló con puntos y comas. De manera que dejó claro que no tenía rivales en lo tocante al conocimiento del latín.

¡La verdad se hizo luz!

La clara luz de Agustín García Calvo brilló con tanta intensidad que dejó deslumbrados a todos los miembros del  tribunal y a los representantes plenipotenciarios.

¡Y la luz se hizo cátedra!
 

¡Qué de leyendas en torno al maestro D. Agustín García Calvo!

Todo cáscaras.



(seguiráGui?o

Tags: artículo, José Mª Amigo Zamorano, Agustín García Calvo, memoria

Publicado por Senocri @ 21:51
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