sábado, 07 de marzo de 2009
Leímos, allá por el 1987 'Dos novelas sudanesas' de Tayyeb Saleh. Un librito de la Editorial CantArabia en la serie 'Los Mil y Un Textos'. La compramos en la Librería 'La Imprenta' (Donostia) sita en la Plaza de la Constitución 2. Las hemos vuelto a leer.

'Dos novelas sudanesas', como su nombre indica, contiene dos novelitas: 'La boda de Zayn' (Urs al-Zayn) y 'Bandar Shah' (Bandar Sah) que traduce y presenta Milagros Nuin Monreal.

En el inicio de la presentación escribe: 'En una gran curva que describe el Nilo, a unos cuatrocientos kilómetros de distancia al norte de Jartúm, se halla el pueblo de Wad Hamid, punto central o eje en torno al cual gira casi toda la obra del escritor sudanés Tayyeb Saleh'.

De este escritor, dice la contraportada, lo siguiente: 'Nace en la provincia de Dongola, al norte del Sudán, en 1929. Procede de unas familia de pequeños agricultores. Aunque intentó dedicarse en un principio a la agricultura, luego siguió estudios en las universidades de Jartúm y Londres. Su labor de creación como novelista la ha compaginado con el trabajo en la BBC y, más tarde, en la Radio Televisión de Qatar. Ha sido consejero de la UNESCO'.

Una escueta biografía que nos proporciona un dato muy significativo para nosotros: 'procede de una familia de pequeños agricultores'. Y siendo, nosotros, hijos de campesinos, como lo somos, nos son familiares muchos de los acontecimientos que se cuentan en los relatos. Es la constatación de que, en circunstancia similares, la humanidad se va construyendo un molde parecido. En lo sustancial. La diferencia, porque la hay, radica en la vestimenta, en la pintura con que se recubre el molde: idioma, religión costumbres... Resultando que, como le leímos una vez a un antiguo camarada, somos iguales sin dejar de ser distintos.

Este tipo de literatura, que, en este momento, comentamos, es importantísima; precisamente, ahora, cuando el racismo avanza, porque nos ayuda a comprender a nuestro semejante, ese que llega de allende las tierras atravesando mares en diversos vehículos, arriesgando su vida en busca de trabajo, de pan, paz y libertad. A ese semejante al que le punza el miedo, el hambre y, cuando avista el espejismo del 'Eden Europeo', el desprecio de alguno de nosotros, cuando no el odio; ese semejante que viéndose, como se ve, él, igual, con las mismas necesidades, sabe que, no obstante, el tiempo, ha ido labrando en él unas diferencias que, no siendo fundamentales, las circunstancias históricas de crisis ecónomica las colocan de tal manera, en primer término, que es visto como un enemigo venido de un ignota galaxia.

Chivo expiatorio hacia donde lanzar los dardos el Capital (quien por otra parte lo explota) para que el Oriundo, esa masa municipal, espesa, ignorante y parada, distraiga su atención, su ira, su mala leche, su odio, del objetivo primordial que sería la destrucción del Sistema Capitalista ese que se basa en la 'Explotación del Hombre por el Hombre' y se ceba en ese pobre emigrante de atuendo diferente. Ese Foráneo que se nos aparece por las calles de esta Europa de la 'Civilización Occidental' paseando, a veces con falda y capucha,  comiendo pipas para espantar o distraer el hambre, de tez morena, o de piel negra y, por qué no, algunos pelirrojos, de habla extraña, si, es el mismo que ríe y llora, que ama y odia, trabaja y se divierte en estas 'Dos novelas sudanesas'.

En el primero de estos relatos, 'La boda de Zayn', si nos atenemos al desarollo evolutivo, se ve una versión del mundo rural sudanés sin apenas influencias externas, casi sin fisuras.

Y, cuando decimos 'casi', es porque, en esta primera narración, relata las reacciones que suscita el anuncio de la boda de Said, un personaje singular y pobre, con una joven de familia acomodada, ya se perfilan los distintos grupos o clanes que nos indican cómo no es todo monolítico e impermeable en esta sociedad rural. El autor detalla esos estamentos (o germen de ellos)  cuando describe las posturas de pensamiento (y los individuos que las sustentan) en torno a la figura del Imán: desde los sumisos, o indiferentes, o fieles, hasta los francamente hostiles y rebeldes, enemistados a 'un hombre cuyo oficio es recordar a las gentes la muerte'. En estos se incluyen alumnos de las escuelas, viajeros, aventureros que beben alcohol a escondidas, y se divierten con mujeres de vida turbia.  Pero así mismo son rebeldes al Imán los que han leído u oído acerca del materialismo dialéctico. Y algún poeta.

Son pequeños sectores, eso si, que, de momento, no conmueven los cimientos, sólidos, de esta sociedad agrícola que se mueve a impulsos de la tierra: las crecidas del Nilo, la arada, la siembra y recogida de los frutos; sociedad dirigida por un grupo que está muy unido al Imán; son una especie de caciques 'con los que nos tropezamos en cualquier asunto importante del pueblo'.

Las otras obras que ha publicado Tayyeb Saleh son 'Epoca de emigración al Norte', donde ya se muestran las influencias exteriores; y la tercera y la cuarta, segun declara Milagros Nuin, tituladas respectivamente 'Bandar Shah' y 'Maryud' (1971), vuelven otra vez a centrarse en el mismo lugar.

En su manera de escribir se nota la influencia de los escritores egipcios Yahya Haqqi y el Premio Nobel, Nayib Mahfuz. La traductora declara: 'No en vano se confiesa Tayyeb Saleh ferviente admirador de los cuentos de Yahya Haqqi que tratan de asuntos relacionados con la sociedad rural del Alto Egipto, que tan próximo está, no sólo geográficamente, al norte de Sudan'.

La traductora termina su presentación con las siguientes palabras: 'El estilo de Tayyeb Saleh tiende a ser sencillo, con frases cortas, abundancia de signos de puntuación y sin estructuras complejas, lo que le facilita una aproximación al leguaje hablado. Hay un hecho que aúna la primera y última novelas, las aquí traducidas, y es la frecuente utilización de diálogos y monólogos constituidos por anécdotas que cuenta el interlocutor  a sus oyentes. Este recurso permite al autor una gran movilidad, ya que la acción avanza o retrocede de acuerdo a lo que cuentan los peronajes'.

Nosotros, aquí, queremos resaltar que, también, tiene la novelita algunos párrafos de una belleza poética cierta, indudable, y que, en un post posterior, les copiaremos para que, los pocos lectores que arriben a este lugar, lo puedan juzgar.

Para finalizar decir que de esta obra se sacaron mil ejemplares numerados. Nosotros tenemos el númmero 38. Suponemos que fueron los primeros pasos que daba esta editorial. Lo decimos porque la impresión tiene numerosos fallos: entre paréntesis separados por un espacio de la primera y ultima palabra, comas separadas (también por un espacio o dos) de la última letra de la palabra, líneas con palabras muy separadas, unidas a otras muy apretadas... Esto afea la impresión; incluso puede estropear esa voluntad de darnos a leer obras que, por otra parte, nunca hubiéramos podido leer en editoriales cuyo fin es únicamente el lucro.

Pero, en fin, para ser sinceros, y lo somos, todo esto se lo pasamos. Pero hay que decirlo.

Ah, por cierto, después conocimos a una de sus animadoras, la arabista y profesora Carmen Bravo-Villasante, de la que, en este blog, colocamos un artículo sobre la cuestión morisca.

 


Tags: Novela africana, Tayyeb Saleh, reseña, José Mª Amigo Zamorano, literatura africana

Publicado por Senocri @ 18:51
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
domingo, 15 de marzo de 2009 | 14:47
Extraordinario comentario que me despierta un deseo enorme de leer las novelas. No creo conseguirlas en México.

Similitud en el mundo de los pequeños agricltores en que sólo varía "la pintura con la que se recubre el molde" ¡Gran verdad!
Publicado por mujermentirayel
domingo, 15 de marzo de 2009 | 14:52
Si el africano emigra al norte ¡nosotros los mexicanos también! y nos pasa lo mismo en Estados Unidos: nos convierten en foco del odio que hace nacer en el mundo el capitalismo ¡Otra gran verdad!
En eso y en mucho más coincidimos.