Pasaje de la obra de Aimé Césaire 'Y los perros callaban' citado por Frantz Fanon en su obra 'Los condenados de la tierra':
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El Rebelde (duramente)
Mi apellido: ofendido; mi nombre: humillado; mi estado civil: la rebeldía; mi edad: la edad de piedra.
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La madre
Mi raza: la raza humana. Mi religión: la fraternidad...
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El Rebelde
Mi raza: la raza caída. Mi religión...
pero no serás tú quien la prepare con su desarme...
soy yo con mi rebeldía y mis puños cerrados y mi cabeza hirsuta.
(muy tranquilo)
Me
acuerdo de un día de noviembre; no tenía seis meses [mi hijo] cuando el
amo entró en la casucha fuliginosa como una luna de abril y palpó sus
pequeños miembros musculosos, era un amo muy bueno, paseaba en una
caricia sus dedos gruesos por la carita llena de hoyuelos. Sus ojos
azules reían y su boca le decía cosas azuradas: serás una buena pieza,
dijo mirándome, y decía otras cosas amables, el amo, que había que
empezar temprano, que veinte años no eran demasiados para hacer un
buen cristiano y un buen esclavo, buen subdito y leal, un buen capataz,
con la mirada viva y el brazo firme. Y aquel hombre especulaba sobre la
cuna de mi hijo, una cuna de capataz.
Nos arrastramos con el cuchillo en la mano.
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La madre
¡Ay! tú morirás.
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El Rebelde
Muerto... lo he matado con mi propia mano...
Si, de muerte fecunda y fértil...
era la noche. Nos arrastramos entre las cañas.
Los cuchillos reían bajo las estrellas, pero no nos importaban las estrellas.
Las cañas nos pintaban la cara de arroyos de hojas verdes.
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La Madre
Yo había soñado con un hijo que cerrara los ojos de la madre.
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El Rebelde
Yo he decidido abrir bajo otro sol los ojos de mi hijo.
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La Madre
... Oh hijo mío... de muerte mala y perniciosa.
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El Rebelde
Madre, de muerte vivaz y suntuosa.
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La Madre
por haber amado demasiado...
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El Rebelde
por haber amado demasiado...
*
La Madre
Evítame esto, me asfixian tus ataduras. Sangro por tus heridas.
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El Rebelde
Y a mi el mundo no me da cuartel... No hay en el
mundo un pobre tipo linchado, un pobre hombre torturado, en el que no
sea yo asesinado y humillado.
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La Madre
Dios del cielo, líbralo.
*
El Rebelde
Corazón mío, tú no me librarás de mis recuerdos... Era una noche de noviembre...
Y súbitamente los clamores iluminaron el silencio.
Nos habíamos movido, los escclavos: nosotros, el abono; nosotros, las bestias amarradas al poste de la paciencia.
Corríamos
como arrebatados; sonaron los tiros... Golpeamos. El sudor y la sangre
nos refrescaba. Golpeamos entre los gritos y los gritos se hicieron más
estridentes y un gran clamor se elevó hacia el este, eran los
barracones que ardían y la llama lamía suavemente nuestras mejillas.
Entonces asaltamos la casa del amo.
Tiraban desde las ventanas.
Forzamos las puertas.
La
alcoba del amo estaba abierta de par en par. La alcoba del amo estaba
brillantemente iluminada, el amo estaba allí muy tranquilo... y los
nuestros se detuvieron... era el amo... Yo entré. Eres tú, me dijo, muy
tranquilo... Era yo, sí soy yo, le dije, el buen esclavo, el fiel
esclavo, el esclavo esclavo, y de súbito sus ojos fueron dos alimañas
asustadas en días de lluvia... lo herí, chorreó la sangre: es el único
bautismo que recuerdo. (1)
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(+) El título es nuestro
(1) Aimé Cesaire, 'Les Armes
Miraculeuses' (Las armas milagrosas) y ' Et les chiens se Taissaient'
(Y los perros callaban) La edición que tenemos es traducción de
Lysandro Z. Galtier en una edición argentina cuya editorial no
recordamos ahora. Tal vez Fausto.
Tags: negritud, aime césaire, violencia, poesía, literatura caribeña