sábado, 16 de mayo de 2009

7ª: Obdulia Prieto. 1990

a) Descripción

Obdulia, monseñor, era muy pizpireta y muy revolera, que aun frisando sus cincuenta se le daba una higa el qué dirán, y no se mordía la lengua piropeando cualquier trasero mozalbete que se le cruzara. Mocho en ristre, pañoleta corsaria y ojillos picaruelos, salía a los balcones a orear las alfombras de las casas donde limpiaba y allí se estaba ojo avizor a cuanto machote pinturero se dejara caer por sus dominios, que a más de un gallito le sacó los colores con su verbo procaz y malicioso.

Compañera de fatigas de doña Claudia aunque tan distintas en modales y compostura, hacía horas por las casas de la vecindad para redondear el sueldo de su bendito marido, aunque de suyo prefería limpiar en saunas y gimnasios, a ser posibles estrictamente masculinos, donde ya era conocida como 'La Forense' que hasta un cadáver levantara de puro soez y libidinosa.

Gran lectora de Bárbaras y Corines solía comprar el Hola y el Teleplús en el quiosco de Genciano -primo carnal de aquel Genicio, padre, y tan miope como él-, aunque también se llevaba de tapadillo el Playgay, el Mister Tranca y el Vayapar Magazine, por puro placer estético, según ella, que a socarrona y cínica nadie la aventajaba.

Se jubiló tarde y mal, pensión miserable, y deja ahora correr sus tardes por tascones y baretos de barriada, muy arregostada al carajillo de Chinchón y a la leche morena, y acabando de criar a sus retoños, que el último, por cierto, nunca supo si era hijo o era nieto. Y no le digo más, monseñor.

*

b) Epístola carnal a un párroco

/

Tarragona. Cualquier día de fiesta

de febrero. Querido Padre Anselmo.

Usted ya sabe, Padre, que el puchero

me hierve y se me da, y la cebolleta,

bien majada en su punto de meneo,

me sale de chuparse. Y gordezuela

me queda la morcilla y muy jugosa,

que la tengo un ratito en mi salmuera

y se calma, se arruga y se reposa.

No sé si entiende, Padre, mis figuras,

que me de un no sé qué con estas cosas

de irle contando picardías a un cura.

Pero, en fin, Dios dirá. Cogí mi estola

de peluche, y me fui a la biblioteca

por darme así un aliño de cultura

y escribir de corrido -con perdón-

el poema que tengo en penitencia.

Pero estaba prestado el Kamasutra

-¿se escribe así, mossén? y el Camerón

me daba repelús con tanta letra.

Así que pregunté a la cacatúa

-perdone-, Padre, que rimar la copla

me obliga alguna vez a ser faltosa-

y me sacó un libraco que es que a una

le pone casi sin querer cachonda.

Y es que menudo título: 'Las Putas.

Historia Natural de la Jodienda

Mercenaria'. No sabe usted que vicio

se gastaba el autor, Padre. ¡Qué prendas

le tocan a una en esto del fornicio!

Así que con el libro en la pechera

me volví a hacer la cena a los chiquillos.


(continuaráGuiño


Tags: Anónimo, poemas, anticlericalismo, irreverencia, lujuria

Publicado por Senocri @ 19:52
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
jueves, 21 de mayo de 2009 | 13:34
Excelente, excelente. Ma ha pintado la sonrisa en el rostro por todo el día.