jueves, 04 de junio de 2009
Crisantemos para Natán Yonatán
(reseña)

Título: Apostar al tiempo
Autor: Natán Yonatán
Editorial: Visor
Año: 2008

Nos llega, ahora, por regalo de Antonio Escudero, este precioso poemario.
Natán Yonatán nació en 1923 en Kiev (Ucrania) y murió un viernes 12 de marzo de 2004 en Israel, donde combatió por su independencia en la guerra de 1947-1948 y adonde perdió a un hijo en otra guerra, en la del Yon Kipur.
Libro con una introducción de Nili Yonatán y otra de Amos Oz y un epílogo redactado por Akiva Kononovich (su agente literario) en el que se destaca la voluntad del poeta de ver vertida esta obra al castellano; la cual ha sido hecha -asegura- con la mayor fidelidad posible y señalando, también, que "hubo que renunciar a la rima y a la sintaxis hebrea que es intransferible". Eso, si, afirma que Ariel Schiller (traductor mayoritario) "siempre supo guardar y hasta descubrir su musicalidad interna y el duende interior de su poesía".
El libro está compuesto de cuatro partes: Poemas sobre el agua y la tierra, Lo que el amor cantó, La gracia del canto y Ensayando un epílogo; más la introducción y el epílogo que ya hemos citado.
 
Bien, ya tiene traducida su obra al idioma de Cervantes (y quizás el de Yehuda Haleví) pero solo estas 'habitaciones interiores', pues según Amos Oz son las mejores creaciones líricas del antologado.
La estructura, el esqueleto del libro, sus títulos (puestos tal y como quiso el poeta) nos sugieren la idea de una inmersión del hombre en los elementos primigenios: agua, tierra, fuego, aire; y su interacción con el individuo que se halla en su seno.
El poeta, como tal individuo, deja constancia de esa influencia. Se deja llevar. Y nos transmite sus sentimientos, común denominador de todo poeta -y nos atrevemos a decir que de todo hombre- sincero, auténtico que no quiere destacar por encima de nadie, que no se considera superhombre ni nada por el estilo, sino uno cualquiera que tiene su Jerusalen, que es su ciudad, y su sitio y lo llama amor y aun su tristeza cuyo nombre suena parecido a Jerusalen; así, tan sencillo, tan común, tan humilde que exclama: '¡Hasta nosotros seremos algún día / tan solo un grano de sal y una gota de agua...!'.
"Sus versos no son de barricada ni llaman a la lucha', se nos dice en la introducción; y nosotros lo vemos caminar sosegado y en silencio discerniendo entre verdades y mentiras, alegrías y tristezas; escogiendo lo mejor: 'muchos menos reyes y muchas más estrellas'; aunque no siempre el sendero es tan amable y lo reconoce: 'hay tiempo de sembrar y tiempo de maldecir'; aquí no podemos por menos de pensarlo derrumbado frente al cadáver de su hijo primogénito Lior.
El poeta prosigue su camino existencial. 'Y he aquí -nos dice- que el hombre marchaba cara a la luz / logró escalar y en la cima del monte / de pie aguarda'.
No cabe duda que se atisba, se contempla en las cosas que le rodean: en su dorada acacia, en la luz de la albarrana, en los terrones, en el agua, en el polvo, en el río, en el mar, en la playa... ¿Que aguarda? Quizás en fin de las guerras... En esto que algo le alegra: son esos soldados de la paz de largas melenas que, cogidos de la mano bailando y cantando, con Joan Baez y otros encienden antorchas de esperanza en el mundo abominando de las guerras, la guerra de Vietnam... Regresa a su mente el recuerdo de su hijo: 'Por ti vuelvo y muero cada día... Y nos dice, entonces, una verdad que no por sabida es menos desconsoladora: 'Y la vida, sabedlo, la vida, / tiene días muy cortos. / Y fue el atardecer / y fue el mañana / y después fue el silencio'.
Y como un hombre desengañado y cansado se para un rato, sentado en un poyo del camino, a conversar con otro derrotado, con Alonso Quijano El Bueno, y le habla: 'Aquí quedo yo desentramando mentiras / e hilando con telarañas grises un tejido nuevo', en un poema con clara influencia de nuestro querido León Felipe.
En la parte final, 'La gracia del canto', los poemas son como peldaños que conducen al silencio irremediable. Aquí brilla, poderosa, la poesía de Natán Yonatán. Canto del cisne. Último lamento. Sin amarguras. Las alas extendidas. En sinfonía arcoirisada para que quede perenne en la retina del tiempo y el aire -ese elemento sin el cual estaríamos más solos- lo transmita por el mundo. Y todos los altavoces de la tierra se llenen con sus cánticos.
'Como un pájaro' se rotula el primer poema de esta parte. 'El hombre es como un pájaro / mientras con él su alma cante'. Una declaración de principios. Por eso 'le duele ver a los poetas / callando en el postrer de sus silencios'. 'Apostarle al tiempo' es el tercer poema, magnífico, de donde se ha tomado el título para esta antología.... Hasta dieciocho poemas. Unos dedicados a su hijo (eternamente presente), o a escritores admirados (Cervantes, Borges, Juan Rulfo) a poetas judíos como Uri Zvi Grinberg, Jaim Guri, Rubén Yaron, a la muerte del poeta  palestino Fawzy Abdala al que llama su amigo.
Y 'A Fawzy Abdala' se titula el anteúltimo peldaño del libro en lo que el poeta tituló 'Ensayando un epílogo'. 'Viendo la serenidad de tu rostro no se diría / que ya perteneces a la muerte', 'yo perdí un amigo', 'ahora Fawzy murió y los poetas perdimos un amigo'. Se queda perplejo. Constata que el aire huele a pólvora. Lo que queda es terrible. Y lo dice por el poeta palestino Mahmud Darwish, 'niño prodigio -terrible prodigio- de la poesía árabe'. Grita que nos vayamos. Como si fuéramos pordioseros. Y le advierte. Casi le amenaza. Es la primera vez que lo vemos fuera de sí. Iracundo: 'Recuerda Mahmud: el precio no lo pagan los poemas, lo pagan las personas'. Fawzi Abdala ha muerto, repite. 'Y le traje un ramo de crisantemos'

El poeta se ha desnudado. Se ha quitado las máscaras.  'Todo está cerrado, ventanas, libros'. 'La hora en que la poesía se aleja. Se aleja el propio canto de los pájaros. El mismo se nos va. Se fue.

Nosotros también le llevaremos a Natán Yonatán unos crisantemos a su tumba, aunque en derredor huela a fósforo blanco y a carne chamuscada de niños palestinos. Se lo debemos. Se lo merece.
 

Tags: Poesía, Literatura hebrea, Natán Yonatán, José Mª Amigo Zamorano

Publicado por Senocri @ 20:41
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
sábado, 06 de junio de 2009 | 15:39
"La hora en que la poesía se aleja. Se aleja el propio canto de los pájaros." No hay más que decir.

Saludos desde México.