miércoles, 12 de agosto de 2009
Título: Kehinde
Autora: Buchi Emecheta
Edittorial: Ediciones del Bronce

(Ahora ha sido reeditada por la editorial Belecqua)

Pensando en el final de Kehinde nos acordamos de un poema muy muy cortito del poeta vasco Karmelo Iribarren que decía 'Llegar al fin / hasta la puerta / de tu casa, / entrar, / echar todas las cerraduras, / y, como quien saborea / el sabor de la venganza, / decirlo: "ahí / os quedáis, / hijosdeputa". Una respuesta sin duda hacia las hijoputeces del mundo.

Kehinde, la protagonista de esta novela, quien tras casi 20 años de estancia en Londres, tiene que volver a Lagos (Nigeria), de donde es oriunda, pues su marido, también nigeriano, que volvió antes que ella, apenas le dice nada de lo qué hace allí.

Lo que encuentra en su tierra natal es una situación que, siendo normal, a ella le resulta ya difícil de aguantar. Empezando por el olor nauseabundo de las basuras. Y siguiendo, por el hecho, cierto, de que su esposo se ha hecho polígamo. Para mayor burla, tiene un nuevo hijo y va por el segundo con una nueva mujer. Eso, precisamente eso, la enfurece acordándose de que él, y no otro, la empujó a abortar en la capital inglesa cuando quedó preñada del tercer hijo. Y ahora lleva camino de dos... Su pareja se le ha vuelto un desconocido. Para más inri la marginan, la desprecian, tanto que hasta es ninguneada por la sirvienta. Y como las desgracias no vienen solas, se aburre de no hacer nada y para colmo de males no encuentra trabajo en Lagos.

De modo que se ve casi obligada a volver a la ciudad del Támesis. Afortunadamente allí tiene su casa que no vendió. Allí rehace su vida. Allí estudia sociología. Y cuando uno de sus dos hijos viene de Lagos a visitarla la sorprende jodiendo con uno de los inquilinos. Se lo reprocha diciéndole a su madre que debe echar al novio de casa. Por toda respuesta le dice al hijo que, en su morada, está quien ella quiere, que su padre tiene una nueva mujer y él, el hijo, no le ha dicho nunca nada a su padre. 

El vástago, su vástago, le echa en cara que no se acuerde de su padre que está, allí, en Lagos, sin trabajo y lo ha enviado para que se haga cargo de la casa, la ponga a su nombre, estudie y defienda a su madre.

Kehinde
mira a su hijo, le alaba su intención de defenderla, añadiéndole, sin embargo, que sabe defenderse sola y, en cuanto a la casa... qué decir de la casa... su casa... es suya, ella paga la hipoteca y, algún día, quizás, sea de su hijo.

Este se marcha enfadado, mientras ella bebe té con fruicción y sonríe como diciendo para su coleto:

'ahí os quedáis olores nauseabundos, poligamias, desprecios, corrupción, machismo...'


Y es que, con 40 años, en Nigeria sería una vieja; en Inglaterra tiene, aun, mucha la vida por delante.



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Como se ve, en el choque de culturas triunfa la europea en la protagonista de la novela, en él por el contrario la africana.

La novela trata de más cuestiones pero ésta es la principal. Creemos que está un poco escorada hacia lo politicamente correcto: marginación de la mujer en Africa y en Europa engalanada con todo un rosario de derechos.

¡Ojo! No queremos decir que no sea cierto, pero también lo es que Nigeria es muy grande y no digamos Africa.

Y que no se nos entienda que negamos una realidad.

En el caso de la escritora se da esa realidad. Es difícil no ver que la propia Buchi Emecheta estudió sociología, como la protagonista de la novela, que tuvo 5 o 6 hijos a los que cuidar y mantener. Y abandonada o separada del marido. Lo que intentamos expresar -otra cosa es que lo consigamos- es que todo el desarrollo de la trama nos parece demasiado líneal en cuanto a la toma de conciencia de ella, como individuo singular. Parece, como diría un médico de una fácil operación, de libro.

En el relato, eso si, intercala descripciones de creencias arraigadas como las que giran en torno a los gemelos; acerca de los dioses particulares o cri; o la visión, ciertamente enriquecedora para uno que ha vivido en un marco de creencias judea cristianas, de los padres y las madres, que no es necesario que sean dos, sino que, ese rol, puede llevarlo a cabo toda una comunidad, con lo que los engendradores pierde protagonismo.

Pero, ante todo ello, emerge el esquema de mujer occidentalizada.

¿La mujer en Nigeria está tan marginada y sumisa como aparece en la novela?

Habría que ver en qué zonas, porque Nigeria, ya lo hemos dicho, es enorme. Y depende de la religión. Suponemos que aquí, en este caso, la influencia de la religión es determinante, tanto si es cristiana como musulmana.

Veamos, ya casi para terminar, algunos temas tratados: la parte del aborto en el relato, es casi un grito contra el aborto; la liberación de la mujer es, como decirlo, la libertad de una mujer, no una cuestión social; el divorcio no es un derecho de dos, sino la obligada separación impulsada por uno: el marido, el hombre.

De todo lo que trata lo hace muy comedidamente.

Incluso el sexo.

Que, nos atrevemos a decir, nunca, jamás, es comedido. Y si muy bestial. En todas las razas. Yo lo dice el refrán (brutal, por cierto):
'cuando las ganas de joder aprieta, ni a los vivos, ni a las muertos, se respeta'.

En fin, merece que esta obra la lean, sobre todo, mujeres, pues mujer es la escritora y mujer la protagonista. Y tal vez saquen otra visión que la nuestra. Visión de machos.

A pesar de todo, a pesar de alguna parte inverosímil, increible, como la relación con un jeque, nos ha gustado.

Y aun más: nos ha enseñado.

Publicado por Talín en:
http://isweletu.blogspot.com/
jueves 6 de agosto de 2009


Tags: Buchi Emecheta, Iswe Letu, Literatura africana, Negritud, novela, reseña

Publicado por Senocri @ 13:51
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
sábado, 15 de agosto de 2009 | 6:50
Interesantísima entrada. Necesito volver a leerla para captarla mejor y poder comentar algo con más claridad, que ya bulle en mi cabeza. Volveré a escribir aquí.
Publicado por mujermentirayel
viernes, 28 de agosto de 2009 | 1:52
He querido conocer más de la cultura de Africa. Acá, en México muy poco se encuentra sobre el tema. He buscado "El pan desnudo" de Mohamed Chukri y no es conocido ni libro ni autor. Sin embargo participamos América y Africa de un pasado colonial.
Publicado por mujermentirayel
viernes, 28 de agosto de 2009 | 1:59
Pasado que nos debería acercar. Pero sobre todo participamos de un presente que nos pretende sojuzgar al capitalismo salvaje y a culturas ajenas. Nuestra cultura no es perfecta, pero peor mos irá con la impuesta que nos hará ajenos a nosotros mismos.