jueves, 17 de septiembre de 2009

Como un Plinio que está de vuelta, le gusta hablar más allá de lo que puede ocurrir de las tierras visibles, de los monstruos del mar. Le gusta hablar de pueblos raros, de ciudades extrañas; otra vez ha vuelto a rebrotar el mundo de lo fantástico a través de Abu-Hamid el Garnathí, que me lleva a un recuerdo de su antecesor Aben-Habib, que, no contento con esas historias, nos da además un dato curiosísimo, 'cuando Dios crea el mundo le señala su final'. '¿Cuánto durará el mundo?' 'Siete mil años' 'Porque a Dios le gusta el número siete'.

Esto ya tiene también su valor, porque este es un número maravilloso de la Edad Media. Un número que después va a dar mucho juego, y que se encuentra ya tratado antes en la patrística cristiana con abundancia, desde San Agustín en adelante. Este número siete, que a través de los grandes autores de temas simbólicos del siglo XII y del siglo XIII va a tener interpretaciones ingeniosísimas, porque ¿por qué son siete los Siete Infantes de Lara? Por influencia del número siete. Y ¿por que son siete los niños que nacieron en el Caballero del Cisne? Por influencia del mismo número. Y ¿por qué son siete la Siete Partidas? Pues el Rey Sabio se cansa y agota el tema del prólogo, diciendo que es el siete el número elegido, porque siete son los días de la Creación, siete son los sacramentos, siete son los dones del Espíritu Santo, y empieza a ascender a las esferas y empieza a ver números sietes por todas partes. ¿Por qué se escribe el libro titulado Septenario? ¿Por qué aparece este número en dos de las obras de Berceo, desarrolladas con tanta minuciosidad? Una de ellas me parece que es la vida de San Millán de la Cogolla. ¿Por qué aun pasado el tiempo, aparece este número siete en aquel relato de los niños, los Porceles de Murcia, que nacieron también siete de un solo parto? Relato que le lleva a Menéndez y Pelayo, tomándolo de otro autor, a explicar una tradición, en virtud de la cual en la casa de los Porceles de Murcia había un cuadro con una señora y siete niños, y uno con la boca abierta.

El cuadro era muy malo y quería explicarse la gente por qué tenía aquel niño la boca abierta, y entonces salió la tradición: porque aquella señora un día iba a tener hijos, y de pronto, yendo con su marido, dijo:

-Con gusto comería ahora un bollo.

Y el marido, generosísimo, le compró seis. Pero quién iba a esperar que nacieran siete, y el siete se quedó con la boca abierta esperando el bollo.

O este número siete de los Siete Infantes de Lara que motivó un día una pequeña catástrofe teatral, histórica. Porque representándose durante mucho tiempo en la escena española, el siglo pasado, el drama de los Siete Infantes de Lara, en una de sus versiones más pobres, el primer actor que lo representaba, y que era magnífico, cansado ya de ver aquello, no pudo más, y un día en la mesa donde iban a aparecer las cabezas de los Siete Infantes de Lara degollados, y que era una mesa con siete agujeros, por donde siete personas sacaban la cabeza, y se quedaban muertas, espolvoreó previamente polvos de La Habana, sin decir nada, y al poco rato, mientras se lamentaba el padre, veía el público que las caras se iban poniendo encarnadas, y es que ya no podían aguantar más, hasta que acabaron todas estornudando, y así se acabó la representación de esta obra para en adelante.

Y es curioso que Aben-Habib nos hable ya del número siete como número predilecto de Dios...

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(Del libro 'Africa en la literatura española' que recoge las conferencias pronunciadas por D. Luis Morales Oliver y tomadas en cinta magnetofónica referidas a las edades Antigua y Media, páginas 53, 54, 55)

Instituto de Estudios Africanos (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) Madrid, 1957


Tags: Africa, Luis Morales Oliver, literatura, Aben-Habib, Abu-Hamid el Garnathí

Publicado por Senocri @ 18:38
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Publicado por el_trampero
viernes, 18 de septiembre de 2009 | 12:07
Acá estamos muy lejos de África. Más que geográficamente estamos alejados en el interés por ella ¡Látima!Hay mucho que nos une, pero casi nadie lo dice.