En plena noche, junto a la hoguera, una madre le narra un cuento a sus hijos.
-Hubo una vez en que las aves fueron invitadas a un ágape en el cielo. Esto le produjo una gran alegría y comenzaron a prepararse para día tan señalado. Se pintaron las alas con camote rojo y se hicieron unos dibujos hermosísimos en ellas.
La Tortuga contempló todos aquellos planes y muy pronto descubrió cual era la razón de tanto ajetreo. Jamás se le escapaba nada de lo que ocurría en el orbe de los animales; era muy ladina. De modo que al enterarse de la gran fiesta en el firmamento comenzó a picarle la garganta solo de pensar en ella. Y es que era época de hambres y hacía lo menos dos lunas que la Tortuga no llevaba nada a la boca. En su caparazón vacío el cuerpo le claqueteaba como un palo seco. Por lo que dio en pensar de qué manera podía ir al cielo.
La Tortuga no tenía alas y se fue a ver a las aves para pedirles que les dejara ir con ellas.
-Ya te conocemos -dijeron las aves-. Eres muy maliciosa y además muy ingrata. Si te dejamos venir con nosotros pronto comenzarás a hacer maldades.
-No me conocéis -contestó la Tortuga-. He cambiado mucho. Y he llegado a la conclusión de que quien crea problemas a los demás tarde o temprano termina creándoselos a si mismo.
La Tortuga sabía hablar muy bien, era un piquito de oro, y al cabo de poco tiempo las aves quedaron convencidas de que había cambiado bastante, y cada una de ellas le prestó una pluma con las que se hizo dos alas.
Por fin llegó el gran día y la Tortuga fue la primera en llegar al lugar de reunión. Cuando se juntaron todas las aves, se fueron en una gran bandada. La Tortuga estaba muy contenta y hablaba mucho mientras volaba entre las aves. Pronto la eligieron para que fuese la portavoz de la fiesta, porque hablaba de tal modo que daba gusto oirla.
-Hay una cosa muy importante que debemos tener presente -dijo mientras iban volando-: cuando se convida a la gente a un ágape así, toman nombres nuevos para la ocasión. Nuestros invitadores del cielo o firmamento confiarán en que sigamos la tradición.
Ninguno de los pájaros o aves había oído hablar de esa costumbre o tradición, pero sabían que la Tortuga, pese a sus defectos en otros sentidos, había andado por muchos caminos y transitados por numerosas veredas, y conocía las costumbres de diversos pueblos. De manera que cada una de las aves se puso un nombre. Cuando todas lo tuvieron, la Tortuga se puso el suyo: Todas Vosotras. Ese fue su nuevo nombre para ocasión tan señalada.
Llegadas al firmamento las aves los anfitriones se alegraron mucho de verlas. La Tortuga, con su plumaje arcoirisado, se puso en pie y les dio las gracias por el convite. Su discurso fue tan elocuente que todas las aves se alegraron mucho de haberla traído y asintieron con sus picos para mostrar su aprobación a todo lo que decía. De tal modo que sus invitadores creyeron que era una especie de reina de las aves, máxime cuando parecía destacarse de las demás.
Luego de sacar y comer nueces de cola, las gentes del cielo pusieron ante sus convidados los platos más exquisitos que jamás había visto ni soñado la Tortuga. Llevaron una sopa caliente del fuego y en la misma olla en la que se había cocinado. Estaba llena de carne y de pescado. La Tortuga empezó resoplar muy hondo. Tenía ñame molido y además potaje de ñame cocinado con aceite de palma y pescado fresco. Asi mismo cántaros de vino de palma. Cuando todo estuvo dispuesto frente a los comensales invitados, uno de los anfitriones del cielo se adelantó para probar un poco de cada olla. Después animó a las aves a comer. Pero la Tortuga se puso en pie de un brinco y preguntó:
-¿Para quién habéis preparado toda esta comida?
-Para todas vosotras -respondió el anfitrión.
La Tortuga se volvió hacía las aves y les dijo:
-Recordad que ahora me llamo Todas Vosotras. Aquí la tradición es servir primero al orador y más tarde a todos los demás. Os servirán a vosotros cuando yo haya acabado de comer.
Empezó a comer y las aves empezaron a quejarse enfadadas. La gente del cielo pensó que debía de tener la costumbre de darle la comida a su reina. Así que la Tortuga se comió casi toda la comida y se bebió dos ollas de vino de palma, quedó atiborrada de comida y de bebida y su cuerpo se le infló lllenándosele la concha.
Las aves se reunieron a comer lo que quedaba y a picotear los huesos que la Tortuga no había querido. Hubo quien estaba tan enfadada que no quiso comer. Prefirió volver volando en ayunas. Mas antes de marcharse cada una recuperó la pluma que le había pestado a la Tortuga. Esta, que era una tortuga macho, pidió a las aves que le llevaran un recado a su esposa, pero todas se negaron. Al final, el Loro, que había estado más enfurecido que las otras, cambió de repente de opinión y aceptó llevar el recado.
-Dile a mi esposa -le dijo la Tortuga- que saque todos los objetos blandos que hay en la casa y que los ponga por todo el recinto, de manera que pueda llegar de un salto desde el firmamento sin hacerme daño.
Y el Loro prometió llevar el mensaje y se lanzó a volar. Mas cuando llegó a la casa de la Tortuga le dijo a su esposa que pusiera en el recinto de la casa todas las cosas más duras que tuviera dentro de la vivienda. De modo que la mujer sacó las azadas, los machetes, las lanzas, las escopetas y hasta el cañón de su marido. La Tortuga miró desde el cielo y vio que su esposa sacaba enseres, pero estaba demasiado lejos para ver lo que eran. Cuando le pareció que ya había sacado todo dio el salto. Bajó y bajó y bajó hasta que empezó a temer que se iba a pasar la vida bajando. Después cayó en el recinto con un ruido como el de un cañón.
-¿Y se murió? -preguntaron los oyentes.
-No. Se hizo pedazos la concha. Pero en el vecindario había un gran chamán. La esposa de la Tortuga envió a buscarlo y él recogió todos los trozos de concha y los pegó. Por eso tiene tantos pedazos la concha de la Tortuga. Y colorin colorado...
-En este cuento no hay canciones.
-No. Ya pensaré en otro que tenga canciones.
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(*) EL título se lo hemos puesto nosotros
(1) El cuento viene en la novela de Chinua Achebe 'Todo se derrumba'
Tags: Chinua Achebe, cuento, literatura africana, negritud, tradición oral