jueves, 12 de noviembre de 2009

Aparte de la sensación de claustrofobia que le producen los edificios cercanos, del olor repugnante que emanaba de las basuras y otros mil gérmenes descomponiéndose, lo que mas impactaba a Morgan de Nkonsamba era la briosa manifestación de vida orgánica en todas sus formas.

Varias generaciones pululan en torno a chozas de arcilla, cual acompañantes de un gran reportaje acerca de 'Las cuatro etapas de la vida'. De modo que empezaban por abuelas esmirriadas, delgadurrias, de pechos lisos, y terminaban por crios con la panza hinchada orinando en los basureros.

Gallinas, cabras y canes hurgan restos de comida y basuras. Los viandantes, dudando entre el tráfico desordenado y la orilla poco consistente de la cuneta, andaban en todas las direcciones.

De todo este maremagnun chillón y confuso sobresalían los mendigos con lepra, de horrorosas mutilaciones y muñones carcomidos, que se movían a trompicones, se arrastraban o, en el mejor o peor de los casos, avanzaban en carritos de madera. Podían observarse vigilantes de pega en parkins emparejados a vendedoras culonas; chicos jovencísimos mercando bolis, peines, gamuzas anaranjadas, perchas, gafas de sol y baratos relojes rusos; o vacas blancas de joroba elevada conducidas por ganaderos del norte de caras finas.

No era raro ver locos de la jungla, maltapada su carne con harapos y que andaban entre la muchedumbre con la faz alucinada.

Se acordó, entonces, Morgan, de haberse encontrado un día con uno de estos orates lunáticos en el centro mismo de la ciudad. Y no se le olvida que llevaba un taparrabos lleno de mugre y el cabello teñido con barro anaranjado; quieto, y mirando sin pestañear el río de gentes que pasaba a su lado, pronunciaba de cuando en cuando insultos y maldecía, al tiempo que movía sus pies a modo de baile o danza ritual.

Los viandantes parecían ignorarlo, o si acaso esbozaban alguna sonrisa -los locos son respetados en las sociedades africanas- dejándole proseguir su inocente diatriba.

En un gesto espontáneo, sin saber la razón, puso un billete de una libra esterlina, en la mano del loco.

Lo cierto es que tuvo, en ese momento, una gran simpatía por este ser sin maldad, puesto aquí, en este lugar, horriblemente extraño para el demente.

Y, claro, dejó caer el billete en su mano.

El loco clavó en Morgan su mirada de ojos amarillos.

Metió el dinero en su ancha boca de la que fluía baba y comenzó a morderlo.

Luego lo masticó.

Y, por lo que se apreciaba, con gusto.

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(*) El titulo es de nuestra cosecha
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William Boyd en 'A Good Man in Africa -título original- (Un buen hombre en África, 1981)

Cuando terminemos de leer la novela haremos un comentario. Pero, si, ya, con este avance les interesa, Internet le facilitará la tarea de adquirirla. En España, según parece, la publicó ALFAGUARA.


Tags: William Boyd, literatura inglesa, novela, humor, Africa, relato

Publicado por Senocri @ 13:33
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Comentarios
Publicado por el_trampero
miércoles, 18 de noviembre de 2009 | 3:26
Tengo que irme ... comento después.
Publicado por el_trampero
viernes, 20 de noviembre de 2009 | 12:56
Estoy leyendo poco (¡qué mal!) y por acá es difícil encontrar ciertos libros, aún de Alfaguara. Por ejemplo a Chukri lo he buscado y en ninguna librería de Querétaro lo conocen siquiera (hasta de Nadine Gordimer es difícil conseguir algunos títulos)