A) A modo de frontispicio
Señoras y señores:
Voy a referirme esta noche, en primer término, a la contribución del África negra a la civilización, luego seguiré acerca de la perspectiva cultural de Africa y en tercer lugar sobre la naturaleza específica de la cultura africana. Comprenderán ustedes que el tema, del cual soy responsable, es extremadamente complejo y técnico, por lo cual fue casi imposible prepararlo de una manera acabada.
Nuestro camarada Césaire habló de una idea importante, idea que mencionó también el último orador; me refiero a la idea de un pueblo de artesanos; es evidente que es el pueblo quien crea la base de las tradiciones, pero es la élite la que trabaja a partir de ellas para elaborar las formas más elevadas de cultura.
Esta sola observación justifica las perpectivas que intentaré esbozar aquí.
De una manera general, los escritores parten de argumentaciones artísticas para determinar lo que la humanidad debe al mundo negro en su gradual progreso a través de los tiempos. Esta es una manera de limitar, de entrada, el problema, de reducirlo solamente al campo de los sentimientos. Esta actitud, inconscientemente parcial, es el resultado del entorno social e histórico que ahora no podemos desarrollar aquí. ¿Cómo deberíamos plantear el problema? Nos pareció más sensato hacer un esfuerzo para redescubrir la historia general del mundo negro y la del mundo africano en particular. Comenzando con este conocimiento de nuestro pasado, resulta posible afirmar la contribución de África al progreso del mundo mediante un sencillo proceso de comparación, empezando por las características fundamentales de la cultura africana, teniendo en cuenta, claro, la cronología.
b) La civilización egipcia, una civilización negra
El acometer estas investigaciones nos llevó a descubrir que el antiguo Egipto y la civilización faraónica eran, sin duda alguna, una civilización negra. Desde este punto de vista se han manejado razonamientos antropológicos, etnológicos, ligüísticos, históricos y culturales. Para juzgar su valor basta aludir a la obra Nations Nègres et Cultura publicada por Présence Africaine (1). Si fuese necesario, recordaré estos argumentos a los miembros de la Conferencia durante las discusiones en la parte de las Conclusiones, con el fin de bosquejar el Informe Final que será publicado.
No obstante, si el tiempo me lo permite, trataré de dar unos pocos ejemplos.
Antes que nada es importante aclarar un asunto que para mi es primordial. Si la civilización egipcia fue una civilización negra, esto no significa que todos los negros, que ahora viven en el continente, tomaron parte en ella en la misma medida. Es cierto que en los alrededores de Egipto y del Sudán meroítico (antes denominado Sudán inglés), que ya estaban civilizados en los tiempos de Diódoro Sículo, existían tribus africanas que 'no conocían aun la humanidad' (la frase es del mismo Diódoro), es decir que, según todos los indicios, eran salvajes que erraban cerca del valle del Nilo, así como los bárbaros de nuestro siglo IV lo hacían en torno del Imperio romano. Estaban, por ejemplo, las tribus de los xyllófagos (comedores de saltamontes), de los estrutófagos (comedores de avestruces), como los llamaron los griegos, de los ictiófagos (comedores de peces) y las de los que Diódoro denominó 'los conducidores de elefantes'. Quizás ello explique, hasta cierto punto solo, los diferentes niveles de cultura que se encuentran, en la actualidad, en ciertos pueblos africanos, aparte de la regresión originada por la retribalización del colonialismo. Esta última causa es, con frecuencia, predominante para explicar el status atrasado de ciertas tribus.
No es menos cierto, por ello, que el experimento egipcio fue esencialmente negro, y que todos los africanos pueden sacar de éste la misma ventaja moral que sacan los occidentales de la llamada civilización grecolatina.
En la actualidad es relativamente sencillo afirmar la contribución del negro al progreso humano. Y como es previsible, irá más allá de los tradicionales límites del arte.
En la medida en que Egipto fue, sin discusión, el gran iniciador del mundo mediterráneo, esta contribución existe en los campos de la ciencia, la arquitectura, la filosofía, la música, la religión, la literatura, el arte, la vida social, etc... No puedo aquí extenderme en pormenorizados detalles sobre la vasta influencia, que abarca todas las ramas de la actividad desde el principio de los tiempos. Razón de más para no hacerlo es que ningún especialista tiene duda de ello. Los especialistas se sientes satisfechos simplemente buscando su origen extraafricano, blanco, para la civilización egipcia.
Fue suficiente para nosotros demostrar, de un modo que no admite contestación, el origen negro de la civilización egipcia para determinar, solo por este hecho, la contribución negra al progreso humano. En la discusión sería deseable, por tanto, debatir en detalle la idea de un Egipto negro. Y aquí querría yo citarles unos pocos ejemplos.
c) Algunos ejemplos
Herodoto es un indoeuropeo; por lo tanto no tenía interés alguno en proclamar, si no fuera verdad, que 'los egipcios eran de tez oscura y el cabello enrulado', que eran negros y que ellos habían civilizado el mundo mediterráneo. Es indudable el valor de estos argumentos; si se tratase de analizar hechos complejos, hechos de naturaleza social, o de alguna otra índole, podría recelar de ellos, pero admitamos que un viajero que llega a un país es capaz de reconocer, cuanto menos, el color de la piel de sus habitantes. Herodoto solo hace una observación de este tipo. Y suele aceptarse que sus observaciones son corrrectas en asuntos mucho más complejos.
Hacia el siglo V, antes de Cristo, una isla de negros, los colquianos, moraban en las riberas del Mar Negro; su origen interesó a todos los eruditos de la antigüedad. Herodoto sugiere una explicación en su Libro II: 'Los egipcios dijeron que creían que los colquianos originales eran hombres del ejército de Sesostris. Mi idea personal sobre el tema se basa, en primer lugar, en el hecho de que poseen tez negra y cabello como lana'; también da otras razones en las que no me detendré. Es seguro que la opinión de Herodoto sobre el origen de los egipcios no es una consideración aislada. Todos los eruditos y escritores de la Antigüedad testifican en el mismo sentido: Diódoro Sículo, Estrabón, Esquilo y otros.
Cuando Herodoto emplea el vocablo 'melanios' -la palabra más fuerte que existía en Grecia para describir a un negro- los eruditos modernos traducen 'piel bronceada por el sol'. Pero veamos las cosas con exactitud; hay algunos eruditos que van de buena fe. Les daré pruebas de ello. Un miembro del Instituto viajó por Egipto entre los años 1783 y 1785; me estoy refiriendo a Volney, el famoso sabio Conde de Volney. Las revelaciones que hizo después de su viaje por el Cercano Oriente causaron sensación, y esta es su declaración sobre el pueblo egipcio después de 5.000 años de historia: 'Todos tiene rostros inchados, ojos saltones, narices aplastadas y labios gruesos; en otras palabras: una típica cara de mulato. En un principio pensé que esto era obra del clima, hasta que visité la Esfinge, y la apariencia de ésta me proporcionó la clave del problema. Al contemplar su cabeza, tan característica del negro en todos sus rasgos, recordé el notable fragmento de una obra de Herodoto donde dice: "Por mi parte pienso que los colquianos son una colonia de los egipcios, porque, a semejanza de éstos, poseen piel negra y cabello como lana", es decir, que los antiguos egipcios eran negros reales como los nativos de África, y ello explica el por qué, su sangre, mezclada durante muchos siglos con la de los griegos y los romanos, debió perder la intensidad de color de su contribución original, aunque conservando la marca de su prístino molde. Se puede ampliar mucho esta observación original, y hacerse la pregunta de si la fisiognomía es apropiada, en muchos casos, para establecer o arrojar luz sobre los orígenes de los pueblos, etc.' Más adelante, Volney llega a la conclusión siguiente: 'Pero, volviendo a Egipto, los hechos con los cuales contribuyó este país a la historia ofrecen mucho campo de reflexión para el filósofo. Qué tema de meditación ver el actual barbarismo e ignorancia de los coptos como surgidos de la alianza y del profundo genio de los egipcios y del espíritu brillante de los griegos, y pensar que, a esta raza negra, en la actualidad nuestra esclava y objeto de nuestro desprecio, debemos las artes y las ciencias e inclusive el uso del lenguaje. Imagina, finalmente, que es en el seno de pueblos que se dicen amantes de la libertad y la humanidad, donde se sancionó la más bárbara esclavitud, y para mayor bochorno incluso se ha planteado la pregunta de si los negros tienen una inteligencia del mismo tipo que la de los blancos'. (Volney, Voyages en Surie et en Egipte, París, 1787, volumen I, páginas 74/77)
Champollion descubrió, para su sorpresa, que, en 1500 antes de Cristo, de acuerdo con los bajorrelieves egipcios, la raza blanca era la más salvaje de la humanidad y estaba en la parte inferior de la escala, en tanto que los egipcios y los sudaneses (nubios) se hallaban en la vanguardia de la civilización. Al mirar estas pinturas estalló en amargo llanto. 'Aunque el contemplarlas, no obstante, tiene algo de consolador y halagador, al permitirnos, justamente, justipreciar el sendero que desde entonces hemos recorrido'. (Cf. Carta 13, citado en Nations Nègres)
Otro egiptólogo de buena fe, Amélineau, se expresa en la misma línea. De su estudio de la civilización egipcia, Amélineau llega a los siguientes términos: 'La conclusión que surge de estas consideraciones, es que el pueblo conquistado del Anous inició a los conquistadores en una parte, al menos, del camino de la civilización y el arte, y este resultado, como se verá fácilmente, es uno de los más importantes de la historia de la civilización humana, y, por consiguiente, de la religión. La civilización egipcia -resulta perfectamente claro de lo antedicho- no es de origen asiático, sino africano, de procedencia negroide, por paradójica que parezca esta afirmación. No estamos acostumbrados a dotarle, a la raza negra y otras razas similares, de condiciones de inteligencia, ni siquiera de una inteligencia suficiente para llevar a cabo los primeros descubrimientos necesarios para la civilización; no existe, sin embargo, ninguna tribu, de las que ahora habitan en el interior de Africa, que no haya disfrrutado, que no disfrute aún con uno u otro de estos primeros descubrimientos'. (Cf. Nations Nègres.)
Al redescubrir así nuestro pasado, hemos buscado un medio de producir esa conciencia histórica sin la cual no puede haber una gran nación.
d) Armas culturales para la independencia
Nos acercamos ahora a otras perspectivas culturales de África. Es esencial determinar nuestro ámbito de referencia al hablar de cultura. En mi opinión suele unirse la idea de cultura con la de un estado multinacional que abarque la totalidad del continente. Es decir que los problemas culturales surgirán, en la totalidad de su fuerza, el día que logremos la independencia a escala continental por una lucha victoriosa contra el colonialismo.
Por cierto, en el curso de esta lucha las armas culturales son, desde ahora, necesarias; nadie puede prescindir de ellas. Por ello hay que forjarlas simultáneamente dentro de la estructura de nuestra lucha por la independencia nacional.
Cuando hayamos creado, como dije, un estado soberano continental y multinacional, deberemos dotarlo, dígase lo que se diga, de una superestructura ideológica y cultural, que será uno de los baluartes esenciales de seguridad. Esto significa que el Estado, como un todo, debe ser consciente de su pasado, lo que implica la preparación de una Historia General del Continente, que comprenda, que englobe, las historias individuales de las distintas nacionalidades. El papel de la historia en la vida de un pueblo es lo suficientemente conocido como para que yo no lo subraye aquí. Una de nuestras preocupaciones fue delinear, en rasgos generales, la historia de nuestro continente. Si reflexionamos unos instantes, en el plano de la creación artística, veremos que éste no es válido, que no refleja el alma nacional de un pueblo si el artista no se inspira realmente en su pasado, aun en el caso de que conciba como reacción contra él.
d) El problema de la lengua
Pero el cimiento real de la cultura es el lenguaje. Numerosos intelectuales africanos se manifiestan impotentes frente al atolladero que ofrece el mosaico linguístico africano. Olvidan que este es un hecho general, y no característico de África. No reparan en que Africa es un continente y no una sola nación, y que no existe continente en el mundo donde se haya logrado la unidad lingüística. Para recordar esto, séanos permitido citar el babel lingüístco de la India, que constituye además solo una fracción del continente asiático; o de Europa, donde se hablan más de cien idiomas y dialectos, lo cual no es óbice para que los europeos se comuniquen entre ellos. Hay que aclarar que estos idiomas europeos no están colocados todos a la misma altura, ni mucho menos; algunos son más importantes en razón de que están más extendido, es decir, son hablados por un mayor número de personas, o por la riqueza o el desarrollo de su literatura, y, sobre todas las razones, a causa de la importancia del papel político que desempeñan los paises en los que se habla. Así, en la Europa actual, en lugar de soñar con el establecimiento de un idioma europeo común, en el cual se impartiría incluso la cultura básica a individuos de diferentes nacionalidades, los hombres se contentan, en general, con aprender tres idiomas, francés inglés y alemán, lo cual les sirve para ser comprendidos en cualquier sitio del continente.
No obstante, cabría escoger un idioma africano que pudiese convertirse en el idioma oficial. No ocultamos, sin embargo, las dificultades que tal proyecto entraña; brotarán con toda seguridad en el transcurso del debate, pero no serán mayores en la futura Africa que los obstáculos con los que tropieza ahora el gobierno de la India al tratar de imponer el indi. Asombra comprobar que la India no ha aceptado el hecho consumado, esto es, una unidad lingüística cumplida a escala nacional -por lo menos en apariencia- sobre la base de un idioma extranjero. El inglés fue el idioma oficial durante el periodo colonial; por lo tanto quizás hubiera resultado conveniente recurrir al inglés para fundir los 300 idiomas y dialectos nativos. Las autoridades de la India, que no carecen de profundidad, notaron enseguida de que no era lo mismo imponer al pueblo un idioma propio, indígena, que una lengua extranjera. Esto último implicaba una alienación cultural desproporcionada con la situación cultural que suponía la extensión de un idioma nativo a todo el grupo. En otras palabras, un italiano estría menos alienado, culturalmente, cuando se le impusiera, por ejemplo, el idioma francés que cuando se le obligara, por ejemplo, a aprender el idioma, la lengua zulú. Esto es lo que las autoridades hindúes vieron nítidamente, y frente al dilema inevitable escogieron el mal menor.
La consecución de la unidad lingüística, cualquiera que sea el fondo histórico en que se la contemple implica siempre cierta alienación de los pequeños grupos lingüísticos. Pero este hecho no tiene importancia si se lo considera de cerca; tales minorías son siempre bilingües, y su segundo idioma es siempre un idioma de cultura y expansión. Por parecidos motivos fue como, empezando en Ile de France, el francés se expandió llegando a imponerse a vascos, bretones y alsacianos. Los motivos nacionales preponderaron apartando las razones humanas favorables a la conservación de una babel y anarquía lingüísticos. Hay casos en los cuales resulta satisfactorio sofocar los dialectos, con el fin de apagar el fuego de los micronacionalismos. Todos los pueblos que han llegado a ser grandes naciones han enfrentado este problema y lo han resuelto. (3)
La ventaja práctica de la adopción de una forma de expresión se demostraría en todos los niveles; es fácil notar que un labrador francés no tendría interés en permitir que su hijo fuese educado en idioma inglés. El tiempo necesario para lograr el conocimiento básico para la agricultura, la salud, en resumen, el imprescindible para un ciudadano de un Estado moderno, sería cuando menos el doble por el inconveniente causado por el uso de una forma de expresión extranjera. Siguiendo los mismos pensamientos, si queremos educar al africano medio, estaremos obligados a pedir a una forma de expresión nativa.
Esta reforma, por cierto, no puede implantarse de la noche a la mañana. No se trata de ejercer presión para conseguir la creación instantánea de escuelas vernáculas. Lo impide la ausencia de maestros calificados y de libros de texto apropiados, asi como la falta de vocablos técnicos en los idiomas existentes. Pero la obligación está ahí. Nada iguala el valor de un experimento tal para que nazca el alma nacional de un pueblo.
Es deber de los intelectuales africanos aproximarse a la solución de estos problemas que deberán solucionarse siempre que se desee que esta revolución acabe cuanto antes. En post de este objetivo, ya se han realizado labores de limpieza, en parte estudiando pormenorizadamente el parentesco de las leguas vernáculas africanas, estableciendo su personalidad individual, y estudiando los aspectos gramaticales que hasta el momento han sido menospreciados por expertos y en parte también mediante la integración de palabras técnicas sobre la base de pactos prudentes. (Cf. Nations Nègres)
e) El arte como problema
Me referiré en este momento sobre el problema del arte. Muy a menudo ha sido debatido en el transcurso de esta Conferencia y por lo tanto no profundizaré en ello.
Solo diré que el arte en su conjunto, es decir la escultura, la pintura, la música y la arquitectura, deberían ayudar al africano a tomar conciencia de si mismo algo más cada día. La grandeza de sus ritmos y acentos debería estar a escala continental.
Si acaso, cabría analizar la música americana señalando la profunda relación en el terreno del sentimiento que existe entre ella y la música africana, y, a partir de esta observación, deducir cuánto falta para crear, por ejemplo, una música nacional africana; la música americana nació en condiciones tan particulares que el coeficiente de orgullo nacional en ella es comparativamente bajo; por eso no podría constituir la base de una música nacional africana. En la órbita del sentimiento hay una relación negra que todos podemos sentir. Así la música americana es, efectivamente, música negra, pero no puede ser la música nacional.
f) La industria
El último aspecto que trataremos es el industrial.
Recordarán ustedes que me había comprometido a destacar las perspectivas futuras y que, por tanto, se basarán, en lo que se refiere a historia, idioma, cultura general y organización técnica e industrial, proposiciones válidas y virtualmente aceptables. De ahí el carácter heterogéneo de mi charla. Muy bien, pues hablaré de la panorámica industrial.
Es por tanto la más importante, porque debe llevarse a cabo en primer término, ya que se pueden lograr los otros objetivos del mejor modo posible. Mediante la máxima industrialización lograremos el poder material necesario para garantizar nuestras fronteras políticas, de lo cual depende el establecimiento de esa unidad global de la que tanto se trata.
En este terreno, la naturaleza ha sido generosa con Africa negra. Nuestro continente es, por así decirlo, el centro de la energía y de las materias primas mundiales. Frente a nuestras reservas de energía hidráulica, de uranio y torio, de energía solar, de vientos y mareas, y otras, y de las materias primas de la zona ecuatorial, por no referirme a otros minerales. Europa es como un cajón vacío comparada con Africa. Esta idea es tan evidente que, en vez de seguir ampliando su infraestructura industrial, Europa encuentra ahora más ventajoso construir fábricas en África mismo, cerca de las fuentes de energía y de las materias primas, al punto de contemplarse la construcción de diques ecuatoriales y la exportación de energía electrica a Europa por cable, evitando de este modo llevar la industrialización del continente africano al exceso.
Todo ello deja ver con claridad meridiana el destino industrial de África y la necesidad de que los africanos se equipen para las labores que les esperan. Remito urgentemente al lector el artículo llamado Alerte sous les Tropiques que publiqué en el número de diciembre/enero de 1956 de la revista Présence Africaine.
Este artículo constituye un rápido vistazo a los problemas industriales y técnicos de Africa, vistos por un africano. Todos los camaradas interesados en el aspecto técnico de nuestros problemas deberían leerlo y meditarlo.
g) Resumiendo
En resumen: en el plano histórico, sabemos de dónde venimos y es cierto que se desconoce hacia donde se dirije uno hasta que no se sabe de dónde se procede. El problema de nuestra antigüedad está resuelto en sus trazos o líneas generales; conocemos el marco de referencia con el cual trabajar; la estructura dentro de la cual debemos reunir hechos para llenar los vacíos de nuestra historia. En el terreno de la lengua podemos decir que hay que evitar una solución demasiado fácil, y que es necesario, a toda costa, encumbrar los idiomas nativos al nivel de los requisitos modernos y capacitarlos para reflejar el pensamiento ciéntifico y filosófico. En el plano del arte es necesario que el ritmo y el esplendor del arte estén a una escala continental, que trasmitan la dignidad de un pueblo que se siente orgulloso de su pasado y de sí mismo. En el aspecto industrial somos el centro de la energía mundial, y esto es lo más importante. Es inútil mencionar la confraternización de los pueblos, de unidad planetaria, porque aun existen en la sociedad muchas fuerzas oscuras. Por lo tanto, es obligatorio estar más vigilantes que nunca hasta que nuestras energías puedan usarse en crear una fuerza material que nos permita garantizar nuestras fronteras políticas sobre la base de la máxima industrialización, fundada en nuestras fuentes de energía y en nuestras materias primas.
Querría acabar mi intervención subrayando una perpectiva capital final. En tanto que Africa negra se inclina hacia un Estado multinacional que abarcará practicamente todo el continente, con un equipo industrial óptimo, las Antillas podrían orientarse hacia la formación de una federación de islas del tipo de Indonesia, que, en lugar de mirar hacia América o Europa, tendría relaciones de hermandad y afinidad, económicas, culturales, comerciales y políticas, con en África negra.
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(*) Eminente intelectual senegalés
(1) De la Primera Conferencia Internacional de Escritores y Artistas Negros. París, 1956. El título es nuestro. Cheikh Anta Diop, 'The Cultural Contributions and Prospects of Africa', The First International Conference of Negro Writters and Artist (París, Présence Africaine, volumen XVIII/XIX, 1956), páginas 349/354.
(2) La separación en partes es nuestra también
(3) Opinión muy discutible, al menos para nosotros
Tags: Cheikh Anta Diop, Historia de Africa, negritud, colonialismo, imperialismo, literatura africana, independentismo