martes, 08 de diciembre de 2009

(viene del post anterior)

La interminable columna reanuda su andadura.
Está pronta a avistarse Granada.
"Al pasar junto a Granada palpitando", como ha latido por otros pueblos y ciudades por donde pasó, se dice:

-"No he de encontrar, para mis pies, sosiego".

Le vienen, llanamente, unos versos muy amargos; versos que le brotan, como agua, de un venero acibarado llamado Sara:

-"Todo surge de la nada; todo nace absurdamente".

Cada vez les era mas difícil el camino, cuando... ¡Almería se les abrió ante ellos!
Desorden en el puerto. Huestes castellanas escarbando el contenido de los bultos; los ojos codiciosamente abiertos como platos. Por si acaso... alguna moneda de oro al oficial de turno. Convenía precaverse. La embarcación que leva anclas. Parte. Y numerosas personas, de todas las edades, que se introducen a la desesperada. Abrazar los baúles y clavarse en el reducido espacio para no ser desalojados a empujones y hundidos en el mar.
Sollozos, gemidos y rezos.
Y el aire fecundando las velas que se hinchan embarazadas.
Y las gaviotas que chillan.
Y el mar que se rebela contra el extraño entremetido oponiéndole resistencia.
Y las olas que castigan azotando sus flancos.
Y el barco que no obstante, sin hacer caso, avanza mar adentro.

-¡Abur, Sepharad!, ¡Shalom, Sara! No te olvidaré jamás, astado de Sepharad.

Efraím mira en derredor. El griterío se ha ido calmando y ahora reina, soberano, el silencio. Temerosos del ruido del mar, las miradas convergiendo interrogativas hacia la proa del barco, se apretujan unos contra otros. Anhelan llegar cuanto antes y pisar tierra firme.
Los balanceos del mar hacen mella en algunos que se marean y devuelven.
Efraím se ha adormecido. Sueña:

-"Flota en las aguas; está muerto; las algas le acompañan, le hablan, le acarician; el acantilado le cierra la salida que el esperaba; en aquel momento se calma el mar que lo sostiene en vilo entre sus aguas; no reanuda la marcha clavado, como está, por el espanto de haber sido desposeído, porque si, razón que no comprende; admite, sin embargo, su condición, como las algas que le acompañan tenazmente en su camino; y que aceptan la suya en su asidero sencillamente acuático; y, aunque se viera libre de su angustiosa situación, miraría a uno y otro lado hasta darse, una y otra vez, con el muro que siempre le cercó, como el acantilado que, ahí y tan cerca, se levanta con mirada insensible y le clausura el paso a la esperanza; solo le queda continuar ahí flotando hasta que la vida del mar lo libere de su materialidad humana o ... ; se determina por fin a escalarlo; araña sus paredes; sube reptando como una culebra, como lo que es; a lo alto el toro brama esperanzado ... "

Se despierta nervioso. Están llegando a Marruecos.

-"Ya no temeré ninguna pena, ni me alegraré por ninguna dicha". "Hacia ti me dirijo, mis ojos vuelven hacia tu morada". "Mejor un día en tierra de Dios que mil en tierra extraña". ¡La Tierra Prometida está cerca! ¡Lejos quedó Sepharad! -exclama no muy convencido.

(seguiráGuiño



Tags: relato, cuentecillo, José Mª Amigo Zamorano, Yehuda Ha-Leví, represión, Historia de España, Historia de los judios

Publicado por Senocri @ 21:02
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