jueves, 10 de diciembre de 2009

(viene del post anterior)

Segundo aparte:

Se fue para conocer otras flores sencillas, sin esconderse entre la fronda lujuriante que las rodea, volando a lomos de raudas libélulas o flotando en la suave brisa de las noches machihembradas donde brota la vida, alumbrado por la tenue luminosidad de millones de luciérnagas, antes de que el tiempo se le consuma.

Desde que años ha deseó saltar las tapias del corral donde habitaba la higuera y ésta lo desaprobó "frotando la lija de sus ramas", le intrigó ese mundo que surgía milagroso cada nueva primavera.

Ambicionaba caminar a la hora del rubor: en el primer relámpago en que la esperanza da a luz, para embriagarse de reconocimientos unánimes.

Era un desafío que se había hecho.

Un día, poco antes de alborear, cuando el sicómoro duerme, profundamente, arropado por "la lija de sus ramas", brincó la tapia y emigró.

Recorrió las alboradas de la tierra descubriendo, en las zarzamoras del camino, una dual gentileza insospechada: estallaban en abrazos de pájaros cantores y en besos de brisas matinales; en tremendos rugidos de cocodrilos y en traicioneros silbidos de culebras.

Nada especial, salvo la independencia conseguida de peregrinar sin amparo o protección.

Así circunvenía su anhelo, en soledad, caminando, corriendo o huyendo, en el fulgor inicial, única manera de romper las erizadas alambradas que por doquier se alzan, al parecer eternas.

Durante un tiempo creyose libre, como los pájaros.

Tuvo que traspasar neblinas, enceguecedoras y fascinantes, que le proyectaban como ensoñación embaucadora una única, singular flor gris escondiéndole el horizonte arcoirisado.

Pero no se dejó engatusar por el señuelo. Y continuó su camino.

Discurrió por los caminos de la existencia como el agua por el lecho.

Conoció por fin la fragancia y coloración de las otras flores. Mas no quiso perpetuarse entre ellas.

Su impulso de regresar emanó del agua de la vida; de los cauces de la supervivencia.

Está seguro que fueron bosquejados, ya para la fuga que en carraña se acaba, o bien para el regreso, pigmento de esperanza.

Ha derrochado media vida y ... ¿qué le queda? ...

Ya de vuelta, corre a refugiarse en el cobertizo desde el cual, antaño, divisaba el horizonte de tierras recorridas que las tapias del corral, adonde moraba la higuera, le ocultaban siendo niño.

¿Por qué, si conoció el perfume y el color de otras flores, le escurrían como el aceite?

Ha visto y ha oído: todo le parece hermoso, cruel y fugaz , como la vida y el vuelo de una mariposa.

Se sacude el polvo del camino. Y erguido comienza a caminar por los rincones de su infancia.

Contempla las flores, oye con renovada querencia a los pájaros y escucha a los hombres, henchidos aún hasta las cejas de una porrada de telarañas que les enmascaran las diferentes tonalidades de las flores silvestres, traídas por el viento, antiguamente, desde los más remotos rincones de la tierra.

Se tiende a dormitar a la vera del agua de la fuente y muere.


seguirá


Tags: relato, cuentecillo, José Mª Amigo Zamorano, Yehuda Ha-Leví, represión, Historia de España, Historia de los judios

Publicado por Senocri @ 15:04
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