domingo, 26 de septiembre de 2010

PRIMERA ENTREGA DE UNA LECTURA, NECESARIAMENTE CAÚSTICA, DE LA EURO (FRANÇ) AFRIQUE

Bastaría el monólogo de Sarkozy del pasado 26 de julio en la universidad Cheikh Anta Diop de Dakar (pobre sabio cuyos huesos se habrán removido en su tumba sólo de escucharle), para descalificarle como presidente. Un monólogo construido pensando en el colono francés, buscando una imposible redención de la brutalidad, el desastre y el expolio. Un monólogo que es un desprecio absoluto a la inteligencia africana a la que sin embargo tiene la desfachatez, según sus propias palabras, de dirigirse.

El discurso, redactado por su asesor de confianza Henri Guaino, pretende, en una línea neoconservadora, rancia y desalmada, expresarse “sin complejos”. Cierto es que envuelto en un tufo de insoportable paternalismo empieza reconociendo (¡bueno estaría!) que la trata negrera y la esclavitud fueron “un crimen contra los africanos, un crimen contra el hombre, un crimen contra la humanidad”. Poco después, y en la misma línea, pretende mostrarse crítico con la etapa colonial que, dicho sea de paso, busca con este discurso memo dar por clausurada. ¡Como si la relación entre Francia y sus excolonias fuese hoy una relación de igual a igual entre naciones libres y plenamente soberanas, disponiendo cada una de ellas de los recursos que el azar de su situación geográfica les ha deparado!; de ser así nunca, nunca, un presidente francés habría podido dar un discurso tan penoso. En calentito tenemos el caso del Chad y el Arca de Zoé, ese repugnante intento de secuestro de 103 niños chadiano-sudaneses por parte de una ONG francesa ha estimulado y ha desenmascarado, para quien quiera verlo, los modos autocráticos de resolución de conflictos así como el auténtico rostro del reyezuelo francés.

Nuestro querido aspirante a Napoleón, nuestro Napoleoncito que diría Fidel, después de darse unos cuantos golpes de pecho y de enjugarse alguna lágrima de cocodrilo, muy apropiada al ámbito en el que se está moviendo, empieza a segregar la gran tela de araña de su particular justificación histórica. Empieza a construir el santuario de nuestros queridos, engañados y bienintencionados colonos cristianos.

Así, entre otras, reparte las siguientes lindezas: “… Nadie puede pedir a las generaciones actuales expiar un crimen perpetrado por generaciones pasadas. Nadie puede pedir a los hijos que se arrepientan de las faltas de sus padres… (como si no estuviese sucediendo día tras día con el pueblo judío, como si día a día no estuviese expiando el mundo entero su culpa en el altar del Estado de Israel) … Juventud de África (continúa nuestro presidente en su lirismo totalitario, en su emulación de Cristo redentor de esos pobres negritos que, todavía hoy, son incapaces de saber lo que quieren pero, no teman, no se preocupen, no hagan el menor esfuerzo pues ahí está Francia, ahí Europa gracias a Francia, para indicarles, una vez más, el camino que les evite, ¡pobrecitos!, tanto extravío) yo no he venido a hablarte de arrepentimiento… (esto Francia, hijos, ni se lo plantea. Precisamente refiriéndose a esta frase, en su magnífica respuesta del 25 de agosto de 2007, titulada: “El discurso inaceptable de Nicolás Sarkozy”, el ensayista y novelista senegalés, Boubacar Boris Diop, matiza: “… Si no se tiene el coraje de arrepentirse, se debe tener al menos la decencia de callarse. Desde el momento en que Nicolás Sarkozy escupe: “Juventud de África, yo no he venido a hablarte de arrepentimiento”, comete una grave inversión de papeles. Es privilegio de la víctima y no del verdugo decidir si hay que evocar o no crímenes tan abominables. La reafirmación constante por parte de este último de su rechazo a arrepentirse es una auténtica enfermedad del alma. Una sociedad en la que los dirigentes y muchos de sus ciudadanos no mantienen con su pasado si no esta relación de rechazo, compulsiva y grotesca, revela a su pesar la enfermedad que la atenaza y merece, en realidad, mas compasión que desprecio…”)

Hasta aquí la cita, pero Sarkozy no calla:

“… HE VENIDO A DECIRTE(1) (¡Aleluya por nuestro presidente mesías!) que siento la trata y la esclavitud como crímenes contra la humanidad. HE VENIDO A DECIRTE que tu desgarro y tu sufrimiento son los míos (¡toma ya!). He venido a proponerte mirar juntos, africanos y franceses, más allá de este desgarro y de este sufrimiento (así de fácil). He venido a proponerte, juventud de África, no olvidar este desgarro y este sufrimiento que no pueden ser olvidados, sino superarlos.

He venido a proponerte, juventud de África, no recordar juntos el pasado sino extraer juntos las lecciones y mirar juntos hacia el porvenir...” Aquí hay que resaltar que nuestro hiperactivo presidente en ningún momento nos dice cuales son las lecciones que él ha extraído de ese monstruoso pasado-presente y, por supuesto, en que medida práctica esas lecciones tan aprendidas y encarecidas por él van a beneficiar a esa juventud africana a la que aparenta dirigirse.

“… Yo he venido, juventud de África, a mirar a la cara contigo nuestra historia común. África tiene su cuota de responsabilidad en su propia desgracia (no lo dudan los africanos). Son los africanos quienes han vendido a los negreros a los otros africanos… (evidentemente, eso ocurrió, pero es el chocolate del loro, exactamente igual que hoy las tan cacareadas y socorridas, para Occidente, mafias de la inmigración, esos pobres desgraciados a los que la lágrima hipócrita de Occidente llama traficantes de seres humanos y que en África nadie conoce como tales, frente a esas sí auténticas mafias de las multinacionales, compañías de petróleo como las francesas Elf y Total, las carroñeras de la comunicación como France Telecom o instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio … etc. Siempre hubo y habrá desaprensivos que se aprovechen de la desgracia ajena, incluso a costa de ignorar que están participando en su propia desgracia, pero nada dice Sarkozy de la inflexión que supuso para la esclavitud, que desde siempre había existido, la aparición del blanco en África junto con el descubrimiento de América, nada del comercio triangular, nada de la externalización sistemática de las economías africanas que, todavía hoy, sirven de fundamento a la riqueza de otros continentes y naciones, entre ellos Europa y América y ahora China y Rusia y Japón y Australia y suma y sigue.

Fue Europa la pionera de un sistema esclavista que vació África de sí misma, que la volvió irreconocible ante sí misma y del que todavía hoy no sólo no se ha recuperado sino que, gracias a la labor de zapa ajena, sigue lejos de hacerlo. Por eso, la ensayista maliense Aminata Traoré, con la lucidez que le caracteriza, nos dice: “… lo peor no ha sido el robo de nuestros recursos. Si Occidente se hubiese conformado con robar nuestros bienes materiales, la reconquista y el retorno de África a ella misma, su rehabilitación y su reposicionamiento sobre el tablero político y económico mundial no habría significado un desafío de tal envergadura. Lo peor ha sido la violación sistemática de nuestro imaginario…”(2) Y Boubacar Boris Diop, continuando con su magnífica respuesta al monólogo sarkozyano, nos dice: “… La frase son los africanos quienes han vendido a los negreros a los otros africanos es de una inepcia colosal, es simplemente indigna de un presidente de la República. Es un insulto a la memoria de las víctimas y una infame trivialización de la violencia fundamental del comercio triangular. Nunca, en toda la historia de la humanidad, una nación ha oprimido a otra sin haberse beneficiado de la complicidad, entiéndase del celo de las elites del país conquistado… El presidente francés ha sobrepasado los límites de lo tolerable y, más allá de los reconocidos “países del patio trasero”, muchos de los descendientes de esclavos van a preguntarse cómo se ha llegado a una situación en la que un responsable europeo pueda permitirse mantener públicamente, en el lugar mismo del crimen, semejantes propósitos sobre la Trata negrera…”.

Continúa Sarkozy: “… pero es cierto que en otro tiempo (érase una vez… in illo tempore…), los Europeos han venido a África como conquistadores. Se han apropiado de la tierra de tus ancestros (sin permitir por cierto que los africanos, dueños de la tierra, pudiesen decidir si preferían inmigración “elegida” o “soportada”). Han proscrito los dioses, las lenguas, las creencias, las costumbres de tus padres. Han dicho a tus padres lo que ellos debían (¿o tenían que?) pensar, lo que debían (¿o tenían que?) creer, lo que debían (¿o tenían que?) hacer. Ellos les han cortado de su pasado, les han arrancado su alma y sus raíces. Ellos han desencantado África…

Y a todo esto, nuestro magnánimo presidente nos dice por toda respuesta:

“Estaban equivocados”.

“… Ellos no han comprendido la profundidad y la riqueza del alma africana. Han creído que eran superiores, que estaban más evolucionados. Que eran el progreso, que eran la civilización”.

“Estaban equivocados”.

“… Han querido convertir al hombre africano, han querido modelarlo a su imagen (¡Oh Dios blanco, siempre blanco!), se han creído con todos los derechos, se han creído todopoderosos, más poderosos que los dioses de África, más poderosos que el alma africana, más poderosos que los lazos sagrados que los hombres habían tejido pacientemente, durante milenios, con el cielo y la tierra de África, más poderosos que los misterios que venían del fondo de los tiempos”.

“Estaban equivocados”.

“… Ellos han destrozado un arte de vivir. Han destrozado un imaginario maravilloso. Han destrozado una sabiduría ancestral”.

“Estaban equivocados”.

“… Ellos han creado una angustia, un mal vivir, han alimentado el odio. Han vuelto más difícil la apertura a los otros, el intercambio, el compartir, porque para abrirse, para intercambiar, para compartir, HAY QUE ESTAR SEGURO DE LA PROPIA IDENTIDAD, de sus valores, de sus convicciones. Frente al colonizador, el colonizado terminó por no tener confianza en sí mismo, por no saber quién era, por dejarse ganar por el miedo al otro, por el miedo al futuro (¡¡bravo por nuestro presidente sartriano y fanonista, bravo por ese alma migrada del 68!!). El colonizador ha venido, ha tomado, se ha servido, ha explotado, ha robado recursos, riquezas que no le pertenecían. Ha despojado al colonizado de su personalidad, de su libertad, de su tierra, del fruto de su trabajo…”.

(Pero, ¡oh magia de las magias!, ¡oh perdón de todos los perdones!, ¡oh milagrosa justificación!):

“… Él ha tomado (qué verbo tan levepero TAMBIÉN HA DADO. Él ha construido puentes, carreteras, hospitales, dispensarios, escuelas. Ha fecundado tierras vírgenes, ha entregado su pena, su trabajo, su saber. Pues todos los colonos no eran ladrones, todos los colonos no eran explotadores.

Hubo entre ellos hombres malos pero también hombres de buena voluntad, hombres que CREÍAN CUMPLIR UNA MISIÓN CIVILIZADORA, hombres que CREÍAN HACER EL BIEN, hombres generosos y valientes. ELLOS SE EQUIVOCARON PERO ERAN SINCEROS... (Hay que reconocer que a la vista de lo que pasaba tenían que ser, aparte de sinceros, profundamente estúpidos para equivocarse. Lo tenían todo a su alrededor, sólo con estirar apenas el brazo podían servirse a discreción; allí estaban, como acaba de decirnos el propio presidente, robando, anulando idiomas, imaginarios, reconstruyendo a voluntad un ser africano previamente arrasado, pero ¡pobres!, tenían una excelente voluntad sólo que no se daban cuenta; pensaban que las mutilaciones, los asesinatos, las segregaciones, el despojo, las violaciones, el trabajo esclavo, la ruptura de la transmisión cultural, el incendio del imaginario …etc., todo ello, dicho como acabamos de poder leer, por el propio presidente de esa magnífica República Bienintencionada, servía a esos salvajes negritos para civilizarse, que se trataba de una labor humanitaria… ¡qué pena para los negros que esos estúpidos estuviesen equivocados!. Ahora, como siempre con Europa, toca entenderla, toca, como bien acaba de aclarar este lúcido presidente, superarlo juntos, cogiditos de la mano y mirando hacia delante sin rencor.

Para quienes conozcan África y para quienes hayan leído lo anteriormente dicho aplicando un mínimo de inteligencia, el cinismo de nuestro Napoleoncito en su almibarada conclusión no tiene desperdicio, sencillamente no hay palabras que alcancen a comentarla con la justicia que se merece: ”… ELLOS CREÍAN DAR AMOR SIN DARSE CUENTA DE QUE SEMBRABAN EL RECHAZO Y EL ODIO...” Nunca una justificación fue tan nauseabunda, una frase hecha a la medida del colono francés: “sintámonos orgullosos de lo que hemos hecho, de nuestra gran labor de infraestructuras y servicios allá en ultramar, de nuestro incomprendido amor, de nuestra pasión civilizadora aunque, justo es reconocerlo, allí donde Francia pisa, no vuelve a crecer la hierba”…).

Y no contento con todo esto, nuestro aprendiz de brujo continúa con su delirio. Después de todo lo que ha dicho, después de la entidad del desastre provocado por la trata, la esclavitud y el colonialismo (ahora, conviene no olvidarlo, estamos en el neo), se atreve a decir: “… La colonización no es responsable de todas las dificultades actuales de África. No es responsable de las guerras sanguinarias que los africanos se hacen entre ellos. No es responsable de los genocidios. No es responsable de los dictadores. No es responsable del fanatismo. No es responsable de la corrupción y de la prevaricación. No es responsable de la dilapidación, de la contaminación…” (¿de qué es responsable entonces mi esotérico presidente?).

Y claro, el presidente hiperactivo, el presidente que tiene respuestas para todo, no va a dejar de respondernos y en el colmo de los colmos, en el rizo de los rizos, nos regala: “… La colonización fue una gran falta que FUE PAGADA POR LA AMARGURA Y EL SUFRIMIENTO DE AQUELLOS QUE HABÍAN CREÍDO DARLO TODO Y QUE NO COMPRENDÍAN POR QUÉ SE LES ODIABA TANTO…”. ¡Ay, presidente, diciendo esto me recuerdas a los ciudadanos USA que, cuando se atreven a pensar y a mirar un poco más allá de sus fronteras, ¡pobrecitos!, no entienden porque se les rechaza!. Me acuerdo también de las lágrimas de Bush, el presidente llorón, en su despacho oval cuando las cosas no salen según su capricho. ¿Es esto todo lo que están dispuestos a pagar los compungidos excolonos franceses y los actuales neocolonos?. Sí señor, hay que reconocerlo: así se construye planeta).

Pero no corran que aún no ha terminado: “… La colonización fue una gran falta que destruyó en el colonizado la estima de sí e hizo nacer en su corazón (¡Ah, pero resulta que tenían corazón, espíritu, alma esos negritos!, no creían eso tus colonos presidente) este desprecio de sí mismo que acaba siempre en el odio a los otros (¡lo que hay que oír, ahora resulta que son los colonizados los que odian, el colono tan sólo se equivoca, es engañado el pobre en su buena voluntad. El otro, el colonizado, sólo puede tener mala voluntad, la mala voluntad del ser que odia).

Y para cerrar el cúmulo de despropósitos de esta primera parte de su monólogo, concluye: “… La colonización fue una gran falta pero de esta gran falta ha nacido el embrión de un destino común…”. (Por la atrocidad al cielo. La colonización redimida. Sinceramente no sé por qué estoy comentando tanta estupidez, supongo que como no puedo suponerles tan estúpidos eso me lleva a no poder no hacerlo).

“… Nadie puede actuar como si nada de esto hubiese ocurrido…”.

“… Nadie puede actuar como si esta falta no hubiese sido cometida…”.

“… Nadie puede actuar como si esta historia no hubiese sucedido…”.

Pero, mi sinuoso presidente, ¿qué es lo que tu estás haciendo precisamente ahora?.

“… Para lo mejor como para lo peor, la colonización ha transformado al hombre africano y al hombre europeo… Juventud de África, tu eres la heredera de las más viejas tradiciones africanas (en qué quedamos, ¿no se las habían robado y masacrado?) y tú eres también la heredera de todo lo que Occidente ha depositado en el corazón y en el alma de África... (¡Ah, pero! … ¿no había sido sólo odio?... además, no se entera el Sr. Sarkozy de que en la humanidad, esta vez sí para lo mejor como para lo peor, todos somos herederos de todos).

… Juventud africana, la civilización europea (hay que tener magníficas tragaderas para, después de lo dicho, seguir hablando de civilización pero en la politique politicienne actual, de estas tenemos a diario) se ha equivocado (una vez más) al creerse superior a tus ancestros, pero desde entonces ella también te pertenece. (Habría que preguntarle al presidente francés, ¡oh negro paciente!, si tu también perteneces a ella pues, visto lo visto, más bien parece que ni te quieren en Francia, ni en el resto de Europa. Además ¿no te parece que este presuntuoso presidente, antes de imponerte su preciada civilización, debería tener la delicadeza de preguntarte si te interesa?, ¿o tal vez él crea que su civilización, así es como él la llama, es algo de lo que, bajo ningún concepto, se puede prescindir?). En fin, qué maneras presidente, cómo te traicionas a cada paso.

“… NO CEDAS A LA TENTACIÓN DE LA PUREZA QUE ES UNA ENFERMEDAD DE LA INTELIGENCIA Y QUE ES LO MÁS PELIGROSO QUE HAY EN EL MUNDO…”.

¿No has oído hablar, mi nunca suficientemente loado presidente, de la occidentalización como mundialización?. ¿Quién impone al mundo su criterio, su democracia, su religión, sus costumbres, suspelículas, su economía, sus productos, sus ejes del bien y sus ejes del mal, en definitiva: su pureza?. Recorriendo esa historia que a ti tanto te gusta recorrer, ¿quién es pues el más puro de los puros?, ¿quién también el fanático?, ¿quién también el bárbaro?...

__________

(1) Todas las palabras y /o frases en mayúscula, a lo largo del texto, son subrayados del autor.
(2) Le viol de l’imaginaire, Aminata D. Traoré. FAYARD/Actes Sud, 2002.

 

Próximo capítulo: Entre la cultura y el souvenir (II)

Tomado de: http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=11&id=851


Publicado por Senocri @ 13:53
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Comentarios
Publicado por el_trampero
viernes, 01 de octubre de 2010 | 0:41

Lo leí. Comento al leer todo.

No me pierdo la continuación por nada, aunque no lo he podido leer tan aprisa como he deseado.