SEGUNDA ENTREGA DE LA TRADUCCIÓNCOMENTADA DEL DISCURSO DE SARKOZY EN DAKAR
Entrela cultura y el souvenir (II)
Coordinadordel Área de África Centro Unesco Gran Canaria | 15/09/2010
Tomadode: http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=11&id=862
… Nuestro papá-presidente,tan preocupado él por sus hijos más jóvenes, tras elogiar el arte y la culturaafricana y su considerable influencia en Occidente, siempre desde los mástristes tópicos, influencia obvia como la de cualquier otro arte u otra culturaen el imaginario humano. Emulando al otro papá-presidente Senghor, continúadándole la tabarra y la barrila, todo de una vez, a la pobre y sufrida juventudafricana: ¡cómo si no tuviesen otra cosa que hacer, otra preocupación en susvidas que escuchar las calamidades de un presidente a la deriva!
“… Quiero decirte, Juventud Africana, que eldrama de África no viene de que el alma africana sea impermeable a la lógica ya la razón. Pues el hombre africano es tan lógico y razonable como el hombre europeo (gracias Monsieur le President, se puede decir más alto pero no más claro, claridad y desfachatez se confunden en tu primoroso cerebro). Es aprehendiendo en el imaginario africano que te han legado tus ancestros, es aprehendiendo en los cuentos, en los proverbios, en las mitologías, en los ritos, en esas construcciones que desde el alba de los tiempos se transmiten y se enriquecen de generación engeneración (cadena rota por el esclavista, rota por el colono), como tú descubrirás la imaginación y lafuerza de inventarte un porvenir que te sea propio, un porvenir singular que no se parecerá a ningún otro, en el que te sentirás al fin libre, libre de ser tú mismo, libre de decidir por ti mismo (exactamente igual a las instituciones judiciales chadianas, queridos jóvenes. Además, ¿qué le dices a estos jóvenes, generoso presidente, de disponer, a la hora de decidir, de sus propias riquezas y recursos, qué de poder elegir sus gobiernos, sus democracias, sus revoluciones, todo ello sin injerencias extranjeras? Nada presidente, eso se te olvidó, qué se le va a hacer es otra de nuestras lamentables equivocaciones de tubab, el problema, mi voluntarioso presidente, es que los cuentos alimentan, sí, pero no se comen).
“… HEVENIDO A DECIRTE que no tienes que avergonzarte de los valores de lacivilización africana (¡joder presidente, me quitas un peso de encima!, aunque mucho me temo que aquí se teha ido la olla y creías que te estabas dirigiendo, a los jóvenes, sí, pero alos de las barriadas de extrarradio francesas, a esos a los que llamas racaille y que tanto te gustan, incendiarios y jodelones pero franceses, un poco oscuros y con apellidos impronunciables, todo hay que decirlo, pero franceses y mayormente desprovistosde apego a los valores africanos de los que hablas, pero nosotros, presidente,nosotros somos africanos, a ver si te enteras, presidente, africanos de África), que ellos (entiéndase los valores) note hunden sino que te elevan, que ellos son un antídoto al materialismo y al individualismo que rebajan al hombre moderno (¡loado seas gran defensor de la comuna!), que ellos son la más preciada de las herencias frente a la deshumanización y la vulgarización del mundo…”. (¡Hay que tener morro presidente, tú el gran amigo de palacios y de yates a préstamo de poderosos que no son precisamente el Dalai Lama!, pero total, una debilidad la tiene cualquiera, por qué ensañarse contigo si padeces incontinencia ante el lujo, tal vez te regalemos un diamante de Liberia o de Sierra Leona, esas piedrecitas que tanto le gustaban a tu predecesor Giscardd’Estaing, para que te hagas con ella un broche con el que sostenerte los pañales, ofrenda de esta juventud africana que tanto deseas presidente y que, como corresponde con nuestras tradiciones de hospitalidad y reconocimiento, no va a dejar de agasajarte. A fin de cuentas pareces tan ingenuo mi pequeño presidente, sólo lo pareces mi metro sesenta y cuatro de presidente, mi principito. Aunque así y todo, como te recuerda Boubacar Diop, “ser un jefe de Estado relativamente joven einexperto no le otorga a nadie el derecho a ser tan pueril”).
Y abunda nuestro embrollado presidente, todavía le parece poco y abunda: “… Yo no he venido juventud de África a darte lecciones… (puesse parece mucho, desde luego) … HEVENIDO A DECIRTE que la parte de Europa que está en ti es el fruto de un gran pecado de orgullo de Occidente pero que no es indigna… (¡Oh, basta ya de beatería barata, basta ya de tanta basura cristiana, de tanto dolor de corazón y espíritu de enmierda!)… Pues ella es la llamada de la libertad, de la emancipación y de la justicia. Ella esla llamada de la razón y de la conciencia universales…” (Hay que reconocer que es difícil ser más canalla, querido presidente, más profundamente eurocéntrico, más tópico y típico. ¡Cómo si Europa fuese la inventora de la libertad, de la emancipación y de la justicia, como si la razón y la conciencia universales fuesen patrimonio suyo!, ¡cómo si Europa no fuese ella misma, como cualquier otro lugar del mundo, físico y simbólico, herencia y proyección!, ¡cómo si no hubiese sido toda ella construida, y aún más hoy, por manos y sudores, por mentes, de todos los colores. Incluso por la suya y la de los suyos, apreciado presidente, para desgracia de la pobre Europa y, peor aún, para la de aquellos que sufren ahora la tortura de tener que escucharle).
Y ahora entramos en flagrante contradicción, no importa que sean párrafos seguidos, la poesía es una cosa, ¿verdad presidente?, y la prosa otra bien distinta. Dice nuestro inspirado presidente:“… YOHE VENIDO A DECIRTE que el hombre moderno, que siente la necesidad de reconciliarse con la naturaleza, tiene mucho que aprender del hombre africano que vive en simbiosis con ella desde hace milenios…” (¿No es acaso moderno el hombre africano?) Para, un par de párrafos más abajo, añadir: “… El drama de África es que el hombre africano no ha formado suficientemente parte de la historia. El campesino africano, que desde hace milenios, vive con las estaciones, cuyo ideal de vida consiste en permanecer en armonía con la naturaleza, no conoce más que el eterno recomenzar del tiempo ritmado por la repetición sin fin de los mismos gestos y de las mismas palabras.
En este imaginario en el que permanentemente todo recomienza (tiempo circular, tiempo del eterno retorno, guiño nietzscheano de nuestro ilustrado presidente), no hay lugar ni para la aventura humana, ni para la idea de progreso (asombra la pedantesca capacidad con la que calificas una aventura de humana e impones TU idea de progreso, totalitario presidente). En este universo en el que la naturaleza se impone a todo (como si la naturaleza fuese algo distinto a todo, incluso al artificio, apreciado Rosset, digno representante de la inteligencia francesa, como Deleuze, Derrida, Foucault, Kristeva, Groz y otros / otras de esa generación que nada tiene que ver con los mediáticos cortesanos de ahora, los Henri Lévy, Glucksmann o Finkielkraut), el hombre escapa a la angustia de la historia que atenaza al hombre moderno (¿será nuestro presidente un hombre moderno?), pero permanece inmóvil en medio de un orden inmutable donde todo está escrito de antemano (ya se encargan de ello las plumillas del Eliseo).
Nunca se proyecta hacia el porvenir. Nuncale sobreviene la idea de escapar a la repetición para inventarse un destino. Ese es el problema de África (desde luego, la necedad no conoce límites, además ¿no habíamos quedado que todo esto era lo que el supuesto hombre moderno tenía que aprender del africano, tan primitivo el pobre?, ¡cuánto mito reaccionario!)
Pero como, efectivamente, la necedad no conoce límites, nuestro presidente sigue solazándose en su discurso-espejo como un cerdo en un lodazal: “… El desafío de África es introducirse más en la historia. Es extraer de ella la energía, la fuerza, las ganas, la voluntad de escuchar su propia historia…” (una historia, la propia, que como bien nos ilustraba el presidente poco más arriba, la extrema generosidad del blanco en su misión civilizadora, pobre generosidad defraudada, se encargó de aniquilar y de ocultar sistemáticamente a sus protagonistas. Hubo que esperar a que llegaran los Cheikh Anta Diop, Monah James, Joseph Ki-Zerbo, Theophile Obenga,Djibril Tamsir Niane, Amadou Hampâté Bâ y tantos más hace bien poco, apenas sesenta años, para que se empezara a explorar en la propia historia. No por recomendación nuestra, europea, sino por iniciativa de los estudiosos negroafricanos. A nosotros siempre nos vino bien la ignorancia, el engaño, las teorías blancas de dominación pues nos daban sin discusión la pole-position).
“…El problema de África es dejar de repetirse, de volver atrás, liberarse del mito del eterno retorno (¿no lo decíamos antes?, ¿de dónde vendrá esta obsesión sarkozyana por el eterno retorno?, ¿le acosarán pesadillas al presidente?, ¿tendrá que enfrentarse cada mañana con su imagen, entre el sueño compulsivo y la vigilia histérica? El eterno retorno de un protagonismo del que no puede abdicar este presidente-rey…), es tomar conciencia de que la edad de oro que nunca ha dejado de lamentar, no volverá sencillamente porque nunca ha existido… El problema de África, es que vive demasiado el presente en la nostalgia del paraíso perdido de la infancia (otro mito reaccionario y estúpido: el negro como el gran niño al que hay que llevar cogido de la manita, ese que nunca abandonó el territorio de la infancia, ese de expresión simpática, siempre sonriente, pero tan ingenuo, tan inmaduro, tan «Y’a bon Banania»… sigue así presidente, tal vez consigas hacer rodar alguna lágrima francesa).
…El desafío de África (¿quién es este hombre para decidir cuáles son los problemas y cuáles los desafíos de África?, ¿es acaso el mismo hombre que hace apenas un rato nos decía que él no venía a dar lecciones?)… El desafío de África es permanecer fiel a ella misma sin quedar inmóvil. El desafío de África, es aprender a valorar su acceso a lo universal (¡toma ya!) no como una renuncia a lo que ella es sino como una culminación. El desafío de África es aprender a sentirse heredera de todo lo que hay de universal en todas las civilizaciones humanas (¿quién ha dicho que no lo haya hecho?). Es apropiarse los derechos del Hombre, la democracia, la libertad, la igualdad, la justicia como herencia común de todas las civilizaciones y de todos los hombres…” (en esto no te falta razón, exuberante presidente, y tampoco es menos cierto que los filantrópicos presidentes que te precedieron en el trono de la República, junto a sus hombres-África, sus planes África y sus africanos a sueldo, se desvivieron para ofrecer a sus ¿ex? colonias estos hermosos frutos de humanidad. ¿Es usted capaz de recordar la dadivosidad, la extrema generosidad de individuos como Pompidou, Giscard y su enfermiza devoción por todo lo que brilla, tal vez fue esta desviación suya, esta patología, la que le atrajo hacia la constitución europea, todo un diamante en bruto para quien sepa hacer buen uso de ella, ahora que el pueblo ni mira ni decide, o Mitterrand o Chirac, los cohabitantes? Aprenda de ellos presidente, aprenda sin complejos, como a usted le gusta, pero, ¿por qué no?, aprenda también de Mongo Beti, lea a Mongo Beti, tal vez, no perdamos la esperanza, pueda servirle de algo)
Dice usted también: “… El desafío de África es apropiarse de la ciencia y la técnica modernas (qué obsesión con lo moderno) como el producto de toda la humana inteligencia…” (¿Se puede ser más cínico? Si cree usted en lo que acaba de decir vaya hablando con las grandes farmacéuticas, sería la forma más efectiva ahora mismo de “apropiarse de laciencia”, y en cuanto a tecnología, procure usted tecnología a un África sin electricidad, sin agua potable, sin posibilidad de manufacturar sus materias primas, reducida por usted y sus pares a suministradora eterna de mano de obra barata y materias primas. Además, ¿no es ahora Occidente quien se apropia de los científicos y de los técnicos africanos?, ¿no es ahora el robo de cerebros lo que está de moda?, ¿no es esa la emigración selectiva que tan grata es a su aséptica inteligencia? ¡Ay presidente, cuánto aguanta la poesía y todavía más la mala, la pésima poesía que destila su asesor Guaino!).
Pero no contento todavía sigue que sigue, erre que erre: “… Las civilizaciones son grandes en la medida de su participación en el gran mestizaje del espíritu humano.
La debilidad de África que ha conocido sobre su suelo tantas civilizacionesbrillantes, fue no participar durante mucho tiempo en ese gran mestizaje. Hapagado caro este desenganche del mundo que la ha vuelto tan vulnerable… (pero qué historiador de pacotilla es ese Henri Guaino, África empezó a desengancharse del mundo justamente con la llegada de los europeos. Hasta el siglo XVI África participaba en condiciones equitativas y en ocasiones de privilegio en las relaciones intercontinentales, así pues ni el desenganche fue voluntario, ni la vulnerabilidad elegida. Pero se entiende, no nos precipitemos, había que ir preparando lo que el presidente está a punto de decir)… Pero de sus desgracias, África ha sacado una fuerza nueva mezclándose (cómo si África no hubiese hecho otra cosa en su larga historia que caminar y mezclarse, pero esperen, un poco de paciencia y verán por donde tira el presidente)… Este mestizaje, cualesquiera que fuesen las condiciones dolorosas de su advenimiento (total que más da, se trata de negros), es la verdadera fuerza y la verdadera oportunidad de África en un momento en el que emerge la primera civilización mundial (y ahora agárrense que vienen curvas):
“… La civilización musulmana, la cristiandad, la colonización, más allá de los crímenes y las faltas que fueron cometidos en su nombre y que no son excusables (gracias presidente por su inapreciable consideración), HANABIERTO LOS CORAZONES Y LAS MENTALIDADES AFRICANAS A LO UNIVERSAL Y A LAHISTORIA…” (aunque estamos rayando el colmo de lo soportable, conserven su capacidad de escándalo pues el presidente todavía nos reserva una jugosa plática. Decir que “el Islam, la cristiandad y el colonialismohan abierto los corazones y las mentalidades africanas a lo universal y a lahistoria”, ¿no les parece una pasada? Ahora resulta que los negritos han de agradecer a árabes y europeos que, aunque a costa de sí mismos, les hayan abierto los ojos y les hayan guiado en la oscuridad africana circundante. Además, ¿desde cuándo el Islam y el cristianismo y mucho menos la colonización abren algo?, olvidados y bien enterrados están los tiempos en los que tanto el Islam como el cristianismo pudieron significar apertura)
“… No te dejes, juventud de África, robar tu porvenir por aquellos que sólo saben oponer intolerancia a la intolerancia, racismo al racismo…”(ya ves presidente, justo es reconocer tus méritos, muy bien y en muy pocas palabras has sabido definir a ti y a tus pares. Es generoso por tu parte advertir de ti y los tuyos a la juventud africana pero me temo que llegas tarde: ellos y ellas ya os conocen).
Y con ese ánimo libre de la tentación de dar lecciones, continúa nuestro oracular presidente:
“… No escuches juventud de África a aquellos que quieren sacar a África de la historia en nombre de la tradición…” (¿qué ocurre con aquellos que no quieren dejar entrar a Turquía en Europa en nombre de la tradición?)
“… No escuches, juventud de África, aquienes quieren impedirte tomar parte de la aventura humana…”.
“… No escuches tampoco (¿a quién querrá este insistente presidente que escuchen?), juventud de África, a aquellos que quieren desarraigarte, privarte de tu identidad, hacer tabla rasa de todo lo que es africano, de toda la mítica, la religiosidad, la sensibilidad, la mentalidad africana, porque para intercambiares necesario tener algo que ofrecer, porque para hablar a los otros es necesario tener algo que decirles…” (Bueno, la pretenciosidad no puede ser mayor ni el paternalismo más ridículo. Agradecido has de estar para siempre, incalificable presidente, a la, esta vez sí, ancestral cortesía africana pues a estas alturas de tu monólogo, en cualquier otro lugar, o bien habrían dejado de escucharte, o bien te habrían echado a hostias. Además, y al hilo de tus impagables palabras: ¿no es todo esto que criticas lo que habían hecho, en su mortificante equivocación bien intencionada, los compadecidos y benefactores espíritus de los colonos europeos? ¿O es que hemos de entender que, en un arrebato de saludable autocrítica, recomiendas a los jóvenes africanos que no te escuchen? ¿Nos hemos perdido algo?)
Nos pides paciencia porque quieres continuar. Habla pues presidente, así saldremos de dudas:
“… Escucha plutôt (me gusta esta palabra francesa, ahora que vas a hablar de las palabras francesas), juventud africana, la gran voz del Presidente Senghor. Él decía: “nosotros somos mestizos culturales y aunque sentimos en negros, nos expresamos en francés, porque el francés es una lengua con vocación universal” (¿Es que cualquier otra lengua no tiene vocación de universalidad?, que lo sea en mayor o menor medida es otra cuestión pero ¿no tienen muchas otras lenguas, sino todas, vocación de universalidad? Flaco favor hace Senghor al wolof, no me extraña su enfrentamiento con Cheikh Anta Diop que tan bien supo defenderlo).
Pero sigue nuestro presidente diciéndonos lo que según él dijo Senghor, y esta vez los franceses ya no lloran, esta vez se corren en una sesión de onanismo colectivo frente a tanta “grandeur”, los pobres, tan desacostumbrados me los tienen últimamente. Menos mal que hay un presidente que se los recuerda, un húngaro cierto, pero menos da una piedra: ¡qué grandes sois franceses!, pero escuchen, escuchen al lírico presidente: “… Él, Senghor, decía también: el francés nos ha hecho el don de sus palabras abstractas tan raras en nuestras lenguas maternas. Entre nosotros las palabras están naturalmente nimbadas de un halo de savia y de sangre; las palabras del francés resplandecen con mil fuegos, como los diamantes (¡Aaagh!, …presidente, ¡aaagh!,no siga por favor, …¡aaagh!, no siga, ¡aaagh!!...) Son bengalas que iluminan nuestra noche…”.
(Decididamente, presidente, no tienes vergüenza. Te has construido tu monólogo a la medida de tus franceses, no de todos, afortunadamente, aún queda esperanza, poca pero algo queda, tal vez por ella escribamos, tal vez por ella dedico tiempo a buscar argumentos en tu contra. Perteneces a una derecha con la que hay que argumentar, en mi país en cambio argumentar con la derecha es rebajarse tanto intelectualmente que deviene tarea imposible. La ventaja de la derecha española es que es tan estúpida que ni discrepar se puede con ella. Digamos que están a salvo del argumento. De todas formas permíteme que te recomiende la lectura de las obras de Cheikh Anta Diop, él demostró, con aparente facilidad, la capacidad de abstracción de una lengua como el wolof. Esa capacidad que, según nos cuentas, tanto le costaba encontrar a Senghor, ese gran poeta-presidente amigo y cómplice de los franceses)
“… Así hablaba Léopold Senghor, ese gran poeta y ese gran africano que quería que África se pusiese a hablar a toda la humanidad y que escribía en FRANCÉS poemas para todos los hombres (no me queda otra que subrayar pues en justicia creo que hasta el propio Senghor, ese amante de Francia, se revolvería en su tumba si le escuchase decir estas cosas en su nombre, irrefrenable presidente. O sea, si me he enterado bien, sugieres que Senghor quería que África -¿toda África?- se pusiese a hablar y a escribir poemas en “francés” para todos los hombres y mujeres que fueron, son y serán en este sufrido planeta. Al imperialismo por la poesía, confieso mi amado presidente que no he sabido apreciar la finura, la sutileza de tu pensamiento pero aunque te parezca excesivo, permíteme un consejo: consúltalo antes con los ingleses, portugueses, holandeses, belgas, españoles, estadounidenses, rusos, chinos y demás familia impero-colonial, porque mucho me temo que no compartirán tu delicado extravío)
Pero volvamos al tema que nos ocupa que no es otro que el arrebato de este poeta cíngaro que, ocupando íntegramente el lugar de Senghor, hablando, como acostumbra, sin permiso ni rubor en el nombre de otro, nos ofrece la lista de temas que, según él, recomendaría Senghor a toda el África poética. Un rosario de lugares comunes que sólo deja lugar al mito que, como ya nos tiene acostumbrados el presidente, se encargará él mismo de destruir unos párrafos más abajo.
Así Sarkozy, en nombre de Senghor no lo olvidemos, nos propone, ÚNICAMENTE, “… poemas que son cantos y hablan a todos los hombres de seres fabulosos que guardan las fuentes, cantan en los arroyos y se esconden en los árboles. Poemas que les hagan escuchar las voces de los muertos de la aldea y de los ancestros. Poemas que les hagan atravesar bosques de símbolos y remontar hasta las fuentes de la memoria ancestral, que cada pueblo guarda en el fondo de su conciencia como el adulto guarda en el fondo de la suya el recuerdo de la felicidad de la infancia…”.
Aquí quería llegar bien cogidito de tu mano presidente, una vez más el mito blanco del África infantil. Y para que no quede ninguna duda tú, haciéndote los honores, insistes: “… África ha hecho recordar a todos los pueblos de la tierra que habían compartido la misma infancia. Ella les ha despertado a los goces simples (¿qué otra cosa sino simpleza podemos esperar de los pueblos primitivos?), a las alegrías efímeras (ya se sabe, poco dura la alegría en la casa del pobre, menos aún en la del empobrecido) y a esa necesidad de creer antes de comprender, de sentir antes de razonar, de vivir en armonía antes que en la conquista (osadía presidencial, ¿no hallarás tus límites?), no ahora desde luego porque continúa: aquellos que juzgan atrasada la cultura africana, aquellos que consideran a los africanos como niños grandes (una blanca consideración), han olvidado que la Grecia antigua, que tanto nos ha enseñado acerca del uso de la razón (primero hay que tenerla, entrañable presidente, para después aspirar a usarla), tuvo también sus brujos, sus adivinos, sus cultos mistéricos, sus sociedades secretas (¿qué otra cosa son, presidente, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, por citar sólo algunos ejemplos de brujería financiera, sino sociedades secretas que reparten por el mundo sus adivinos-trileros, provistos de las Tablasde la Ley del Ajuste, en una búsqueda nada misteriosa de economías a las que poder ayudar desde su particular culto a la usura y el expolio?), sus bosques sagrados y su mitología que venía del fondo de los tiempos y de la que extraemos todavía un inestimable tesoro (no será porque no lo hayamos advertido) de sabiduría humana…”.
Resulta una provocación innecesaria, salvo para chulos como tú, napoleoncito, hablar de aquellos que consideran a los africanos como niños grandes y no sólo no desautorizarlos, sino aplaudirles implícitamente al sostener que no se equivocan, que no comenten falta alguna, sólo olvidan -pobrecitos, igual que los corazones dadivosos e incomprendidos de los colonos franceses- que la Grecia antigua también lo fue. Esa Grecia maravillosa, hacedora de la razón, nacida del Espíritu Santo, por obra y gracia, por generación espontánea, sin influencias bárbaras que la mancillasen. Esa Grecia pedante, cuna y faro de la humanidad, lugar donde se gestó la única civilización que nuestro magnánimo presidente es capaz de tolerar: la civilización occidental. Esa Grecia también fue niña, y lo fue POR LO MISMO que HOY, en vuestro lamentable olvido, consideráis grandes niños a los africanos. Claro que Grecia, no se nos ocurra olvidarnos de esto, ¡nos enseñó tanto sobre el uso de la razón!, esa razón que los africanos no necesitan porque prefieren “sentir antes que razonar”, “creer antes que comprender”, “estar en la armonía antes que en la conquista”. Vomitivo Me.Le President, tus palabras no pueden y no lo pretenden tampoco, ocultar, tamizar siquiera, ese rancio paternalismo occidental. ¿Hasta cuando habremos de soportar ese tufo de superioridad griega, una civilización, una cultura, deudora de otras culturas milenarias como la egipcia, la mesopotámica, la persa, la de kerma, la fenicia… etc, sin las cuales no habría surgido y de las cuales no es sino mero apéndice? Apéndice cuyo mérito mayor fue enseñarnos a ver la vida con ojos laicos, mérito enorme si de algo nos hubiese servido pero, visto lo visto, ni eso. ¿No has visto acaso a tu jefe, ese gran augur, a quien tanto te preocupa halagar, a quien tratas de seducir poniendo a Francia definitivamente en sus manos con una premura y una disposición digna del mejor británico, rezar junto a sus acólitos, esa banda de mafiosos, momentos antes de lo que ellos llaman consejos de gobierno? ¿No le has oído decir, a ese gran chamán, que escucha a su dios, que mantiene con su dios una línea de comunicación directa?, ¿debería recordarte que por patologías parecidas, escuchar voces, hay gente encerrada en los psiquiátricos del mundo?
Ya lo decía Goya, el sueño de la razón engendra monstruos, la pena es que vuestros monstruos son más bien hijos de la estupidez, desteñidas formas que producen más daño por su exceso de defecto que por el defecto de su exceso, porque hasta los monstruos tuvieron alguna vez cierta categoría que vosotros, también, os empeñáis en negarles…
Nota:Todas las palabras y / o frases en mayúscula, a lo largo del texto, son subrayados del autor.