En el camino de nuestras relecturas hemos arribado a ‘Ven a África y salva tu matrimonio’. Libro de 14 relatos de María Thomas, escritora norteamericana que -según se lee en la solapa de la editorial Alfaguara que sacó la obra en 1989- nació en 1941 revelándose como ‘escritora de más brillante presente’ tras la publicación ‘Antonia saw the oryx first’. Así decía la empresa editora. Aunque, por lo que hemos podido averiguar en Internet, el fulgor de aquel presente no ha llegado, atravesando el tiempo, al porvenir.
El rótulo del libro se toma del título del primer relato, que nos habla de una pareja estadounidense que llega a África con el fin de salvar su matrimonio. Objetivo que no consiguen retornando al hogar patrio sabiendo que no van a volver a vivir juntos. En la narración no nos dice por qué hizo aguas su convivencia en yanquilandia, ni que es lo que les empujó a separarse, aun más, en la tierra africana. Lo cierto es que el cuento nos la presenta, ya, como una pareja malavenida en la que él, el marido, tiene una amante, la amiga de su mujer y ella un amante, un alumno africano del marido. El ambiente que se nos describe de la pareja es casi melodramático. Y unido a una casa donde impera la suciedad y el deterioro de muebles y personas forman un cuadro de gente marginal donde los niños de la familia, y de otra que convive con ellos, se pegan, dan gritos, tiene piojos, los comen las moscas y hasta se cagan en los platos de la comida y a la hora misma de comer. Como pueden oler los lectores tiene algo de escatológico el relato y otros de este libro.
En fin, no se entiende muy bien que esos habitantes lleguen a tal grado de degradación cuando se nos dice que son profesores de universidad. Pero… la vida puede ser asi… hay… ‘gente pa to’, como dijo el torero.
Los relatos tienen de común denominador el ambientarse en África, en África oriental: Etiopia, Zimbabue, Tanzania, Kenia… salvo uno que lo hace en Nigeria, quizás el más logrado sin bien un tanto típico y tópico. Todos narrados en primera persona por la mujer que lo cuenta o recuerda. Todos, absolutamente todos, describen un África negativa, negra de verdad, según la óptica del foráneo, en este caso de la foránea. Y todos, absolutamente todos, nos dan la impresión de ser bocetos de algo que la escritora quedó sin desarrollar. Como si en su cabeza anidara un proyecto de novela o cuento más amplio y acabado donde personajes que andan por ahí se pudieran engarzar en un cuerpo con asideros profundos y no con hilvanes que no unen los remiendos. Por ejemplo: en el relato que comentamos aparece de improviso una pareja de suecos que le invitan a comer y no sabemos que hacían por allí; o se cita a algunos otros sin saber por qué ni qué son.
Nos costó meternos en la primera lectura y en esta segunda… también. Quizás sea la traducción de Carmen Franci Ventosa. Quizás. Más nos inclinamos a que no logra trasmitir la autora lo que tenía en su mente.
No aparece comentario alguno en toda la red sobre la obra. Y es que el que esto escribe, un servidor de ustedes, tiene sus limitaciones pero que críticos profesionales no hayan hecho mención alguna… y para más INRI ninguna persona haya escrito una palabra sobre estos relatos… da que pensar…
Tendríamos más pegas que poner al libro de Maria Thomas pero…
Pero todo libro tiene algo positivo: destellos de oro en una cueva negra que, no obstante, ni por esas se convierte en residencia luminosa. Y seríamos injustos si no los mencionáramos. Pondremos aquí algunos. Ya hemos puesto en la red, con anterioridad, otros.
Veamos una de esas vetas de la página 160:
‘Tuko peponi: “Estamos en el cielo”, mujer. Pero sí, también, “somos parte del viento”, invisibles. Eso es bonito: “cuando estamos juntos, formamos parte del viento.” En ese caso, debes preguntarte qué cosas nos mantienen quietos, nos sujetan a la tierra. Si eres parte del viento, serás arrastrada, a veces con suavidad, pero otras con peligro, como durante una tormenta. Naturalmente, ahí reside la belleza de la poesía: tantos significados en palabras sencillas’.