En 1995 la editorial Txalaparta le publicó a Mía Couto un libro de crónicas titulado ‘Cronicando’. Fue su primera obra traducidaal castellano. Por cierto, Mía es un escritor, y no escritora, nacido en Beira (Mozambique) y un autor blanco y no negro. En el África negra algunos de los que escriben no son de raza negra sino blanca. Como por ejemplo la sudafricana Nadine Gordimer. Premio Nobel. Como Premio Nobel fue el nigeriano Wole Yoyinka. Pero negro.
Tras la independencia, en Mozambique, como en otros estados africanos, hubo un cambio de nombres de pueblos, ciudades, montes… Fueron borrados los bautizados por la colonia y sustituidos por vocablos africanos. Reacción natural que a veces llevaba a extremos ridículos. Este cambio desaforado de nombres, esa liberación radical de antiguas nomenclaturas coloniales, la trata el escritor mozambiqueño con cierta ironía en una de sus crónicas en la que aparece su nombre y apellido africanizados: MYA KOWTO. Ironía que no desaparece de ninguna de sus 48 crónicas de ‘Cronicando’ que nosotros hemos puesto con k, para más INRI.
¿Qué podemos decir más de lo que ya se ha dicho sobre este libro? ¿Qué añadir para que el lector se interese por esta colección de crónicas? Poco. Si acaso decir que en esta relectura (porque lo es) hemos saboreado más si cabe la tierna poesía que se desprende en cada capítulo, donde los personajes que los pueblan son acariciados para que su desgraciada travesía por la vida sea menos dolorosa; hemos visto pasar frente a nosotros, resaltados a veces con un toque surrealista, los males de su patria: la corrupción, laguerra, los bandidos, los ladrones, los prejuicios, el dogmatismo, el racismo, el hambre… Del hambre podemos leer lo que dice un personaje:
-Los dientes sólo me faltan para reírme. Inclusosi los tuviera todos, ya no tendría trabajo que darles. ¿Qué es lo que tragoahora? Saliva y nada más.
Se nos viene a la memoria, según escribimos, a la abuela de la aldea que acude a la ciudad a ver a su familia y la encuentra acomodada y encumbrada, con todas las comodidades, cosa que le parece bien pues se hace a pregunta:
-¿La independencia, en el fondo, no había sidopara que el pueblo viviera bien?
Pero luego le vienen las dudas:
-¿Todas estas cosas, yerno mío, de dónde vienen?
-Son horas extraordinarias.
Un día sale a la calle de la ciudad y vio la miseria por todas partes alargándole la mano para que depositara una limosna. Y lloró. Por la noche la televisión retransmitía un reportaje sobre la guerra mostrando a bandidos armados y sus fechorías. Y con el bastón hizo pedazos el televisor.
-Los maté, malditos.
Pero aun hace más, ante el enfado del yerno por haberle destruido la televisión:
-Tú cállate. ¿No te da vergüenza? Hay bandidospaseándose aquí en tu sala y tú no haces nada.
Y se volvió a su tierra y no se supo más de ella, dice el autor.
Es una de sus crónicas.
Hay otra en la que una joven llega a su casa con una insignia de Carlos Marx en el pecho y el padre le da una paliza por haberse enamorado de un blanco y además barbudo; o la del mendigo que detienen con un ato de libros de Marx, Engels, Troski, y Che Guevara que le ha regalado un hombre acomodado, quien declara a la policía que no los quiere ya por eso los ha regalado; había llenado variasestanterías con esa clase de libros y nunca los había leído; o la crónica del marxistinistaapodado así, según se lee, por respeto al marxismo; un personaje que ‘habíacontemplado la vida, sin gusto por las vivencias’; no nos olvidamos de la crónica del que vive solo en un basurero de donde come, hasta que un día oye a alguien que le quiere disputar su despensa y lo busca desesperadamente para defender su estómago de extraños: es un cerdo; al final se hacen amigos y el guarro le sirve de husmeador de comida…
En fin, crónicas deliciosas que hay que leer.Crónicas en las que intercala palabras inventadas de mucha enjundia: furiabundante, malbució, pasagentío, ondulandante, peceando, husmehuyendo, amandinarado, salpringando, trivergencia… Junto a frases dignas de resaltarsecomo: ‘¿La llovizna es una brizna de lluvia?’, ‘En el vidrio de la mañana, elsol, con su tibia toalla de luz, viene a limpiar el agua soleada’, ‘Por quéserá que la vida, cuando sufre, siempre busca el agua’, ‘Esa sangre reciente,todavía mojada de vivo’, ‘Inmóvil, contemplaba el mar con la lentitud de las islas’, ‘Quien imagina es porque no se conforma con el real estado de la realidad’… Y para terminar la frase que subraya en el prólogo Fernando Dacosta:‘¿De tanto gritar, ¡Abajo la explotación!’, son solo los bajitos los que pasana ser explotados?’. Fin.