miércoles, 08 de junio de 2011

Al abrigo de la Revolucción Francesa, en las colonias de ultramar, surgieron movimientos de colonos que reivindicaban mas libertad; y representantes de estos movimientos acudieron hasta Francia en la esperanza de conseguir sus demandas. De lo que hoy se llama Haití también se acercaron, hasta los diputados de la Asamblea Nacional, distintos voceros de organizaciones de colonos blancos y de mulatos. Los portavoces de los hacendados blancos se reunían en el Club Massiac y los voceros de los mulatos en la Sociedad de Amigos de los Negros fundada en 1783 a fin de combatir la esclavitud.

Y algo, poca cosa, consiguieron.

En los debates en torno a la colonia de Santo Domingo (hoy Haiti) hablaron Mirabeau, Robespierre, el abate Gregoire, Petion y otros, muy sensibles a estos habitantes de color de la colonia. Se sacó un decreto de fecha 28 de marzo de 1790 que Barnave, con su astucia, dejó en el aire algunas preguntas sin responder; por ejemplo: si los hombres de color eran electores, o si eran hombres, o si el decreto que decía que eran electores 'aquellos hombres adultos propietarios de inmuebles, o en su defecto de tal propiedad, domiciliados en la parroquia desde dos años y pagando una contribución', no los nombraba, no le concernía a ellos el derecho. Aimé Cesaire dice que el silencio 'dejó entender a los unos (los blancos) y a los otros (los mulatos) que los complacía. Y eso 'era prometer lo mismo a dos personas, o lo que es igual, desatar, a plazo fijo, una guerra.'

Y Aimé Cesaire, dice a continuación: 'Dura la lección para los mulatos. Se habían imaginado encontrar una Revolución Francesa audaz, aplicando imperturbablemente, y con lógica, su doctrina de los Derechos del Hombre y hallaron una asamblea prudente, calculadora, cautelosa incluso.'

Algunos mulatos se impacientaron y quisieron tomar el decreto por las bravas. Así hizo Vincent Ogé. Y de esta manera lo cuenta Aimé Cesaire (1):

"Tan pronto como el decreto de marzo de 1790 fue dado a conocer, Vincent Ogé, mulato de Santo Domingo, después de una breve estancia en Francia, resolvió regresar a su país, a compartir con los hombres de color el disfrute de los derechos que se felicitaba de haber contribuido a hacerles reconocer. Pasando por Inglaterra y Estados Unidos, llegó a Santo Domingo el 23 de octubre de 1790 y halló la manera de desembarcar en el Cap. Al día siguiente de su llegada fue con uno de sus amigos, Chavannes, a su casa situada en la parroquia de Dondon donde lo esperaban sus amigos previamente advertidos de su escapatoria. Sin perder tiempo llevó sus reclamaciones a Peynier, gobernador de la colonia, y al presidente de la asamblea provincial. En su misiva a Peynier mostraba su sorpresa por no haberse promulgado en la colonia el decreto del 28 de marzo, atreviéndose a amenazar:

-No, no, no, señor conde, no seguiremos bajo el yugo como hemos estado desde hace dos siglos: se ha quebrado la fusta de hierro que nos azotaba. Reclamamos la ejecución de este decreto; evitad, pues, por vuestra prudencia un mal que no podríais calmar. Mi profesión de fe es hacer ejecutar el decreto que he ayudado a conseguir; rechazar la violencia por la violencia y, en fin, liquidar un prejuicio tan injusto como bárbaro.

En su carta al presidente de la asamblea del Norte, se defendía de la imputación que se le hacía de querer sublevar a los esclavos:

-Aprended a valorar el mérito de un hombre cuya intención es pura. Cuando he solicitado de la Asamblea Nacional un decreto que he logrado en favor de los colonos americanos, de antiguo conocidos por la etiqueta  insultante de 'mestizos', no metí en mis demandas la suerte de los negros que viven en la esclavitud. Vosotros y nuestros enemigos habéis envenenado para hacerme caer en descrédito a los ojos de las personas honradas. No. no, no, señores, no hemos abogado más que por una clase de hombres libres, que estaban desde hace siglos bajo el yugo de la opresión. Exigimos la puesta en vigor del decreto del 28 de marzo. Persistimos en su promulgación, no cesaremos de repetir a nuestros amigos que nustros adversarios son injustos y que no saben conciliar sus intereses con los nuestros.

Como era de esperar, tales mensajes nada arreglaron. La asamblea provincial del Norte se reunió en sesión extraordinaria con la asistencia de los jefes militares. Y con la excusa de que Ogé había tomado la iniciativa de una agrupación ilegal, puso a precio su cabeza.

En conclusión: días mas tarde, una tropa de 1.500 hombres dispersaba a los amigos del lider mulato, el cual se refugió en territorio español. Enseguida la asamblea del Norte exigió su extradicción.

Las cosas no se calmaron: entregado, juzgado, condenado, dos meses mas tarde, Ogé era llevado al suplicio con considerandos memorables: la corte declaraba a Vincent Ogé convicto de haber premeditado el proyecto de sublevar a las gentes de color con la complicidad de Chavannes, para reparación de lo cual, condenaba a 'los nombrados Vincent Ogé, joven cuarterón de Dondón, y a Jean-Baptiste Chavannes, cuarterón libre de la Grande Rivière, a ser conducidos por el ejecutor de la alta justicia delante de la puerta principal de la iglesia parroquial de esta ciudad y allí, con la cabeza desnuda, y en ropón, con la cuerda al cuello, de rodillas, y llevando cada uno en la mano una tea de cera ardiente de un peso de dos libras, pedir perdón y declarar en voz alta e inteligible que es malvada, temeraria e imprudentemente cómo cometieron los crímemes de los cuales están convictos, que se arrepienten y piden perdón a Dios, al rey y a la justicia: hecho esto, serán llevados a la plaza de armas de esta ciudad, en la parte opuesta al lugar destinado a la ejecución de los blancos, y allí se le romperán los brazos, piernas, caderas y riñones, sobre un cadalso que será levantado para este efecto, y allí expuestos por el verdugo de la alta justicia todo el tiempo que a Dios le plazca tenerlos con vida; realizado todo esto, les serán cortadas las cabezas y serán colocadas en postes; a saber: la del nombrado Vincent Ogé, el joven, en el camino real que conduce a Dondón; y la de Jean-Baptiste Chavannes, en la vereda que termina en Grande Rivière, frente a la casa de Poisson'.

Lo que fue hecho con minuciosidad infinita y escrupuloso respeto al ritual, el 25 de febrero de 1791."

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(*)http://elantillano.com/index.php/6-las-esclavitud-en-saint-dominguelos-abolicionistas-franceses-y-la-insurreccion-de-oge/

(1) Aimé Cesaire en 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial'. Ensayos. Instituto del Libro, La Habana, 1967



Publicado por Senocri @ 20:01
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Publicado por el_trampero
viernes, 10 de junio de 2011 | 4:41

A ver si aprendemos a no pedir arriba lo que vamos a hacer los de abajo.