Lunes, 04 de julio de 2011



Cr?ticos


El brutal expansionismo de la ?ltima d?cada, la sangr?a de Medio Oriente y la chocante reivindicaci?n imperial de los neo-conservadores han desatado reacciones cr?ticas, que desbordan el patr?n liberal. Estos cuestionamientos no objetan s?lo la oportunidad de las invasiones o sus excesos, sino tambi?n el propio accionar del imperialismo. Tal como ocurri? en la ?poca de Vietnam, estos rechazos son promovidos por ciertos soportes tradicionales de la pol?tica exterior.

Algunos ex funcionarios han quedado conmocionados por la barbarie imperial y proponen medidas radicales para contener esa degradaci?n. Postulan el retiro inmediato de Irak, el cierre de las bases militares y la anulaci?n de los privilegios extraterritoriales de las tropas estadounidenses. Tambi?n proponen introducir un f?rreo control democr?tico de los servicios secretos e ilegalizar las armas m?s peligrosas.

Este enfoque considera que el imperialismo es una desgracia. Ha corro?do la vida norteamericana durante el siglo XX y conduce al declive del pa?s. Destruye las tradiciones democr?ticas y conduce a la instalaci?n de formas dictatoriales. Postulan detener esta involuci?n eliminando paulatinamente la estructura imperial, mediante un camino que conduzca a repetir el curso seguido por el precedente brit?nico. (13)

Pero esta soluci?n omite que Inglaterra no se deshizo voluntariamente de sus posesiones de ultramar. Fue obligada a abandonar esos territorios por el debilitamiento sufrido durante la Segunda Guerra y por la sucesi?n de derrotas padecidas frente a la resistencia anticolonial.

Gran Breta?a pudo procesar su repliegue -sin renunciar por completo al intervencionismo externo- por la asociaci?n gestada con un sustituto norteamericano, que actualmente no cuenta con esa opci?n. La reiteraci?n del camino ingl?s choca, adem?s, con el novedoso rol de superpotencia protectora del capitalismo global, que ejerce el Pent?gono. Esta funci?n dificulta su abandono de la primera escena.

Otros cr?ticos con larga trayectoria en la historiograf?a conservadora (y experiencia personal en la actividad militar), consideran que el expansionismo imperial conduce a la auto-destrucci?n. Estiman que las invasiones de los ?ltimos a?os han enredado a Estados Unidos en una madeja de incontrolable belicismo. Este tejido genera enemigos desde la propia estructura militar (como lo prueba el caso de los talibanes) y destruye el esp?ritu de progreso que forj? a la naci?n. (14)

Pero ese militarismo no es tan s?lo culpa de las ?ltimas administraciones. Expresa necesidades econ?micas y pol?ticas de las clases dominantes, que no pueden revertirse con simples advertencias. La pol?tica imperial norteamericana est? determinada por el lugar que ocupa el pa?s en el orden capitalista mundial. Este rol tiende a reciclarse por las ganancias que obtienen las elites estadounidenses. Estas clases dominantes lucran con los privilegios que genera el manejo de los resortes militares del planeta. Desde ese lugar pueden ejercer un chantaje may?sculo sobre cualquier enemigo, rival o adversario.

Algunos analistas cuestionan la existencia de estas ventajas y subrayan las consecuencias negativas de cargar con responsabilidades imperiales. Entienden que esos efectos pesan en el plano econ?mico (menor productividad) y pol?tico (creciente desprestigio). Se?alan, adem?s, que la renuncia a esas prerrogativas resultar?a ampliamente conveniente. (15)

Pero esta deducci?n es tan abstracta como enga?osa. Estados Unidos no s?lo cumple un rol objetivamente dominante en el escenario mundial, sino que adem?s usufruct?a de esa supremac?a. No es muy sensato suponer que ejercita esa funci?n por una compulsi?n indeseada. El Pent?gono y el Departamento de Estado act?an cotidianamente a favor de las empresas norteamericanas y custodian los beneficios que genera esa dominaci?n.

La acci?n imperial es una necesidad y no una opci?n del sistema imperante. Estados Unidos cumple este rol para asegurar la reproducci?n del capitalismo y facilitar la primac?a de sus propios intereses. Al igual que sus antecesores, el imperialismo contempor?neo necesita recrearse a trav?s de la guerra. Lo que ha cambiado son los destinatarios y las formas de ese desenvolvimiento b?lico. Las sangrientas confrontaciones entre las grandes potencias han quedado sustituidas por devastadoras invasiones imperialistas, que coordina el mando norteamericano.

Estas intervenciones se suceden con cierta periodicidad, para restablecer un orden socavado por la propia opresi?n. Un sistema de explotaci?n de los pueblos oprimidos genera turbulencias y exige contar con un ej?rcito siempre disponible para controlar el petr?leo, los minerales y las materias primas, en las zonas m?s calientes del planeta.

Como estas acciones incrementan la desigualdad, desintegran las estructuras econ?micas y pulverizan los sistemas pol?ticos, cada acci?n imperial acrecienta la cuota usual de violencia. La magnitud de estos atropellos cambia en las distintas coyunturas, pero el belicismo es tan estructural, como la competencia por beneficios surgidos de la explotaci?n.


VIERNES 1 DE JULIO DE 2011

(especial para ARGENPRESS.info)


Publicado por Senocri @ 13:02
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