Viernes, 28 de octubre de 2011


(El libro 'Aventuras en Africa' de Kurt Lütgen es en realidad una biografía de Mary Kingsley tomada de los libros por ella escritos. Es un libro para jóvenes, para jóvenes de hace 40 años. No tiene mucha emoción, la verdad. Y como no sabemos alemán no podemos achacárselo al autor o a la traductora, Mª Pilar García Lillo. Pero tiene algún que otro acontecimiento de la vida de la aventurera inglesa reseñable. Por ejemplo: esta sorpresa en plena selva gabonesa)

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"Justo cuando al acabar el tercer acto iba a gritar palmeando: ¡Otra vez, otra vez!, me asusté como si me hubierea tocado un fantasma. Detrás de mi oí una voz en el mejor inglésd de Oxford, que decía:

-¿Una comedia muy entretenida, verdad, respetable señora?

¡Cómo no iba a estremecerme! ¿Hay alguien capaz de hablar con tanta delicadeza en el Rembwe? Al volverme vi un hombre de tez negra sobre el banco de arena en que se hallaba varado nuestro barco. Estuve a punto de tomarle por un inglés que por cualquier contratiempo hubiera caído en una cuba de negro azabache, que hubiera perdido sus pantalones y hubiera tenido que adornar su parte inferior pintorescamente con un mantel. Éste era de un blanco impecable igual que el resto de su indumentaria. Llevaba una chaqueta blanca también impecable, y de corte elegante que le sentaba como hecha a la medida, una camisa no menos blanca y una flamante corbata. así como un ligero sombrero de fieltro gris claro, como los que utilizaban en aquella época los gentlemen blancos en las regiones tropicales.

Mientras yo seguía contemplándole como si fuera una aparición, con una mano se quitó de la boca su enorme cigarro puro y con la otra levantó el sombrero con elegancia y dijo:

-¿Me permite que fume, respetable señora?

-Oh, por favor -tartamudeé. Fue todo cuanto se me ocurrió, ya que aun no me había repuesto de la impresión.

-¿Me permite? -prosiguió, ofreciéndome su pitillera.

-No, gracias -contesté aun asustada.

-Por favor disculpe -rogó- Hoy en día son muchas las damas que fuman. -Luego preguntó qué me gustaba mas: Liverpool, Londres o París...

-Creo que París. Pero también las otras ciudades tienen su atractivo.

-Así es. En el St. George Hall londinense, por ejemplo, hay muchas y buenas obras de arte.

Asentí, pero añadí que prefería la National Gallery porque poseía muchas obras representativas del arte italiano primitivo. Esta delicada observación me pareció muy acertada para demostrar a mi interlocutor que sabía moverme a la misma altura de su conversación. Durante la siguiente media hora pude seguir manteniéndome de forma aceptable a tal altura. Pero el educado caballero me hizo sudar bastante, perdón, transpirar, hasta que por fin, después de acabar con la caza de las cabras, Obanjo y su gente regresaron a bordo.

Sin ceremonias echaron los animales a la bodega. Luego Obanjo se quitó el sombrero ante mi nuevo conocido, quien respondió al saludo con evidente indiferencia.

-Presenteme a la dama -dijo el señor negro a Obanjo. Aquello fue ya demasiado para mi buen 'capitán Johnson'. Puso la punta de sus dedos en la frente y se fue refunfuñando.

-Lamento infinito, respetable señora, no tener aquí una de mis tarjetas. No se me ocurrió pensar que pudiera necesitarlas en esta zona tan remota. Mi nombre es Príncipe Makaga.

Con una pequeña inclinación, lamenté encontrarme también sin tarjetas por el mismo motivo y le dije mi nombre. Mientras, Obanjo soltó las amarras del barco. No tuvimos mas remedio que interrumpir nuestra conversación y nos despedimos con el debido ceremonial. Espero no haber desprestigiado demasiado a la corte de St.James durante aquel rato tan divertido.

Cuando ya no podía oirnos, le pregunté a Obanjo quién era. Se rió despectivamente, volvió a tocarse la frente con los dedos y dijo con desprecio:

-¡Pobre hpombre M'pongwe! Durante un tiempo fue agente de una gran firma europea en Libreville y es cierto que ha estado un par de veces en Europa. Luego el 'príncipe' pensó que dedicándose al comercio por cuenta propia podría ganar mas dinero, abandonó la firma e inició su comercio en esta región. Al principio, sus negocios marcharon bien, pero hace poco -a causa de mujeres, según creía Obanjo- había perdido bastante dignidad y crédito."

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(*) El libro 'Aventuras en Africa'(*) ('Aventuras en Africa. Por tierras de antrófagos y gorilas' de Kurt Lütgen; páginas 136, 137 y 138; Barcelona, Madrid, Editorial Noguer, 1975)


Publicado por Senocri @ 13:49
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Comentarios
Publicado por el_trampero
Jueves, 03 de noviembre de 2011 | 3:59

Me parace que tiene bastantes contradicciones el relato. Aunque sin conocer África es posible que simplemente yo sea el que no entiende.