Martes, 02 de diciembre de 2008

Por José Mª Amigo Zamorano


(a) Catalogación sectaria

Apenas dio quince pasos después de hablar con un joven obrero al que conocía, cuando llegó hasta sus oídos un sonido que no era ni palabra, ni cántico, ni silbido, siendo todas esas cosas a la vez y algo más: una notable mezcla de alegría desbordante y nostálgica rebeldía. O eso creyó él.
Miró hacia atrás. Hacia el obrero. A pesar de estar seguro de que el origen no estaba allí. Lo pensaba al haberle parecido, como le pareció, un ser sumiso y obediente. Buena persona, eso si. Bondadoso, además. Pero nada inclinado, creía, a arrebatadas rebeldías.
Esta fue la conclusión a la que llegó; este el retrato que extrajo del obrero... qué le iba a hacer.
Alguien podría pensar que su manera de clasificar a las personas era muy simple. Sectaria, quizás. Y lo era. Porque siempre estaba soñando con manifestaciones y movimientos revolucionarios en donde masas obreras tendieran por el suelo al sistema capitalista en oleada incontenible. Y sabiendo, como sabía, que para esto se necesitan hombres valientes y arrojados, dispuestos a arriesgar la vida por esa causa, es por lo que catalogaba a los interlocutores como sumisos o rebeldes, de inmediato. Y le gustaban, claro está, más los rebeldes, presuponiéndoles disposición a tumbar este Capital con mayúscula de donde brotan crisis, como en la que estamos ahora inmersos, que lanzan al paro, a la pobreza, incluso al hambre, a millones de personas.
El obrero seguía subido en la máquina haciendo zanjas. Un trabajador polivalente, según le había contado: zanjero, cableador, hormigonero... En fin, un esclavo valioso al que la crisis, aún, no había echado del curro.

-Seguiré mi derrota andariega... -musitó.

Pensando después de pronunciada la palabra 'derrota' que nunca estuvo mejor puesta en sus labios dicho vocablo, aunque en otro sentido... Hacía años que caminaba derrotado, vencido... Ningún sueño de libertad por el que luchó llegó a materializarse. De manera, que, su derrotero, en este caso, proseguía derechamente encaminado, como dolorosa espina, a la herida de su derrota.

(b) Sin certidumbre alguna

Si bien, en este momento, precisamente en este, en el que su cuerpo recibía el sol de un otoño luminoso y cálido, no pensaba ni en vencimientos, ni en dolores, verdeando, como verdeaba por doquier, con el color que dicen de la esperanza, la dulce otoñada. Siendo un recordatorio de que volverá a retornar la primavera. Por todo ello, él, al contrario, caminaba henchido de gozo, pleno de bienandanza, al comprobar que, a pesar de los pesares, la vida coninua. Y mientras hay vida hay esperanza...
Llegó a sus oídos un sonido parecido al anterior. Más agudo, tal vez. Pareciole distinguir, sin estar del todo seguro, sin certidumbre alguna, la palabra 'libre'. Y seguido de un silbido o alarido o...

-Vaya usted a saber... -se dijo.

Y nada más. Eso fue todo. Pero inquietante. Inquietante como la sombra que produjo una nube al ocultar un instante el sol. El cual, por fortuna, volvió a lucir de nuevo su poder, para regocijo de caminantes que, como él, andaban a tales horas recreándose, pasito a pasito, entre el oro valetudinario que desprendían los árboles de sus ramas.

Se quedó quieto. Prestó atención por si acaso el sonido volvía a repetirse. Al tiempo que escudriñaba con sus ojos puertas, ventanas... cualquier rincón que apareciera a su mirada.
Efectivamente, sus oidos tornaron a captar ese sonido... ni palabra, ni silbido, ni cántico. Y que tenía todas esas características. Se fue tras el rastro que el viento le trasmitía, se sintió impelido a seguirlo, sin saber por qué...

(seguiráGui?o



Tags: Relato, José Mª Amigo Zamorano, cuento, narración

Publicado por Senocri @ 17:21
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
S?bado, 06 de diciembre de 2008 | 16:22
?Caramba! Ahora s? que me qued? enganchado.Seguir? leyendo de inmediato. (Aunque algo recuerdo de una negra en el arroyo)