S?bado, 06 de diciembre de 2008

(g) La Realidad es otra

Pero la realidad está ahí: Los hombres entran y salen de la casa con muebles que llevan, supone, hasta el camión de las mudanzas. Hablan poco. Sudan mucho. Y si, por un casual, se tropiezan o estorban, intercambian, alegremente, unas palabras.
Con esos detalles, con semejantes indicios, no podía concluir que... esos negros... infelices, infelices... lo fueran mucho... La verdad sea dicha.

-¡N'Komo! ¿No sabes dónde está Pedrito? No lo encuentro, joder. ¡Ah! Y sube a ayudarme a bajar la consola africana. ¡Enseguida!

Oyó que gritaban desde dentro de la casa. Por el timbre de voz debía de ser el hombre blanco de la entrada...

-Ese tono imperioso... -pensó- no me gusta... pero nada.

Un negro que lleva una silla la dejó en el suelo y gritó a su vez yendo a la puerta de la casa:

-¡Voy, voy! ¿A Pedrito?... ¡No! ¡No lo he visto¡ Pero no se enfade. Ya sabe que es muy rebelde. Y no se hace a esto.

Poco después asoma por la puerta con el hombre blanco llevando la consola.

Ya la estaban colocando en el suelo, cuando, de repente, le sorprendió, estremeciéndolo, ese sonido tan familiar y tan extraño que le carcomía la moral.
Advirtió algo alegre en ello y una nota hueca, atribuyéndola al hecho, cierto, de que las voces, los sonidos, allí se amplificaban. Ya lo había notado un rato antes, cuando sus pasos, al andar, adquirían una nota ampliada, llenando todo el espacio, como en la bóbeda de un templo. Este grito tenía reminiscencias nostágicas y rebeldes...

-¡Libre, libre, quiero ser! ¡Cabrón!



(seguirá, sin duda, poco más)


Tags: Relato, José Mª Amigo Zamorano, cuento, narración

Publicado por Senocri @ 22:11
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