Domingo, 07 de diciembre de 2008
(h) ¡La papa Pedrito! (*)

Esas palabras le llegaron de todas las partes. Se tapó los oídos para no oirlas. Pero se le habían metido tan adentro del cerebro que no podía quitárselas de encima.
Los que posaban en la tierra el mueble ni se inmutaron o lo hicieron mínimamente. Extrañábale su insensibilidad al que se parapetaba tras el árbol. Estuvo a punto de irse por donde había venido. Oido lo que había oido. No debería meterse en líos. Y es que ese hombre, con esa llave inglesa al cinto... le inquieta. Ramalazo de cobardía que le duró un solo instante.
Decide enfrentarse al misterio. Sale de detrás del refugio, e hinchando el pecho como un Quijote, se dirije hacia el blanco.
Este, levantándose del suelo, las piernas abiertas, brazos en jarras, manos cerca del cinto, le dice:


-¡Coño! ¿Ya de vuelta? ¿Ha visto lo que ha querido? ¿Le ha gustado?

-Si. Magnífico.

-Bueno, pues me alegro... mucho... porque estamos a punto de irnos.

-Una pregunta quisiera hacerle antes de que se fuera, si me lo permite...

-Pregunte usted. Si yo sé... le responderé con mucho gusto.

-¿No han oido algo fuera de lo común?

-No. ¿Por qué lo dice?

-¿De verdad no ha oido nada?... ¿Usted tampoco?... -dirigiéndose al negro.

-¿Qué teniamos que oir, señor?, -le respondió el que, al parecer, se llamaba N'Komo.

-¡Joder! O... yo me estoy volviendo orate o... ¡No y no! De loco nada de nada. He oido, bien clarito, quejarse a alguien y decir: 'Libre, libre, quiero ser' y 'cabrón'. Y como un grito prolongado. Como si protestara por algo...


Lo miraron con faz sorprendida y alegre. Y de repente,  mirándose entre ellos, se echaron a reir a mandíbula batiende. Con verdaderas ganas. Tantas... que los otros trabajadores acudieron a ver qué pasaba.
Luego, el blanco cuya cara, de la risa, se había tornado roja, ya calmado, le contestó:

-Es Pedrito que se ha escapado y anda gritando por ahí.

-Pero...


El hombre blanco lo mira. Echa mano a la llave. La saca de la funda. Y, alzándola con el puño en alto, gritó:

-¡Pedrito, la papa! ¡La papa, Pedrito! ¡Pedrito, la papa! ¡Aquí!

Y de la rama de un árbol vino a posarse en la llave inglesa el loro del amo: El loro Pedrito. A comer papa chillando de alegría.

-¡Libre, libre, quiero ser! ¡Cabrón!...  ¡Jajaja!...  ¡¿Este memo quién es?!...

...

FIN

__________
(*) Frase tomada del libro de Horacio Quiroga 'Cuentos de la selva'



Tags: Relato, José Mª Amigo Zamorano, cuento, narración

Publicado por Senocri @ 21:02
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Comentarios
Publicado por mujermentirayel
S?bado, 13 de diciembre de 2008 | 13:25
Muy bueno el cuento. Aunque ya sospechaba algo.