Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

CULTURA

'El soliloquio del rey Leopoldo', de Mark Twain

JACOBO VALC?RCEL

16/02/201

?El soliloquio del rey Leopoldo? (1905) es un mon?logo teatral de Mark Twain --seud?nimo de Samuel Langhorne Clemens (1835-1910) ?el padre de la moderna literatura norteamericana?-- en el que un personaje que representa al rey Leopoldo II de B?lgica (1835-1909) hace un resumen de las acusaciones contra ?l por las atrocidades cometidas en el ?Estado Libre del Congo? del que era el m?ximo responsable y se burla, c?nicamente, de ellas.

Este breve op?sculo (unas 25 p?ginas) es una cr?tica sarc?stica y demoledora del monarca belga y una denuncia de la obligaci?n que ten?an los Estados Unidos de ayudar al pueblo del Congo por ser en gran parte responsables de haberse dejado enga?ar por dicho rey.

En el escenario Leopoldo, excitado, y desafiante, con un crucifijo colgado al cuello, contempla con gesto hostil una majestuosa pila de panfletos y recortes de peri?dicos--las denuncias de la situaci?n del Congo realizadas por periodistas como Morel, misioneros como W.M. Morrison, A.E. Scrivener, W.H. Sheppard, c?nsules como el brit?nico Roger Casement, y varios escritores y poetas -de los que lee y comenta en voz alta algunos p?rrafos antes de tirarlos.

??Ah, si pudiera cogerlos por el cuello!? [Besa apresuradamente el crucifijo y murmura.]?En estos veinte a?os he gastado millones para mantener callada a la prensa de dos hemisferios, y aun as? sigue habiendo filtraciones. [?]Villanos? ?Lo est?n contando todo! S?, todo: c?mo peregrin? entre l?grimas por las grandes potencias, con la boca llena de Biblia y rezumando piedad por los poros de la piel, implorando que me nombrar?n su representante y me entregaran el vasto, rico y poblado Estado Libre del Congo para que acabase con el comercio de esclavos, detuviera las incursiones de los esclavistas y sacara de las tinieblas a esos veinticinco millones de bondadosos e inofensivos negros para conducirlos a la luz, [?] Est?n contando que Am?rica y trece grandes Estados europeos compartieron mis l?grimas, y se convencieron de mis palabras; que sus representantes se reunieron en la Conferencia de Berl?n y me nombraron Soberano y Superintendente del Estado del Congo, [?]??

?[?] ?Esos entrometidos misioneros americanos! ?Esos c?nsules brit?nicos tan sinceros! ?Esos oficiales belgas chivatos y traidores! Esos cansinos loros no paran de hablar y de decir cosas. [?] la verg?enza deber?a haberles hecho callar, pues con ello ponen en evidencia a un rey, una persona sagrada e inmune a todo reproche, en virtud de haber sido elegido y nombrado por Dios para ese gran oficio; un rey cuyos actos no pueden criticarse sin cometer blasfemia, puesto que Dios los ha presenciado desde siempre y nunca ha evidenciado ning?n desagrado alguno por ellos, ni los ha desaprobado, estorbado o interrumpido en modo alguno.?

?[?] [Sonr?e satisfecho y empieza a leer el Informe del reverendo americano W.M. Morrison, misionero americano en el Estado Libre del Congo.]?

?[?] Con toda seguridad, nuestro Gobierno nunca habr?a reconocido esa bandera de saber que quien ped?a el reconocimiento era s?lo el rey Leopoldo, de saber que estaba instaurando una monarqu?a absoluta en el coraz?n de ?frica, de saber que, tras acabar con la esclavitud africana en nuestro pa?s con tan alto precio en sangre y dinero, estaba estableciendo en ?frica una forma de esclavitud a?n peor.?

?[?] [Lee un pasaje de?Informe de un ?Viaje hecho en julio, agosto y septiembre de 1903, por el reverendo A.E.Scrivener, misionero brit?nico.?]?

?[?] Los rifles eran demasiado poderosos, as? que se sometieron e intentaron vivir lo mejor posible en esas nuevas circunstancias. Primero lleg? la orden de construir casas para los soldados, y eso se hizo sin quejas. Luego hubo que alimentar a los soldados y a los hombres y a las mujeres ?par?sitos todos ellos- que los acompa?aban. Despu?s les dijeron que les llevaran caucho. Eso era nuevo para ellos. Hab?a caucho en el bosque, a varios d?as de distancia de sus hogares, pero no sab?an que pudiera tener alg?n valor. Se ofreci? una peque?a recompensa y corrieron a por el caucho. ?Qu? raros son los blancos que nos dan telas y cuentas a cambio de la savia de un ?rbol silvestre.? Se regocijaron con lo que creyeron su buena fortuna, pero la recompensa fue reduci?ndose hasta que al final les ped?an caucho a cambio de nada. Intentaron oponerse, pero, para su sorpresa, los soldados dispararon contra algunos de ellos, y a los que quedaban en pie se les dijo, con muchos insultos y golpes, que fueran a por m?s caucho o matar?an a m?s personas. [?]?

Leopoldo contin?a hablando:

?[?] Se estremecen pensando en c?mo se ha reducido la poblaci?n del Congo, de veinticinco a quince millones durante los veinte a?os de mi administraci?n, y les dan arrebatos llam?ndome ?el rey con diez millones de asesinatos en el alma.? ?[?] Esa idea dispara su imaginaci?n, y ven al Hambre llegando al Congo al cabo de esos veinte a?os y postrarse ante m? para decirme: ?Ens??ame, Se?or, veo que s?lo soy un aprendiz. [?]?

?[?] Otro loco quiere construir un monumento para perpetuar mi nombre, usando como materia prima esos quince millones de cr?neos y esqueletos, y est? lleno de reivindicativo entusiasmo por tan extra?o proyecto. Lo tiene todo calculado y dibujado a escala. Con los cr?neos construir?a una combinaci?n de monumento y mausoleo que imitar?a con precisi?n la Gran Pir?mide de Keops, cuya base mide 233 metros de lado y cuya cumbre est? a 148 metros de altura. Desea disecarme y colocarme en lo alto de esta cumbre, con mi t?nica y mi corona, mi ?bandera pirata? en una mano y unos grilletes y un cuchillo de carnicero en la otra. Construir?a la pir?mide en el centro de una llanura despoblada, un lugar sombr?o y solitario cubierto de hierbajos y de humeantes ruinas de aldeas quemadas, donde los esp?ritus de los asesinados o los que murieron de hambre entonar?an por siempre su lamento en el susurro de las errantes brisas. De la pir?mide partir?an, como los radios de una rueda, cuarenta grandes avenidas de acceso, cada una de treinta cinco millas de largo, bordeadas a ambos lados por un esqueleto sin cr?neo cada metro y medio y unidos por cadenas y grilletes en las mu?ecas con mi sello personal: un crucifijo cruzado por un cuchillo de carnicero, con el lema ?por este s?mbolo, prosperamos, [?]?

?[?] [Estudia algunas fotos de negros mutilados y las tira al suelo. Suspira.]?

?La m?quina Kodak ha sido una dolorosa calamidad. De hecho, es el m?s poderoso de los enemigos. Los primeros a?os no ten?amos dificultades en hacer que la prensa descubriera que esas historias de mutilaciones eran libelos, mentiras, invenciones de misioneros americanos cotillas y extranjeros molestos al descubrir que la puerta abierta del Congo de Berl?n se les cerraba cuando iban a comerciar all?. [?] ?Y de pronto lleg? la cat?strofe! O sea, la incorruptible m?quina Kodak ?mandando la armon?a al infierno! Es el ?nico testigo que he encontrado en mi larga experiencia al que no puedo sobornar. Todos los misioneros yanquis y todos los comerciantes frustrados que devolv?amos a casa ten?an una, y ahora? Bueno, las fotos est?n en todas partes, pese a todo lo que hacemos para bloquearlas y destruirlas. [?]?

Twain, como intelectual honesto que fue, actu? siempre contra todo aquello que consider? humanamente indecente y, como puede verse por estos ejemplos, escribe una burla sangrienta, en el g?nero de humor sarc?stico que domina a la perfecci?n. Su texto se encuentra en ?La tragedia del Congo? Ediciones del Viento, 2010, junto a otros tres m?s de George Washington Williams (cl?rigo, historiador y periodista afroamericano), Roger Casement, (c?nsul brit?nico, y protagonista de ?El sue?o del Celta? de Vargas Llosa) y Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes).

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Publicado por Senocri @ 20:01
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Comentarios
Publicado por el_trampero
S?bado, 26 de marzo de 2011 | 19:25

El rey nombrado por Dios ... supongo que todavía así lo piensa el rey de España (al menos públicamente).

Bueno, también sé que muchos españoes nunca han pensado que Franco fuera dios.