Martes, 08 de marzo de 2011


??Ojal? la revoluci?n se acercara a los brocales de los pozo! De los pozos, si, de los pozos. All? van las mujeres de los poblados. All? se congregan. En busca de agua, claro. De 10 a 20. Intercambian ideas. Y sobre todo se afligen entre ellas. Cada moza desde su m?s tierna infancia, aprende que ese ser? su fin irremediable. Por lo menos, una buena parte de su vida.

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Esos pozos de siempre, hoyos de confraternizaci?n, de aut?ntica solidaridad, son, de alguna manera, el ?rbol de conferencias de las mujeres... Y muy frecuentemente donde sacan sus verdaderas preocupaciones: su salud, la de sus hijos, su respuesta ?ante un nuevo proyecto para el pueblo... Empero se encuentran all? muy pocas animadoras locales (se limitan a ir menudo a reuniones oficiales donde pocas veces acuden las mujeres m?s pobres) Y menos aun responsables de hidr?ulica que podr?an interrogarlas sobre la clase de mejoras que podr?an aligerarle la tarea dom?stica. Bastar?a, por ejemplo, con una decena de poleas sujetadas a buena altura...

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A la labor de acarrear agua se suma toda una serie de tareas que agregan al tiempo energ?a: corta y transporte de le?a, molienda de granos, preparar la comida y laboreo en los campos durante el invierno; a veces trabajos hortelanos en la estaci?n seca, sin olvidar las tareas del peque?o comercio, la limpieza de la choza... Todo lo cual parece tan cotidiano a las gentes del poblado que ni siquiera reparan en ello. Un joven jefe de cuadrilla burkin?s a quien nosotros le hicimos observar la dureza de las tareas de las mujeres contest?:

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-He visto siempre a mi madre y mis hermanas trabajar duro. No me preocupo por eso. Es normal.

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En Boromo, en la carretera que lleva al mercado, vemos carretas de burros guiadas por hombres, llenas de sacos de grano; y bicicletas con el portaequipajes sobrecargados de bultos conducidas por hombres o mozos j?venes. Y por la misma v?a, decenas y decenas de mujeres descalzas cargando sobre sus cabezas de 20 a 30 kilos de tomates por ejemplo, que llevan a vender al mercado...

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Hasta las propias mujeres entre ellas, oprimidas, como est?n, por todas sus obligaciones, terminan por decirse, tan acostumbradas a esta dura vida, que ese es su sino, una especie de fatalidad, la voluntad de Al?. Solo un regocijo: con la vejez hallar? la tranquilidad.

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En ?frica, las mujeres m?s ancianas, cuya etapa de fecundidad se fue (siempre que haya resistido esa existencia dur?sima), disfrutan de una 'relativa libertad', y muy a menudo liberadas del transporte de le?a, agua o de la molienda que sus hijas, nueras o coesposas m?s jovenes asumen en adelante-.

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-?Ay! -me dec?a una amiga joven burkinesa- es solo en el momento en que ya casi no son mujers, sino seres agotados, cuando tienen derecho a un poco de reposo.

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Perspectiva muy poco estimulante para las mozas del poblado. ?Cu?ntas de ellas sue?as con acarrear una vida menos penosa? Su ?nica alternativa: irse a la ciudad, luego, all?, solo desilusiones...

En otro orden de cosas, ?qu? piensan las campesinas de todas las actividades, marchas reivindicativas, participaci?n en la carga y transporte para construir escuelas..., a las que son invitadas por los comites populares o los CDR?

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-Nosotras estamos bien dispuestas a levantar el pu?o en las manifestaciones, pero al regresar a la casa no siempre hallamos medicinas para nuestros hijos... nuestros problemas subsisten.

En un pueblo, no lejos de Dedugu, un grupo de mujeres estaba encargado de sacar y transportar el agua del pozo -sin poleas- hasta la cantera del trabajo donde los hombres amasaban la tierra para hacer adobes con que construir la escuela del pueblo. Por cada 2 cubos que llevaban a la cantera, ellas se guardaban uno para sus necesidades familiares. Admirable espect?culo de un hermoso trabajo colectivo: las risas y los gritos de animaci?n se o?an por doquier. Sin embargo, ?ah sin embargo!, una vez terminado el acarreo, las mujeres continuaban extrayendo y transportando el agua de la misma manera.

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Muy pocos ni?os del poblado ir?n a la escuela: esta reservada solo para los mozos. Las mozas, por su parte, aprender?n humildemente 'la haza?a' de sus madres... Esta hermos?sima construcci?n colectiva de la escuela les deja un sabor amargo cuando entienden los cambios, las innovaciones, raramente en provecho de ellas. Las labradoras tiene ?la impresi?n de que la revoluci?n 'es para los otros': los hombres, las mujeres de la ciudad.?

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-Ellas albergan el sentimiento -me dec?a una animadora cultural de Diebugu- de ser pisoteadas desde que nacen hasta que mueren.

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Cuando repetimos esta frase en una conferencias debate realizada en la localidad cabeza de la provincia, un oyente (hombre, claro) enseguida se levant?:

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-Nosotros no tenemos consciencia de que pisoteemos a las mujeres... adem?s, tambi?n podr?amos preguntarnos si a ellas no les gusta que las pisoteemos...

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Y no es tanto la multitud de tareas penosas como las herramientas y medios puestos a su disposici?n lo que hace de las campesinas verdaderas bestias de carga. La tarea diaria de asegurar el transporte de agua, recogida de le?a y preparaci?n de la comida es, por si misma, un trabajo muy cansado que ser?a f?cil y poco costoso cambiar por una actividad soportable necesitada de mucho menos tiempo y energ?as. Para esto es imprescindible que las comunidades de los poblados y los servicios t?cnicos -hidr?lica, equipamiento- se tomen la molestia de ocuparse de este problema de aligeramiento de las tareas femeninas. Ser? el pr?logo necesario que permitir? a las labradoras, a las campesinas, participar, y plenamente, en las decisiones y las acciones de 'progreso' y combatir la desnutrici?n y mortalidad infantil; por consiguiente: contribuir a la supervivencia de su tierra. Si las comunidades y las administraciones se pusieran a la escucha de las campesinas, ?stas no ser?an consideradas como una masa, como un grupo de seres inferiores sin rostro, sin alma y sin voz.

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Una de las reuniones a las que asistimos en la capital abordaba los temas, los problemas, generales del desarrollo rural. Ninguna mujer hab?a sido invitada a ella. Como si las cuestiones 'serias', las del desarrollo, no se discutiesen m?s que entre hombres. A las mujeres se les dejan los problemas denominados familiares y de 'bienestar social': educaci?n alimentaci?n y salud de los ni?os. Por mas que el uno influya muy grandemente en el otro, ning?n engarce hay puesto entre estos dos tipos de problemas. Adem?s, las mujeres, con todas sus tareas en los campos y su experiencia, tendr?an muchas cosas que decir en asuntos agr?colas.

(*) T?tulo nuestro.?Traducci?n libre. El texto aparece en el libro 'Pour L'Afrique J'accuse' de Ren? Dumont en colaboraci?n con Charlotte Paquet.

Hay traducci?n del libro al espa?ol editada por Ediciones Jucar, 1989, con el t?tulo de 'En favor de Africa, yo acuso'.



Publicado por Senocri @ 19:49
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Publicado por el_trampero
Lunes, 28 de marzo de 2011 | 2:38

Acá la pavorosa migración de campesinos varones a Estados Unidos ha obligado a que las mujeres asuman reponsablilidades antes sólo encomendadas a varones. A corto plazo tienen más trabajo. A largo plazo veremos los frutos.